fruta influenciable

 

Había una vez un arbolito muy sano y fuerte pero tenía un problema con sus cosechas, pues cuando empezaban a madurar sus frutas,  aparecía una podrida y contagia a todas las demás.

Un gorrión  con ganas de charla, se posó en una de sus ramas y lo saludó.

-Buenos días arbolito.

-Ahora no puedo atenderte estoy muy nervioso –dijo el árbol.

-¿Que te preocupa? Tienes una buena cosecha -dijo el gorrión.

-Sí pero tengo que estar muy atento de que no salga una fruta podrida y me
la fastidie.

-¿Cómo puede una sola fruta fastidiarte toda una cosecha?

-Empieza por las que tiene a su alrededor, las va contagiando con su
pesimismo y sus quejas y estas contagian a otras hasta que al final  acaban todas enfermas y pudriéndose.

El arbolito le explicó que no sabía como cuidarlas, que  había probado
muchas cosas; como curar a la fruta enferma, aislarla e incluso echarla del
árbol pero nada daba resultado, a la fruta podrida le bastaban unas horas en el árbol para contagiar a las más cercanas, que poco a poco empezaban a
enfermar y a pudrirse y de allí se pasaba a otra rama hasta que acababa
pudriéndosele la cosecha entera.

-Quizás el problema no sea la fruta podrida le dijo el gorrión.

-¿Pues, qué puede ser si no? Preguntó el árbol

-Puede que el problema esté en el resto de la fruta.

-Pero ellas están bien hasta que aparece la fruta podrida

-Yo creo que esto es un caso de frutas  influenciable.

-¿Influenciables?

-Sí, cerca de aquí hay un peral, que también tenía fruta influenciable y se
le estropeaba la cosecha  muy frecuentemente, pero ya lo ha solucionado.

-¿Puedes decirme como lo hizo?

-Claro,  tiene fácil solución. Debes meter entre tus ramas una fruta no influenciable para que haga su trabajo.

-¿Y cuál es su trabajo?

-Contagiar a las demás y transformarlas  en frutas fuertes no
influenciables. Así tus frutas quedaran protegidas, y aunque estén rodeadas de frutas podridas no se contagiaran de ellas.

-No pierdo nada por probar -dijo el arbolito.

El gorrión se ofreció a traerle en su pico la semilla de una fruta no
influenciable. El árbol la introdujo en su rama principal y
al poco tiempo creció una fruta fuerte y sana que brillaba mucho. Esta poco a poco, de la misma manera que pasaba con la podrida, contagio a las frutas de su rama y luego paso a las demás, hasta que todas las frutas quedaron protegidas con un manto impermeable que las protegía. Un día apareció una podrida, entre las ramas se oían sus quejas y protestas, pero ahora ya no contagiaban a nadie y finalmente acabó cayéndose y nunca más volvió.

El arbolito le dio las gracias al gorrión por enseñarle donde estaba el
problema.

 -Gracias. Si no es por ti,  sigo culpando de todo a la pobre
enferma. Ahora puedo disfrutar viéndolas crecer,  ya no tengo que cuidarlas,  son fuertes y están protegidas, ya nada puedes hacerles daño.

 

 

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