Estoy aquí

Era sábado por la  tarde y Tana no solía pasarse por allí los sábados, por eso a Coletas le extraño verla aparecer.

-Hola Tana ¿qué haces hoy aquí?

-Tengo un lio muy gordo en la cabeza y quiero hablar.

-Cuéntame –dijo Coletas sentándose en la yerba.

Tana se sentó a su lado y empezó a hablar sin parar “entones me dijo… y yo le conteste….no sé cómo pudo…Yo creo que…me parece a mí… y claro, como yo digo…se lo dije… lo sabía… ya se lo había dicho yo a ella… y para finalizar dijo muy seria:

-¿Tengo o no tengo razón?”

Coletas que no había abierto la boca durante todo el tiempo dijo:

-No lo sé, pero sé quién te ha contado todo eso.

-¿Quién me ha contado qué?

-Todo lo que has dicho, esa no has sido tú.

Tana la miró muy extrañada.

-¿Pues quien sino?

-Ha sido Men. la conozco. Le gusta mucho opinar de todo

-¿Men?

-Sí, te acuerdas, te he hablado de ella, y de Res. Men es esa vocecita parlanchina que está en tu cabeza narrándote todos los pensamientos. No debes creerla.

-Pero yo he visto casi todo lo que te he contado, ¡ha pasado!

-También pasó por aquí una nutria camino de rio, pero si miro ahora ya no está.

-Pero pasó.

-Sí, pero ahora no está pasando. ¿Tú la ves?

-No –dijo Tana con cara de asombro.

-Men, es muy habladora y siempre habla y opina de cosas que no están aquí. Si la escuchas te distraes y no te enteras de lo que está ocurriendo aquí ahora, en este momento.

-¿y qué ocurre aquí?

Coletas levanto la vista.

-Aquí está Res, calladita acompañándote. Los arboles están despertando del invierno, y las hormigas, míralas como trabajan,  hay una urraca mirándonos desde ese peral, en esa retama hay dos gorriones jugando, seguramente sean novios, y allí una lagartija tomando el sol, y esa araña está esperando que alguien caiga en su trampa, y tres mariposas, dos amarillas y una blanca, y un caracol con los cuernos al sol, mira el charco está lleno de renacuajos, ¿te has fijado en cuantas margaritas han salido en estos días? Espera… hay una abeja cogiendo néctar de alguna flor ¿las oyes?

-Sí, está allí –dijo Tana señalando una jara llena de flores.

-También está el sonido del arroyo, y el trino de los pájaros, el sonido del viento ¿y qué me dices de los olores? Huele a menta poleo debe haber una planta cerca.

Coletas se cayó.

-Pues sí que pasan aquí cosas. Es verdad. No me había dado cuenta.

-Es porque no estabas. Estabas atendiendo a Men. Tienes que aprender a estar aquí.

-Y si Men me distrae con sus charlas, ¿la mando callar?

-No, no discutas ni te enfades con ella solo déjala hablar.

-Pero es muy difícil no escucharla. No puede evitarlo.

-Sí, pero cuando la escuches puedes hacer dos cosas.

-¿Dos cosas? –preguntó Tana

-Sí dos; una creértela, dos no creértela. Si no te la crees ella sola se va. Volverá  más y más veces, pero cuanto menos veces te la creas menos aparecerá hasta que se canse y no te vuelva a visitar. Yo haría lo mismo.

-Y yo -dijo Tana pensativa. Parece difícil

-No es difícil,  pero hay que entrenar muchas veces.

-¿Cómo entreno?

-Eso es lo bueno, se puede entrenar a cualquier hora y en cualquier lugar; se trata de estar siempre en el lugar que estés con todos los sentidos y hacer lo que estés haciendo con todas las ganas. Si en casa haciendo tu mochila, tienes que estar solo haciendo tu mochila, si te bañas solo atiende al baño, cuando comas atiende a la boca, la comida, si lees, lees, si pintas, pintas…

-Parece sencillo, pero… ¿y si Pe dice algo importante?

-Lo normal Tana. Si te parece importante la atiendes. Yo tengo un truco, si cotorrea del pasado o del futuro no la escucho.

-Buen truco Coletas, me pongo ahora mismo a practicar.

Las niñas se despidieron hasta el próximo día.

Deja un comentario

El nombre y el correo electrónico son necesarios. Tu correo electrónico no será publicado.

dieciseis − 13 =