Los rayos enamorados

Los rayos humanos y su reflejo.

En una galaxia muy lejana vivía un astro sol muy redondo y brillante. Un día este sol sintió  ganas de expandirse. Para ello organizo una expedición de rayos a investigar para conocer el espacio y el tiempo, aprender a vivir en él,  y construir la base para iniciar otro viaje con un nivel superior por todo lo largo y ancho del espacio hasta el infinito.

El Sol, lanzó  millones de rayos desde su superficie redonda, en todas las direcciones, proyectando cada uno de ellos en el espacio a su vez, millones de coloridas formas.

Estas formas crearon la estructura básica de un nuevo mundo de objetos en el espacio.  El mundo creado era muy bonito y tenía muchas posibilidades. Entre todas las formas había unas que destacaban por su inteligencia; Los rayos con forma humana.

Los rayos humanos con su inquietud por aprender más y más, no paraban de estudiar y hacer crecer la estructura a base de experimentos e investigaciones que le llevaban a descubrir algo nuevo cada día.

El Sol que observaba toda la obra, sabía que los rayos que proyectaban la forma de la humanidad, se sentían especialmente orgullosos de su proyección y admiraba mucho su inteligencia. Y vio  como poco a poco, sus rayos, uno a uno como por contagio, se fueron enamorando de la forma humana que proyectaban. La forma los hechizó tanto, que   adoptaron su identidad de forma separada de los demás, y olvidaron que eran un rayo del mismo y único Sol.

Desde el sol, la situación del mundo creado era casi cómica; los rayos humanos estaban muy ridículos con esa falsa identidad tan pequeña que les hacía sufrir. Ellos trataban de disimularlo y parecer felices ante los demás, pero como les apretaba tanto, siempre estaban quejándose, de mal humor, enfadados y culpándose unos a otros de sus males sin darse cuenta que su único mal era la falsa identidad.

Él sol esperaba pacientemente, pues sabía que esta absurda situación no podía durar siempre, y que uno a uno, a su debido tiempo, tal como se la pusieron, todos sus rayos ayudados por el sufrimiento que les causaba, acabarían quitándose la falsa identidad y dándose cuenta de quienes eran realmente.

A medida que el juego crecía, era más complejo. Los rayos humanos con identidad de  formas, a pesar de sus malas relaciones y su sufrimiento, habían  acumulado mucho conocimiento y poder. Este poder podía ser utilizado tanto para hacerse el bien, como para hacerse el mal entre ellos.

Este punto de su desarrollo era muy delicado, pues al tener tantos conflictos entre ellos, y tanto poder, en cualquier momento los rayos con identidad de forma podían autodestruirse unos a otros y borrar del espacio de un plumazo todo lo construido hasta el momento presente.

La desaparición de todo, retrasaría  el comienzo de la  segunda parte del ambicioso viaje de nivel superior, como ya había sucedido otras veces, pues habría que volver a empezar otra vez desde el principio a crear la base.

El Sol, sabía que la única manera de salvar el mundo de las formas y dar el segundo salto, era que la humanidad soltara su falsa identidad y empezara a relacionarse con la verdadera, pues nadie en su sano juicio se agrede así mismo.

Así estaban las cosas cuando un invento que nunca había existido antes revolucionó todo. Se trataba de unos dispositivos llamados ordenadores que comunicaban a los rayos con identidad de formas de todo el mundo a través de una red invisible por donde circulaba toda la información. En cuanto se corrió la voz por las redes del único motivo de sufrimiento y de toda la verdad, la noticia corrió como la pólvora y poco a poco todos los rayos humanos fueron abandonando su falsa identidad y tomando la auténtica para empezar la nueva mega aventura en el espacio relacionándose en el mundo creado sin sufrimiento.

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