El enjambre

Tana y Coletas paseaban por la sierra buscando nidos entre las ramas altas de los arboles cuando Tana observó que de una de ellas colgaba una especie de estructura obscura con forma de balón de rugby.

-Qué es eso –preguntó señalándolo con el dedo.

-Es un animal sin vida –respondió Coletas.

-Que le pasó.

-Pues la historia es muy curiosa ¿quieres oírla?

-Claro, sentémonos a descansar  un poco aquí, quiero escucharla.

Pues este animal, llamado enjambre,  hace unos años estaba sano y fuerte sus  miles de partes, que eran abejas, tenían asignado un trabajo determinado que cumplían todas y cada una por separado a la perfección.

-¿Abejas? Entonces, eran muchos animales pequeñitos.

-No, parecían muchos, pero en realidad era uno. Todo lo hacían como una unidad por el bien de todas pues era la única forma de vivir. Unas salían a recolectar, otras cuidaban a las larvas y a su reina, otras vigilaban, otras buscaban los mejores prados…

-Como los órganos de mi cuerpo que estoy estudiando ahora en el cole, cada uno tiene una función para mantener sano al cuerpo –interrumpió Tana.

Asi es. Pero un día llego una abeja de fuera con nuevas ideas de hacer las cosas, y con un discurso muy convincente, empezó a dividir el panal en bandos con fronteras. Las más jóvenes y fuertes ocuparon la mejor parte y le dejaban muy poco espacio a las más débiles. Así es mejor argumentaba; es justo que las que más trabajen tengan más beneficios. También decía que algunos trabajos eran más importantes que otros y cosas así con las que creaba cada día nuevas diferencias entre ellas. Después de estos cambios, los distintos bandos formados, entraron en conflicto y competiciones por las flores, el agua, el espacio y otras miles de cosas que querían disfrutar ellos en su propio beneficio. Con todo eran conflictos en el exterior, descuidaron la alimentación y el cuidado de la reina y de las abejas obreras que trabajaban en el interior para que el enjambre siguiera vivo, y cada día que pasaba se deterioraba un poco más. Así, la reina debilitada por su mala alimentación, poco a poco dejo de poner huevos y cada vez salían menos abejas  nuevas y en pocos años el enjambre envejeció y murió.

Coletas  le conto que todo esto se lo había contado el doctor que certificó la muerte del enjambre por olvido múltiple de identidad.

-Que enfermedad tan rara, pobre enjambre –dijo Tana.

-Sí, es una enfermedad muy grave vivir como muchas separadas, cuando todas son una misma. No se puede.

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