El brillo del silencio.

Coletas estaba sentada en el banco que había junto la fuente. Estaba muy quietecita escuchando el sonido del agua y observando a los pájaros que se acercaban a beber cuando apareció Tana.

–Hola coletas, hoy vengo un poco tarde –dijo sentándose a su lado — me he entretenido viendo un video de mi barrio.

–¿De tu barrio? –preguntó Coletas.

–Sí, lo han tomado desde un avión. Se ve todo muy pequeñito –dijo tana poniendo delante de sus ojos la yemas de los dedos pulgar e índice muy juntitas– Las personas van de un lado a otro como hormiguitas de colores. No sé que tiene, pero me gusta mucho mirarlo.

–Quizás, sea por lo que no tiene –dijo Coletas mirándola– ¿Notas si le falta algo?

–No — dijo Tana cogiéndose la barbilla con la mano– no se me ocurre nada… ¿Qué puede faltarle?

-La voz de Men –dijo Coletas.

–¿Men la parlanchina?

–Sí, la parlanchina. Ella es como un ordenador. Esta conectada a nuestros ojos y cuando miramos algo, sin que nadie se lo pida, suelta toda la información que tiene guardada en sus archivos. Nunca para de trabajar. La mayoría de las veces la información que da no sirve para nada, hace ruido y molesta, pero a ella la da igual. Desde lejos, como no distingue lo que ve, no dice nada. Creo que lo que te gusta tanto de ese video es el silencio de Men.

Coletas sacó de su mochila unos prismáticos.

–Mira por aquí –dijo.

–¡¡Unos prismáticos!! –dijo Tana– colocándoselos en los ojos–. Pero…¡¡Si es el mismo video!! La imagen se está acercando, ahora se ve muy bien a las personas.

Al mirar de cerca la escena. Men reconoció a las personas, y empezó a soltar toda la información que almacenaba en sus archivos sobre ellas y ahora esta información salía por la boca de Tana.

–Esa que está en el parque es mi amiga Julia comiéndose un helado y está con Macarena ¡Podían haberme avisado! Anda, pero si esa es la vecina del quinto que nunca saluda… Y esa me suena… pero… si esa es mi profesora de mates, la más gruñona que he conocido. Quítala, quítala de mi vista mañana tengo examen, no quiero ni pensarlo… Con esa niña del vestido rojo estoy enfadada desde la semana pasada…

Con los recuerdos de la voz , aparecieron emociones como el enfado con su compañera, la preocupación por el examen y la culpa por no haber estudiado a tiempo. Tana aparto los prismáticos de sus ojos.

–Verlo así no es lo mismo. Hay mucho ruido. La paz se ha ido –dijo Tana apenada.

– No se ha ido. Sigue ahí, pero el ruido de las palabras y etiquetas de Men no te deja sentirla.

–¿Cómo puedo hacer para no oír la voz de Men cuando miro de cerca? –dijo Tana mostrándole los prismáticos a Coletas ¿Se puede silenciar este aparato?

–Sí, se puede.  Si no le haces caso, la voz de Men desaparece y la escena se queda muda.

–¿Cómo se hace? ¿Dónde está el botón del caso?

——Ja, ja, ja –rio Coletas—El botón del caso está en tu mirada. Solo tienes mirar con mucha atención, y en cuanto aparezca la voz, la dejas decir todo lo que quiera, pero sin atenderla. Quédate muy quieta. Siente la respiración del espacio en tu cuerpo, fíjate en la luz, en los contornos, en los colores… entonces la voz dejará de sonar.

Parece fácil —dijo Tana ¡Voy a probar!

Tana se puso lo prismáticos e intento hacer lo que le dijo Coletas pero Men era muy lista y la entretenía con sus charlas llevándola de un lado a otro sin parar: Cuando la vea le voy a decir… en cuanto llegue a casa me tengo que poner a… no voy a ser capaz de… es que Julia… estoy agobiada tengo muchas tareas… no me va a dar tiempo a …

–No puedo callarla –dijo tana un poco decepcionada después de varios intentos sin conseguirlo.

—Inténtalo más veces, acuérdate de la rana, no importa como te salga, todos los intentos son necesarios para conseguirlo –le dijo Coletas.

Tana lo intento una vez más, sin esperar ningún resultado y entonces ocurrió. Miró por los prismáticos otra vez, poniendo mucha atención en los detalle. Las hojas de los árboles se movían con la brisa, dejando pasar la luz entre ellas, los bandos de gorriones jugaban y se perseguían volando de un árbol a otro. Un gato paseaba despacito por los tejados. Entre las flores, las abejas zumbaban alegremente propagando los granos de polen por el aire y ellas trataban de atraerlas gritándoles sus colores y su perfume. En la plaza los niños jugaban con una pelota, algunas personas caminaban, otras sentadas en los bancos, tomaban el sol en silencio, otras observaban a las palomas que andaban por el suelo buscando migas de pan…

La voz de Men tardo tres segundos en aparecer. Esta vez no la pillo desprevenida, la estaba esperando y como le dijo Coletas, la dejo hablar. Tana se concentró en la respiración, en las imágenes en sus formas, en sus colores… y la dejó parlotear sin prestarle atención, como si todo lo que decía fuesen tonterías. Al dejar de prestarle atención, la voz se apagó dando paso al silencio y durante unos segundos, la escena brilló iluminada por la propia luz de sus ojos y una paz inmensa lleno su cuerpo.

Cuando el video terminó Tana se quito los prismáticos. Y después de unos minutos dijo:

–¿Sabes Coletas? Cuando Men se calla, todo brilla.

–Es el brillo del silencio –dijo Coletas sonriendo.

–Me gustaría ser una experta callando a Men –dijo Tana muy contenta por el descubrimiento de la nueva forma de mirar– ¡voy a seguir practicando!

—Debería existir un botón para callarla. Por ejemplo, en la nariz… –dijo Coletas apretándosela con el dedo— Te imaginas Tana…

Ja, ja, ja, ja, ja, las risas de las niñas, que se habían levantado del banco y bajaban corriendo por el camino del huerto, se sumaron a los trinos de los pájaros y al sonido del agua de la fuente sin romper el silencio de la tarde.

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