el duende y su espacio

-Hola Coletas -gritó Tana desde la puerta.

-Hola Tana, ¿de dónde vienes tan contenta?.

-De ordenar mi cuarto -contestó Tana.

-Ahora lo entiendo.

-¿Qué entiendes Coleta?

-Tu buen humor. Atender  y cuidar todos los rincones de tu espacio es muy importante y necesario para encontrarse bien.

-¿Crees que mi alegría viene de ordenar mi armario?

-Mejor te lo cuento

Entonces Coletas sin más empezó a contar su cuento.

-En este bosque encantado vive una colonia de duendes, Cada duende vive en su cueva excavada entre las raíces de los árboles. Viven muchos años y son muy felices, su mundo es un paraíso. Durante la noche salen a pasear y a hacer sus recados, y al llegar el día vuelven a su casa.

Había un duendecillo que no cuidaba ni atendía su casa;  con el tiempo llego a estar tan sucia y desordenada que el duendecillo nunca quería estar en ella. En cuando llegaba la noche  salía corriendo e iba de casa en casa pidiendo que le dejasen estar allí. Muchos duendes se apiadaban de él y lo dejaban pasar algunos ratos en su casa pero al llegar el día tenía que volver a su fría casa. El duendecillo estaba cada día más triste. No me gusta mi casa decía a todo el mundo. Las de los demás son mucho mejores. En mi cueva hace mucho frio, es fea y me aburro. Se pasaba todo el día quejándose. Muchos empezaron a cansarse de él y hacían lo posible por evitarlo, otros dejaron de llamarlo y lo olvidaron, otros por pena lo invitaban a pasar en sus cuevas algunos ratos, pero esto no solucionaba el problema, pues cuando llegaba a su cueva volvía a sentir frio e incomodidad. Estaba tan triste que apenas tenía energía y  no sabía qué hacer. Para estar mejor, tan solo se le ocurría salir de su cueva y pasar en ella el menor tiempo posible. Su cueva, totalmente abandonada, cada vez estaba peor y ya tenía grietas por donde entraba el viento y la lluvia. “Pobrecillo”, decían los que lo conocían, “da mucha pena”. Nadie sabía cómo ayudarlo, algunos habían intentado limpiar y ordenar su casa pero a los pocos días estaba otra vez sucia. A veces hablaba mal de los que intentaban ayudarlo y los culpaba de su tristeza. Llegó un día en que no le quedó nadie a quien visitar, cuando anochecía no sabía dónde ir, pues todos estaban muy cansados y no le abrían las puertas de sus casas. Estaba solo y muy triste. Miró a su alrededor y pensó quizás pueda arreglar un poco mi casa. Se levantó y empezó a limpiar muy despacito, cuando terminó se dio cuenta de que estaba mejor. Al día siguiente se levantó con ganas de seguir arreglando su espacio y poquito a poco fue colocando cada cosa en su lugar, tapando grietas y limpiando los rincones hasta que un día se dio cuenta de que su espacio se había vuelto un lugar muy bonito y que ya no tenía necesidad de visitar otros para encontrarse bien. “¡Qué bien estoy en casa!” exclamó. Ahora salía contento a visitar a otros duendes, ya no se quejaba de su cueva, ni culpaba a nadie, estaba tan contento en ella que algunas veces elegía no salir. Cuando dejó de necesitar estar fuera, otros duendes empezaron a ir a buscarlo y a visitarlo en su agradable casa y volvió a tener muchos amigos.

-Me ha gustado tu cuento Coletas al final el duende dejó de quejarse y se hizo responsable de su casa.

-Aquí en nuestro mundo cada uno debemos cuidar de nuestra casa; el espacio en el que vivimos.

-Pero no podemos estar todo el día limpiando y ordenando la casa -dijo Tana- eso es muy aburrido.

-Ja, ja -se rio Coletas.  En nuestro espacio hay muchas cosas. Lo más cercano es tu armario; el armario está en tu cuarto, tu cuarto en tu casa, tu casa en tu barrio, tu barrio en tu ciudad… y también hay muchas personas dentro de tu espacio: tus padres, tus amigos, tus profesores debes respetarlos a todos y no aburrirlos con quejas y enfados. Tu espacio es tu mundo y tu mundo es tu responsabilidad.

-Uff pues sí que es grande nuestra casa/espacio, no sé si podré con todo.

-Sí puedes, todos pueden. El truco es empezar por lo más pequeñito, lo más cercano; nuestro armario y nosotros mismos, cuidándonos ordenándonos con mimo, paciencia y amabilidad. Un día cuando has conseguido el primer pasito, observaras que ese orden y ese cuidado se ha extendido a todo tu cuarto y más tarde a tu casa y a las personas que hay en ellas, y un día observaras que el hábito  también afecta a tu barrio, tu  ciudad; ya no tirarás papeles al suelo, serás amable, sonreirás a tus vecinos, profesores… y luego ese cuidado que empezó en el centro de tu espacio, en ti y en tu armario,  se irá haciendo más y más fuerte y más grande y alcanzará a muchas personas y llegará todos los rincones de tu espacio inundandolo todo como la luz o el agua.  Tu espacio será bonito y contagiará a otros, y cuando todos mimemos nuestro espacio como los duendes, el mundo se transformara en un paraíso  lleno de espacios maravillosos donde todos viviremos felices.

– ¿Cómo será ese Paraíso?

-No lo sé, pero creo que merece la pena intentar averiguarlo, ¿no crees Tana?

2 Comentarios en “el duende y su espacio

  1. Esta historieta tiene un transfondo muy bueno y sencillo de aplicar,si todos nos aplicáramos el cuento tendríamos tanto q arreglar en nuestras vidas q no nos parariamos en arreglárselas a los demás.
    Esta autora me encanta!!

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