El paraíso de juegos

 

―Coletas, ― preguntó Tana― ¿Por qué los mayores están siempre serios?

―No sé, a lo mejor les paso como a los personajes de una historia que conozco.

―¿Qué les paso a esos personajes?

―Se olvidaron de jugar.

―¿Cómo ocurrió?.  ¿Me lo cuentas?

―Claro que sí Tana.

Coletas se quitó una pulsera de aro que llevaba puesta, y la puso encima de la tierra. Tana la escuchaba atentamente.

― En esta pulsera ocurre toda la historia.

―¿Dentro de una pulsera? Vaya historia rara ―dijo Tana

―¿Entonces, no quieres oírla?

―Sí, pero no sé qué puede pasar en una pulsera.

―Pues escucha y veras.

―Un día el Dios que vivía en esta pulsera creo un paraíso para jugar dentro de su reino.

―Dame tu anillo ―pidió Coletas a Tana.

Tana le dio su añillo y Coletas lo puso en un rinconcito dentro de la pulsera y dijo:

―Ese es su paraíso de juegos mágico―dijo señalando el anillo dentro de la pulsera.

―¿Porque es mágico?

―Porque dentro él se observaba convertido en miles de millones de personajes diferentes con el único propósito de jugar entre ellos.

―Serán muy pequeñitos.

―Como puntas de alfiler

―¿Dices que todos los personajes son él mismo?

―Sí, debajo de cada disfraz estaba siempre él.

―Pues se ha hecho un montón de disfraces para jugar.

―Sí, eso parece.

―Empieza a contarme la historia ya Coletas ―dijo Tana impaciente.

Coleta comenzó su increíble historia:

El cuarto de sus juegos era un inmenso jardín con ríos, mares, montañas, animales de todas las especies inimaginables y plantas de todas las formas, colores y tamaños.

―Parece bonito el cuarto de juegos que se ha creado ―dijo Tana imaginándose el lugar.

―Solo tenía un pequeño problema, estaba prohibido dejar de comportarse como niños. Al principio todo era muy bonito― continuo Coletas― todos los personajes eran niños y jugaban todo el tiempo sin ningún problema, como juegan los niños, sus enfados duraban unos segundos, y convivían con las plantas y los animales. Pero a medida que fue avanzando la historia, los personajes, pasaron de ser niños a ser adolescentes. Su inteligencia crecía con ellos, y hacía grandes descubrimientos. Poco a poco se fueron diferenciando y alejando de los animales y plantas, se creyeron superiores y se olvidaron de quien eran y de cuál era su único propósito.

―¿Se olvidaron de que estaban jugando en su paraíso mágico?

―Sí, y fue entonces cuando apareció un nuevo personaje en forma de voz en su cabeza. Esa voz era muy peligrosa pues los hacia comportarse como mayores y eso podía traer muchos problemas al paraíso, pues como te explique, este había sido diseñado para jugar y los mayores nunca tienen tiempo para eso.

La voz no paraba de sonar ni un momento y como no recordaban nada, muchos le hicieron caso. Así poco a poco muchos empezaron a comportarse como mayores y estos iban contagiando a otros,  hasta que sin darse cuenta, todos en el jardín dejaron de jugar y se comportaban como los mayores; pasaban todo el día trabajando y corriendo de un lado a otro sin tiempo para nada más.

La voz cada vez era más fuerte y todos la obedecían. Esta gobernaba en el paraíso desde sus propias cabeza. les dictaba sin parar a cada uno lo que estaba bien y lo que estaba mal y los hacia enfrentarse entre ellos para imponer sus propias opiniones creando fuertes discusiones. El anillo de juegos, dirigido por la voz, se convirtió en un campo de batalla del que salía un ruido infernal que dejaba claro que el paraíso de juegos no era para adultos: “Yo tengo la razón” “Me has hecho daño” “Déjame en paz” “lo estás haciendo mal” y muchas frases como estas, con las que se culpaban y juzgaban unos a otros, salían del anillo.  Se hacían mucho daño, incluso entre hermanos y amigos. A pesar de ello, se producían grandes inventos y progresos técnicos que hacían que se sintieran cada vez más poderosos.

―De nada les sirve ser tan listos si no saben quererse y dejar de discutir. El juego se está poniendo un poco feo. Los mayores no saben jugar, lo han estropeado todo.

―Así es Tana, pero por suerte, en el anillo quedaban algunos personajes que no obedecían a la voz. Estaban distribuidos por todo el jardín y todos los conocían o habían oído hablar de ellos. Estos personajes, los animaban a  volver a ser como niños, pero nadie los entendía, y eran tratados por muchos de raros, locos y vagos.

―Como a los niños, nadie nos hace caso, los mayores siempre mandan.

―Pasaba el tiempo ―continuo Coletas― y el paraíso iba a peor. Los personajes, era tan poderosos como infelices. Había muchas guerras y conflictos por todas partes. Muchos de los personajes se preguntaban, cómo siendo tan inteligentes se hacían tanto daño, y temían que ellos mismos acabasen destruyéndose. Tratando de poner paz , algunos crearon sitios para castigar a los más violentos, y organizaciones para proteger a los débiles; pero nada de esto parecía acabar con la injusticia, la violencia y los conflictos entre ellos. Estaban muy ocupados apagando todo tipo de conflictos y otros nuevos aparecían e incluso algunos que creían haber sofocado volvían a prenderse.

―Hay que volver a ser niños ―dijo Tana― el cuarto de juegos está a punto de explotar.

―Esta era la única solución. La voz era tan incómoda y creaba tanto sufrimiento, que algunos personajes mayores, cansados de luchar y viendo que sus acciones no daban resultado, empezaron escuchar a los pocos personajes que quedaban siendo niños. Sus palabras daban mucha paz. Poco a poco se corrió la voz y se hicieron muy famosos, cada vez más personajes los escuchaban y los seguían, y como por contagio, uno tras otro, dejaron de obedecer la voz de su cabeza y volvieron a comportarse como niños. Ya no querían imponer sus opiniones ni querían tener razón, solo querían jugar. Y así fue como desaparecieron todos los conflictos y el anillo volvió a ser el paraíso de juegos original donde todos los días eran una gran fiesta.

―¿Y qué paso con la voz?

―Desapareció para siempre.

―Crees que si los mayores de la tierra jugaran más y trabajaran menos seriamos todos más felices?

―Creo que sí.

―Adiós Coletas, voy corriendo a contarle este cuento a mi papa.

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