Tarde de setas

 

 

Tana y Coletas habían salido recoger setas. La semana pasada había llovido mucho y ahora hacia sol.

―Este es el momento de salir a buscarlas ―le dijo Coletas a Tana.

Las dos niñas salieron por la tarde con una cesta de mimbre y un bastón, también llevaban botas de agua por si se encontraban algún charco no perder la ocasión de chapotear un rato en él.

Coletas llevó a Tana hasta un cerro bajito donde crecían muchas setas juntas.

― ¿Se pueden comer?

―Ahora sí, pero tiempo atrás una bruja las hechizó y se volvieron venenosas. Es una historia muy bonita, ¿quieres escucharla?

―Claro Coletas, ya sabes lo que me gustan tus historias.

―Primero quiero explicarte que las setas son una parte muy curiosa del inmenso hongo que vive debajo de la tierra.

―Si algo he oído en el colegio.

―El hongo es el padre de todas y es muy poderoso y todas son hermanas curiosas y traviesas que se han alejado un poco de su padre para ver qué pasa fuera.

―Ja,ja, Coletas, nunca lo había visto así. Me gusta el comienzo.

―Bueno pues ya puestos en situación te cuento la historia. Hubo un tiempo en que en una zona del hongo surgieron a la superficie a la vez miles de hermanas setas juntas ,que disfrutaban felices del sol, el viento y la lluvia.  Un día paso por allí una bruja hechicera buscando setas para una pócima y quiso gastarles una pequeña broma haciéndoles olvidar de dónde venían y que todas eran hermanas. Con la pócima olvidaron su origen y a su padre. Al poco tiempo, las setas al verse separadas y solas en la superficie empezaron a tener miedo de todo lo que veían y a culparse unas a otras de su malestar. Esta desconfianza las hacia enfadarse unas con otras. Hicieron varios bandos, para sentirse más protegidas y luchaban entre ellos; la colonia se convirtió en un caos horrible donde no había ni un poquito de paz. Todo era agitación y ruido que se oía a miles de km. a la redonda.

―Me imagino el jaleo, que lio más grande, pobres setas.

―El padre hongo ―continuó Coletas―  que se suponía que eso podía pasar ,hizo salir a la superficie varias setas repartidas por la colonia para recordarles a todas que eran hermanas, pero nadie entendía a estas setas, parecía como si hablasen chino. Cuando la cosa estaba muy muy fea, una de las setas más influyentes en la colonia que había intentado por todos los medios posibles poner paz entre los bandos enfrentados de setas, visitó a las setas sabias que había enviado el padre y que estaban recluidas en un rincón de la colonia fuera del ruido.

Estuvo varios días hablando con ellas y le dijeron que el único problema era que actuaban como si fueran setas solitarias, y que la solución era pararse todas y sentir dentro de ellas mismas que eran una sola un rato al día.  A más tiempo mejor. Ella no entendió muy bien, pero algo le decía que no perdía nada por probar.

Esta seta convocó a todas para comunicarles la solución, y bien alto para que todas oyeran dijo: no podemos seguir viviendo así, si continuamos luchando unas con otras vamos a desaparecer. Me han dicho las sabias que tiene fácil remedio y que tenemos que trabajar todas.

“¿Qué hay que hacer? Yo no sé si podré hacerlo”, “¿Dónde hay que ir?”, “¿y si no sé?”

Esa es la buena noticia, todo el mundo puede y sabe hacerlo y no hay que ir a ningún sitio. No hay trabajo que hacer fuera, el trabajo hay que hacerlo dentro de cada una.  Al parecer es un hechizo y para deshacerlo tenemos que seguir un tratamiento.  La medicación consiste en que durante un tiempo nos quedemos todas quietas a la vez, durante media hora como mínimo una vez al día, respirando, sin hacer nada solo sintiendo que todas somos una.  Y en pocos días, me han asegurado que notaremos los resultados.

“Menuda tontería, y para eso hemos perdido el tiempo”, decían algunas retirándose.” “Pero esa no puede ser la solución, habrá que hacer algo”, gritaban otras. Otras, las menos decidieron probar, “total no parece que sea nada malo.”

Así, algunas se unían todos los días para hacer el tratamiento y poco a poco fueron cambiando su aspecto y parecían más felices, y dejaron de discutir y de juzgar a las demás.  Poco a poco otras se sumaron a ellas hasta que todas juntas consiguieron romper el hechizo de la bruja y volver a la paz y a la calma que les da saber que son un solo Ser.

―Qué bonito coletas ―dijo Tana― ya no son venenosas, ahora no están enfadadas, son felices. Me parecen tan bonitas que no tengo ganas de arrancarlas, mejor las compramos en el supermercado.

-Como prefieras Tana.

Las niñas se levantaron y siguieron su paseo, felices saltando de charco en charco.

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