El fresno sin conexión.

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-El fresno sin conexión.

Era un bonito día de primavera, Tana y Coletas caminaba con sus mochilas a la espalda dirección al río. Ese día Coletas le había propuesto a Tana ir hasta allí, porque era primavera, y los nenúfares y los juncos con sus lirios amarillos, adornaban el río poniéndolo especialmente bonito.  Además, los pájaros están muy cantarines añadido, sabiendo que a Tana le gustaba mucho oírlos.

Al llegar, pasearon por su orilla, había parejas patos nadando en pareja como novios. También vieron algunas tortugas tomando el sol en las piedras y a peces saltar fuera del agua. Los pájaros, que andaban muy ocupados haciendo sus nidos entre los juncos, árboles y matorrales de la orilla, volaban de un lado a otro sin parar con ramas en sus picos. Coletas, le presentó unas gallinas nadadoras, que vivían en el río, muy simpáticas. Había tanta actividad, y tantas cosas que ver que se les paso la mañana sin darse cuenta.

―Este es un buen sitio para descansar y tomar el bocadillo ―dijo Coletas parándose bajo las ramas de un gran fresno.

―Sí, ahora que lo dices tengo hambre―dijo Tana.

Las dos niñas extendieron una manta bajo las ramas del fresno, entre las que se colaban algunos rayitos de sol. Sacaron sus bocadillos y después de comer se tumbaron boca arriba.

―¿No te parece que este fresno está un poco triste?, Sus hojas no brillan, parece temblar ―dijo Tana.

―Creo que está enfermo, se queja mucho.

―¿Cómo lo sabes?

Entonces Coletas sacó de su mochila una trompetilla de esas que usaban los abuelos.

―Toma, escucha por aquí ―dijo Coletas alargándole la trompetilla.

―¿Es otra de tus herramientas mágicas? ―preguntó Tana.

―Sí, con ella escucharas a los árboles, los pájaros…―pruébalo.

Tana se puso la trompetilla en la oreja rápidamente.

Lo primero que oyó fue un saludo con voz chillona.

―»¡Hola!»

―¿Quién me saluda? ―dijo Tana, incorporándose a mirar.

―No es a ti, esa pequeña seta-―dijo señalando al tronco del árbol― está saludando al fresno.

―¿Una seta saludando a un árbol?, que emocionante ―dijo Tana llena de curiosidad y nervios.

―Tú solo escucha ―dijo .

La seta tenía una voz chillona y alegre, era muy blanquita y pequeña, y hablaba desde una oquedad a media altura del tronco. Las dos niñas se quedaron muy quietas para escuchar lo que decía.

―¡¡Holaaaaa!! ―volvió a gritar la seta esperando una respuesta. Soy el doctor.

―¡¡Lo que me faltaba una seta!!» ―dijo el fresno entre dientes― ¿Qué enfermedad me traerá? Seguro que se me caen las hojas, y se secan mis ramas,  mejor ni miro.

―No será para tanto señor fresno ―respondió la doctora seta―que lo había oído todo―  solo soy una setita de nada. Me han dicho que no se encuentra bien, cuénteme ¿que le ocurre?

―¿Acaso nos conocemos de algo? Yo no lo he llamado. No hablo con desconocidos ―respondió el fresno muerto de miedo.

―Claro que nos conocemos, nos hemos visto en la China y en Australia, en la Pampa y en hasta en Pekín…

―Creo que te está equivocando, yo nunca he estado en esos lugares ―dijo el árbol cortando el discurso de la parlanchina seta.

―Ja, ja, no trates de engañarme, eres tú, te reconozco. Viajo mucho, he recorrido el mundo entero, y en todos los lugares que he visitado estás tú.

―No sabía que los árboles viajaran tanto ―dijo Tana dirigiéndose a Tana y retirando la trompetilla de su oreja.

―Para la seta solo existe un árbol con una inmensa raíz y muchas ramas diferentes que salen a la superficie por todo el mundo, por eso dice que lo ha visto en tantos sitios.

―ahhhh―dijo ―y volvió a colocarse la trompetilla para escuchar al árbol que seguía hablando.

―…estás muy confundida ―“¡lo que me faltaba! Una  seta loca, seguro que me pega la locura. Debe ser de esas raras que provocan alucinaciones” pensó―. Soy un fresno, un árbol de sombra y vivo en este río, nunca me he movido de aquí.

―Jajajaja ―se río la seta― ¿Me estás gastando una broma?

―¿De qué te ríes? ―dijo el árbol en un alarde de valor y bastante molesto― no tengo tiempo para bromas, tengo muchas preocupaciones.

―¿Preocupaciones? ―dijo la seta― ¿qué es eso?

―¿Acaso crees que cuidar de las ramas, y de todas mis hojas es fácil? ―dijo el árbol.

―Sí, creo que es muy fácil, solo tienes que dejarlas bailar con el viento y refrescarse con el agua de la lluvia ―respondió la seta.

―Para bailes estoy yo ―dijo el árbol mirando para otro lado. Dando a entender que no quería seguir escuchándola.

―Está muy mal ―dijo la seta dirigiéndose a Coletas―veremos qué puedo hacer.

―Sí, lleva varias semanas quejándose mucho, por eso la llame.

La doctora seta sacó un libro gordo de su maletín. Árbol  enfermo con miedo y preocupaciones… decía mientras buscaba por sus páginas

―¡Ya lo tengo! Coletas. Creo que es un caso de pérdida de memoria agudo por desconexión. Existen muy pocos casos como este, pero creo que tiene todos los síntomas, de todas formas me asegurare antes de intervenir. Volveré a hablar con él.

―Creo que sé lo que le pasa.

―No me pasa nada.

―Creo que te has desconectado. Quizás tenga que operar.

―¿Operar?, déjame trabajar, no estoy aquí de vacaciones, soy un árbol, te repito que tengo mucho trabajo y muchas preocupaciones

―No tienes que preocuparte ―insistió la seta― Todos los arboles de la tierra están unidos a ti, no tienes nada que temer.

―Sí tengo que preocuparme, solo dices tonterías. Solo soy un árbol. Estoy solo. ¿Acaso no lo ves? -dijo muy enfadado.

Esto confirmo el diagnóstico de la seta.

―Ahora vuelvo, creo que sé dónde está el problema, ―dijo desapareciendo por el tronco en dirección a las raíces.

Cuando llego a la raíz comprobó que su diagnóstico era cierto, cogió la más gorda y la conecto a la red de árboles del planeta.

Arriba, se hizo un gran silencio y empezaron a caer todas las hojas de sus ramas al suelo como si fuesen lágrimas.

―¿Le pasa algo? ―preguntó Tana asustada

―Nada malo. Se acaba de conectar, ya no tiene miedo, ahora sabe quién es.

Como por arte de magia sus ramas empezaron a cubrirse otra vez de hojas, y rápidamente comenzaron a bailar con la brisa que repentinamente se levantó aquella tarde en la orilla del río.

―Problema solucionad ―dijo la seta asomando por el tronco. ¿Se encuentras mejor?

El árbol contesto con una inmensa sonrisa, la seta también sonrió.

―Creo que ya está curado Coletas, si me necesitas llámame ―y despidiéndose desapareció por las raíces.

Tana se quitó la trompetilla y dijo:

―Gracias Coletas, me ha gustado mucho esta trompetilla,  espero que me la preste más veces.

Se despidieron con un abrazo del árbol, recogieron la manta, doblándola entre las dos y se pusieron en marcha de vuelta a casa charlando por el camino.

―Qué bien lo hemos pasado, tendremos que volver otro día a visitarlo…

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