El sueño.

 

Hormigas

 

Coletas, sentada en un banco junto a la puerta de entrada al jardín, observaba el ir y venir de las hormigas de un hormiguero que tenía una de sus entradas justo debajo de su asiento.

―¡Hola! ―dijo Tana atravesando la puerta.

―¡Hola! ― respondió Coletas levantando la vista del suelo para saludarla.

―¿Qué estabas  mirando? ―preguntó Tana

―Estoy viendo cómo trabajan estas hormigas.

―Son muy listas. Las he estudiado en el colegio ― dijo Tana mirando el hormiguero sentada junto a Coletas.

―¿Y qué te han contado sobre ellas?

―Que son muy trabajadoras y están muy organizadas.

―Es verdad.

―También me han contado que en cada hormiguero hay una sola madre ―continuó Tana.

―Sí, todas son hermanas.

―¡Es verdad, no había caído en eso! ―exclamó Tana― Me gustaría tener tantas hermanas como tú ―le dijo a una hormiga.

―Conozco un cuento en el que un príncipe desea tener muchos hermanos, y su padre que es un rey muy poderoso le concede el deseo.

―¿Y qué pasó? ¿Me lo cuentas?

―Claro que sí, Tana.

Coletas se incorporó y empezó a contar su curioso cuento. Tana la escuchaba atentamente.

―Primero te presentare a los dos protagonistas principales: un rey tan grande y poderoso que no podemos alcanzar a ver con nuestra vista, ni a percibir con nuestros sentidos, ni a comprender con nuestra inteligencia y su único hijo.

En el reino infinito de este gran rey todo era amor y  solo se respiraba paz.

Un día su joven hijo tuvo un sueño, donde él mismo se vio dividido en millones de personajes que se relacionaban entre ellos como hermanos.

El escenario de este sueño era un inmenso jardín lleno de montañas, de ríos, de todo tipo de rocas y de toda clase de animales y plantas con frutos sabrosos.

Él sabía que había un lugar en la superficie del reino del que casi nunca se hablaba, lejos de su padre, donde los sueños podían proyectarse; así que un día fue a hablar con él.

―He tenido un sueño y quiero crearlo. Necesito tu permiso para alejarme de ti e ir al lugar del reino donde los sueños se proyectan.

El padre, que no podía decirle no a su hijo, le dio su aprobación. No obstante, conociendo la creatividad, la inteligencia y la perfección con la que su hijo había construido su sueño le dijo:

―Recuerda que corres el riesgo de enamorarte de tu propio sueño y olvidar quien realmente eres.

―No temas, eso no pasará papa, te visitare frecuentemente ―le contesto muy seguro el joven hijo.

El padre le dejó partir tranquilo.  Sabía que su hijo estaba seguro, pues nada podía ocurrirle dentro de su reino. “De todos los sueños se termina despertando” pensó viéndolo marchar.

El hijo partió muy de mañana, y una vez en los confines del reino de su padre, proyectó su ilusión soñada sobre ese lugar mágico y especial. En la proyección apareció en primer lugar el escenario; un inmenso jardín con ríos, mares, montañas, animales de todas las especies inimaginables y plantas de todas las formas, colores y tamaños tal y como él con su inmensa creatividad había soñado.

Lo miro y pensó que el reino soñado era digno de un príncipe como él. Después de un rato observando su creación, eligió a la humanidad para reinar desde ella en su precioso sueño. La buscó por todos los rincones del jardín; en selvas, montañas desiertos y valles,  y vio que todos eran perfectos tal y como él los había soñado.

Entonces saltó dentro del sueño, y dividiéndose en millones de pedacitos se colocó en el corazón de cada ser humano que poblaba el jardín de su reino.

El hijo del rey estaba muy contento, pues se había cumplido su deseo de vivir su propio sueño, donde se percibía rodeado de miles de hermanos. Un solo rey reinado en unidad desde todos y cada uno de los corazones del gran protagonista; la humanidad.

―Espera coletas. No sé si he entendido bien, el protagonista humanidad contiene millones de personajes de todas las razas y cada uno vive en un lugar distinto dentro del jardín.

―Sí, has entendido bien.

―¿Y detrás de cada humano está el hijo del rey?

―Sí, eso es Tana, has entendido muy bien.

―¿Cómo puede estar en todos los sitios a la vez?

―En los sueños todo se puede Tana.

―¡Es verdad! Había olvidado que solo era un sueño.

―Al principio, el sueño, proyectado era muy dulce. El protagonista humanidad, aunque se percibía separado y diferente, desde su corazón se sentía uno, sabía que estaba soñando y distinguía muy bien su ilusión de la realidad.  Con frecuencia todos los personajes acudían desde todos los rincones del reino soñado, al reino real de su padre, donde estaba su verdadero hogar y donde alimentaban su sentimiento de unidad, que les hacía amarse incondicionalmente dentro del sueño.

Así pasó mucho, mucho tiempo. Las personas eran pasajeras, nacían y desaparecían después de un tiempo surgiendo otras en su lugar,  las nuevas aprendían de sus mayores desde niños a distinguir lo real de la ilusión soñada.  El Padre estaba muy contento pues su único hijo dividido estaba soñando despierto y recordaba su origen. Todo era paz y armonía en los dos reinos.

―No entiendo muy bien Coletas, explícame eso de soñar despierto.

―Es cuando sueñas, sabiendo que estas soñando, ¿nunca te ha pasado?

―No, nunca, pero debe ser muy guai sobre todo cuando el sueño es de miedo.

Coletas rio y siguió con su relato. ―A medida que fue avanzando el sueño, el rey humanidad, pasó de ser un bebé a ser un adolescente. Su inteligencia crecía con él, y con ella hacía grandes descubrimientos. Poco a poco se fue diferenciando y alejando mucho del resto de los personajes como animales y plantas.  El rey humano estaba siempre muy ocupado en su reino, distraído con su intelecto haciendo miles de descubrimientos nuevos, que absorbían toda su atención no dejando lugar para visitar a su padre.

Llego un tiempo, en el que después de varias generaciones sin visitar a su padre, casi todos los personajes de la humanidad repartidos por el jardín, se habían olvidado de él, y ni los más ancianos recordaban el origen de todo. Cayeron en las profundidades del sueño y creían que era la realidad. Estaban muy perdidos, se preguntaban quiénes eran, pues se percibían solos y separados y tenía mucho miedo.

Fue entonces cuando, en respuesta a sus preguntas, apareció un nuevo personaje en forma de voz en el sueño llamado el Divisor,  y de un salto se colocó en la cabeza de todos los personajes de la humanidad.

Desde la cabeza de cada uno, esta voz contaba una historia diferente de lo que ocurría en el reino a cada personaje, esto hacía que se enfrentaran unos con otros, pues, todos querían tener razón y defendían lo que les dictaba el divisor de su cabeza como la única verdad. En esta etapa del sueño el rey humanidad, pasó de reinar en unidad desde el corazón, a reinar dividido obedeciendo la voz de su cabeza.

-Qué lío Coletas,  tantos reyes y cada uno con una voz diferente así es imposible ponerse de acuerdo era más fácil cuando reinaban desde el corazón.

―Si la verdad es que era todo muy loco. El hijo del rey había olvidado que era único, solo escuchaba a su voz y estaba discutiendo con él mismo sin saberlo.

―¡Pues vaya sueño! tener hermanos para discutir con ellos, sígueme contando Coletas que está muy interesante.

Pasaba el tiempo y en el reino se producían grandes progresos, y a medida que era más inteligente y avanzado más conflictos y enfrentamientos surgían entre sus personajes. El divisor desde la cabeza de estos, le dictaba a cada uno por separado continuamente lo que estaba bien y lo que estaba mal. Cada personaje tenía una opinión diferente de lo que ocurría en el sueño y una identidad diferente, discutían continuamente defendiendo sus propias opiniones e identidades, se hacían mucho daño incluso entre hermanos y amigos. Era una locura. Todos querían mandar, tener la razón e imponer su punto de vista como el único y verdadero. También había divisiones por grupos grandes, y mientras más grande eran los grupos que se enfrentaban, más grande era el daño que se causaban a ellos mismos, a las plantas, los animales y a todo el jardín.

El padre, que sabía lo que podía pasar mandó varios emisarios al reino de su hijo para que le recordara quien era. Los distribuyó muy bien por todo el jardín para que su mensaje llegara a todos los rincones.

Estos personajes humanos mandados por el mismo padre, hablaban continuamente de él, y les recordaban a todos los humanos quienes eran en realidad y cuál era su verdadero hogar, y que el daño que le hacían al otro se lo estaban haciendo a ellos mismos,  pues, eran uno. Se hicieron muy famosos, perduraron en el tiempo y no había ni un solo humano en todo el jardín que no hubiera oído hablar de ellos, pero nadie los entendía, y eran tratados por muchos de raros y locos.

-Todos los tomaban por locos y resulta que eran los únicos cuerdos. En el sueño está todo al revés. Sigue contando Coletas.

―Como ya te he dicho―continuo Coletas― en este punto el sueño parecía más bien una pesadilla. La humanidad, era tan poderosa como infeliz. Había muchas guerras y conflictos abiertos por todas partes del escenario. Muchos de sus personajes se preguntaban, cómo siendo tan inteligentes se hacían tanto daño, y temían que ellos mismos acabasen destruyéndose.

Desde su locura, lo personajes trataban de poner paz en el sueño creando sitios para castigar a los más violentos, y organizaciones para proteger a los débiles; pero nada de esto parecía acabar con la injusticia, la violencia y los conflictos entre ellos. La humanidad estaba muy ocupada apagando todo tipo de conflictos y otros nuevos aparecían e incluso algunos que creían haber sofocado volvían a prenderse.

―¡La que ha liado el divisor! ―dijo Tana.

―El divisor era tan incómodo y creaba tanto sufrimiento, que gracias a él una pequeña parte de los personajes del protagonista, que lo habían probado todo para que volviera la paz, cansados de luchar y viendo que sus acciones no daban resultado, empezaron a buscar nuevas soluciones entre los libros antiguos que dejaron escritos los emisarios de su padre.  Al leerlos sintieron mucha paz, y aunque no entendían muy bien lo que querían decir no abandonaron su lectura pues algo desde su corazón les decía que debían seguir.  Buscaron a los pocos seguidores de sus enseñanzas y los escucharon atentamente.

Junto a estos personajes unos pocos recordaron la existencia de su padre y su verdadero reino, dejaron de obedecer al divisor de su cabeza y empezaron a ver a sus hermanos otra vez con el corazón. Empezó a desaparecer el miedo, ya no querían imponer sus opiniones ni querían tener razón. Esta manera de ver a los demás se fue extendiendo de uno a otro como por contagio y poco a poco la mayoría volvió a obedecer a su corazón y desaparecieron todos los conflictos. Con el sentimiento de unidad de su corazón, la paz volvió a su reino. El padre se puso muy contento y celebro una gran fiesta con toda clase de cosas buenas.

―Solo había que dejar de hacer caso al divisor para que volviera el corazón.

―Él corazón nunca se fue, solo había que volver a creer en él.

―¿Y qué paso con el divisor?

―El divisor tenía una misión en el sueño; que el príncipe despertara y una vez que lo consiguió desapareció de la cabeza del rey humanidad.

-Entonces, ¿no era malo?

―No, era un despertador, nada más. Lo había puesto el padre para que el hijo despertara y recordara quien era.

―Pobre divisor todo el rato haciendo de malo y al final era bueno.

―No es malo ni bueno solo cumplía una misión como el despertador. Era necesario.

―¿Y cómo es el sueño ahora, Coletas?

―Eso no se puede explicar, hay que soñarlo desde corazón.

― ¿Lo soñaremos juntas algún día?

―Te lo prometo.

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