Y se pudo

Era un miércoles por la tarde y Tana como de costumbre había bajado a ver a Coletas.

-Hola coletas, mira que video tan bonito de mi barrio, lo han tomado desde un avión se ve precioso. Las personas parecen hormiguitas andando de un lado a otro. Me gusta mirarlo, lo he visto ya un montón de veces. Tiene algo que me atrae, me da paz pero no sé qué es.

-Que no hay juicio.

-¿Juicio?

Coletas le puso a Tana unas gafas mediante las cuales la imagen se acercaba más y más.

-Anda mira, la imagen se está acercando, que bonito, se ve muy bien que son personas. Pero… si esa que está en el parque es mi amiga julia comiéndose un helado, pues me debe cinco euros, y está con Macarena ¡qué frescas! podían haber avisado. Anda pero si esa es la vecina del quinto que nunca saluda ¡menuda antipática! Veo a mi madre, mira que tranquila está. Y esa, pero… si esa es mi profesora de mates la más gruñona que he conocido, quítala, quítala de mi vista mañana tengo examen… Con esa niña del vestido rojo estoy enfadada desde la semana pasada…

Así, a medida que Tana veía más de cerca a esos bichitos tan monos que le daban tanta paz desde lejos, la paz fue desapareciendo para dar paso a la envidia, la ira, el enfado… y otras emociones menos  agradables.

Tana se quitó las gafas.

-Al acercar la imagen la paz se ha ido. ¿Qué ha pasado Coletas, era tan bonito?

– Que lo has llenado todo de historias. Hay que aprender a mira a las personas sin más.

-¿Cómo si no las conociera de nada? –Pregunto Tana

-Así mismo, como mirabas a esas hormigas, sin juicios ni historias del pasado.

-¿Eso se puede? –Pregunto Tana.

-Podemos probar. Mírame como si no me conocieras de nada –dijo Coletas.

 Las niñas se miraron durante unos minutos sin decir nada y se pudo.

2 Comentarios en “Y se pudo

Deja un comentario

El nombre y el correo electrónico son necesarios. Tu correo electrónico no será publicado.

18 + 10 =