Pedid y se os dará

 

Pedid y se os dará.

Esto era un arbolito muy religioso y que confiaba mucho en su Dios. Este arbolito siempre estaba pidiéndole a su Dios buenas cosechas, agua, buen clima…

 Se ponía muy contento cuando su Dios se lo concedía, pero también muy triste cuando no recibía su pedido. Su vida era muy ajetreada, parte de ella la pasaba pidiendo cosas, cuando las tenía sufría por la posibilidad de perderlas, y cuando se acostumbraba a tenerlo ya no le satisfacía lo suficiente y pedía otra cosa mejor.

Un pajarito, que había elegido sus ramas para hacer su nido al verlo tan nervioso le preguntó:

-¿Por qué te preocupas tanto?

-Pueden ocurrirme muchas cosas malas: y si  no llueve más, y si un fuego me quema y si me ataca una plaga… respondió el árbol.  Debo rezar para que me ocurran cosas buenas.

El pájaro, que no entendía sus preocupaciones, pues nunca había conocido un árbol igual, le preguntó:

-¿Por qué pides tanto, acaso tu sabes que es lo bueno para ti?

-Quien mejor que yo puede saber lo que necesito, además Dios, nuestro padre, dijo que pidiésemos y se nos daría.

-La lluvia que pides te beneficia a ti pero hay plantas y animales a las que en este momento le perjudica. Dios debe estar muy liado, si cada uno le pide lo que le conviene solo a sí mismo ¿cómo puede satisfacer a todos?

-Nunca lo he pensado, solo sé lo que necesito yo. Él dijo que le pidiésemos.

-Hay otra manera de pedir.

-¿Cuál? Le preguntó el árbol a pajarillo.

-Pedir cosas que beneficien a todos, no solo a ti, así Dios no tendrá problemas para mandártelas.

-Pedir algo para todos… no sé… ¿Cómo pides tú?

– Le pido que me ayude a no juzgar y a aceptar todo lo que sucede aun cuando no lo comprenda.

-Pero eso… no es pedir, es aguantarse con lo que hay. No recibes nada para ti.

-Sí recibo, recibo mucha paz, que es justo lo que yo, tú y el mundo necesitamos -le contestó el pajarillo.

El árbol gracias al pajarillo aprendió a pedir a Dios sin generarle un conflicto, comprendió que lo único que  todos necesitamos es paz, paz, para aceptar las malas cosechas, el no ser los mejores, o los más listos, paz para perder y para ganar, en resumen, paz para aceptar las circunstancias y a los demás tal y como son sin más.

La paz inundo su tronco, sus ramas y llego a todas sus hojas y entonces el árbol no tuvo necesidad de pedir nada más

 

los dos caminos

Los dos caminos

Tana y Coletas estaban paseando por la sierra. Era verano y a la sombra de los árboles se estaba muy bien.

―Lo que más me gusta de la naturaleza —le iba diciendo Tana a Coletas— es que no necesitan comprar nada para sentirse bien. Por ejemplo, las plantas; ellas lo tienen todo sin trabajar.

―Ellas sí trabajan, todas dan su fruto, Puede ser comida o refugio para los animales, sombra, madera, corcho… Cada una tiene una misión importante para que todo funcione, por muy pequeñitas que sean. Como esta plantita de trébol que da de comer a los ciervos, o esta que alimenta a la mariquita que transporta polen en sus patas; ellas también son necesarias, su trabajo es importante.

―El alcornoque da bellotas para los animales y corcho para los humanos. Tiene dos empleos, será muy rico ―dijo Tana apoyándose en el tronco de un gran alcornoque que crecía en un margen del camino.

―Ja, ja. Aquí no funciona así Tana. Ellos cogen todo lo que necesitan gratis: el agua, el sol, el aire, la tierra… Lo transforman y entregan su fruto a los que lo necesitan sin cobrar nada por ello.

―Pues en mi mundo hay que tener dinero, todo se compra y se vende, y todos, los niños y los mayores, quieren tener mucho éxito y dinero para ser felices.

―Si lo que quieren es ser felices y tener éxito siguiendo el camino del dinero, están en el camino equivocado.

―¿El camino equivocado?

―Sí. Te contaré una historia que pasó hace mucho mucho tiempo. Sentémonos en esta roca —dijo Coletas.

En un lejano país, todos los habitantes tenían lo necesario para vivir, pero sufrían mucho sin saber cuál podía ser el motivo, y esto les hacía perder la Paz.

Todos los habitantes sin excepción buscaban dejar de sufrir y sentirse bien y deseaban lo mismo para sus seres queridos. El día en que dejaban la casa de sus padres para vivir en la suya propia tenían que tomar una decisión muy importante. Ante ellos aparecían dos caminos, el de la mente y el del corazón. El de la mente era largo y tenía muchas cuestas y curvas, pero al final, en lo más alto, había mansiones, fiestas, coches bonitos… El del corazón era una senda llana y tranquila entre árboles y plantas. Al final no se veía nada especial. Este parecía tan soso y aburrido que no lo elegía casi nadie. Los jóvenes elegían el camino de la mente, que era el que le recomendaban sus mayores, ya que estaban convencidos de que la riqueza calmaría su sufrimiento.

Por estos motivos, el camino de la mente estaba muy muy transitado. No todos conseguían llegar al final, muchos se quedaban por las cuestas y no lograban alcanzar la meta. Solo unos cuantos, con mucho esfuerzo, lo conseguían, y todos los admiraban y los veían como triunfadores y personas de éxito, pues no era fácil llegar al final.

Un día, un señor que había llegado al final del camino de la mente y que era un ejemplo que seguir para muchos de los que querían lograrlo, sorprendió a todos reconociendo públicamente su dolor y su infelicidad: «A pesar de haber logrado llegar al final, no soy feliz, sigo sufriendo», confesó a todos. Nadie entendía cómo no podía serlo teniendo tantas cosas. «Pero ¿cómo puedes ser infeliz si lo tienes todo: coches, casas, viajes, joyas…?», le preguntaban. «¡Lo has conseguido!, eres un hombre de éxito, todos te admiramos». Él dijo: «Estoy muy cansado de fingir. En realidad, nada de lo que tengo me calma el sufrimiento, creo que me equivoqué de camino». Y sin decir más, dejó todas sus pertenencias y se dio la vuelta para andar el otro camino.

Cuando empezó a transitar por el camino que había descartado por soso y aburrido, encontró mucho silencio y la compañía de árboles y plantas que le proporcionan alimento, y pájaros y demás animales que le daban compañía y a los que observaba durante horas. Pasaba el tiempo, y cada día se encontraba mejor y más tranquilo, aunque de vez en cuando, sobre todo durante la noche, venía a visitarlo el sufrimiento. Era un malestar del que no lograba averiguar su origen. A pesar de eso, no sentía ganas de volver a su antiguo camino y siempre siguió hacia adelante; hasta que un día, casi sin esperarlo, llegó al final y encontró una misteriosa caja azul.

―Qué emoción ―dijo Tana, a quien gustaban muchos las sorpresas.

Coletas prosiguió con su narración:

El señor abrió con calma la caja. Dentro había un sobre con su nombre completo. Lo abrió y leyó una sola frase que había escrita en una hoja con una letra muy bonita y que decía: «Tu recompensa es el fin del sufrimiento». Al terminar de leer la frase, los zapatos se cambiaron solos de pie sin que él se diera ni cuenta, y sintió un alivio y una paz muy grandes. «¡El problema estaba en mí!», dijo sorprendido. «¡Eran los zapatos!».

―Pero ¿por qué los llevaban al revés? ¿Acaso eran tontos? —preguntó Tana.

―No, no lo eran, pero como siempre se había hecho así; los padres, los abuelos los tatarabuelos…, nadie recordaba que se hubiese hecho de otra forma, no consideraban otra opción. En ese país lo normal era llevar los zapatos del revés. A los niños se los colocaban así desde pequeños sin que se dieran cuenta. Pero volvamos a la historia Tana ―continuó Coletas.

El señor dejó pasar unos días y comprobó que, como prometía la nota, el sufrimiento había desaparecido para siempre. Se puso tan contento que fue corriendo al otro camino para contar a todos su gran descubrimiento. «Estáis equivocados, no es por aquí. El otro camino es el que calma el sufrimiento». Al principio, nadie lo creía y lo tomaban por loco. Solo con el paso del tiempo, se dieron cuenta de que él andaba mucho mejor, que no tropezaba y que todo le salía bien, sin problemas y con menos esfuerzo. Entonces, algunos empezaron a imitarlo y cambiaron de camino. Cuando llegaban al final, en la caja encontraban el sobre con su nombre y se les cambiaban los zapatos de pie. Cada día había más personas en el camino del corazón y menos en el de la mente. Finalmente, todos se convencieron, consiguieron su regalo y acabaron con los zapatos bien puestos. Así fue como acabó en ese país el sufrimiento.

―Era tan fácil y tan sencillo que nadie se lo podía imaginar ―dijo Tana―. Un día fui a un parque de atracciones muy chulo, con unos zapatos chicos y no pude disfrutar nada.

―Eso mismo les pasaba a ellos. Sus zapatos del revés seguían causándoles mucho sufrimiento, a pesar de sus riquezas, pero lo disimulaban porque los demás los veían como triunfadores ―dijo Coletas.

Se estaba haciendo tarde y las niñas se levantaron y continuaron charlando por el camino de vuelta a casa.

―¡Otro cuento con final feliz!―exclamó Tana―. En mi mundo también hay sufrimiento, creo que vamos por el camino de la mente. Quizás, si hiciésemos un cambio dentro de nosotros mismos y pusiésemos delante de la mente el corazón para que él dirija nuestros pasos… Estoy segura de que nos llevaría a la felicidad…

la partitura.

La partitura.

Tana llegó con bastante retraso aquella tarde y se sentó junto a Coletas en el banco del jardín.

-Hola Coletas, menudo día llevo. He perdido el libro de matemáticas, tampoco me acordaba donde había puesto el compás y se me olvido que tenía que presentar un trabajo, mi vida es un caos –dijo dejándose caer en el banco junto a Coletas.

-Ja, ja, eso pasa cuando no estás donde estas.

-Pero yo siempre estoy donde estoy.

-Tú estás aquí pero tu atención puede estar fuera. Cuando te vas con Mente al pasado y al futuro no estás en el presente. En tu lugar se queda el piloto automático haciendo lo que quiere, y luego no te lo cuenta, por eso no te acuerdas de donde pones las cosas, y se te olvida todo.

-Y qué puedo hacer.

-Debes preguntarte frecuentemente donde estas.

-¿Yo? Pero yo siempre se dónde estoy.

-Ja, ja, es verdad tú eres la única que sabes dónde estás, pero ya te he dicho que puedes estar en dos sitios; aquí al mando de todo lo que ocurre o de paseo con Mente, Lo de no saber dónde pones las cosas es solo una de las consecuencias de estar distraída con Mente, Aún pueden pasarte cosas peores cuando abandonas el puesto de mando, te contare lo que le paso a una rosa que andaba siempre fuera de su lugar de mando.

-Ella vivía en un hermoso jardín, donde crecían rosas bailarinas de todas las variedades, eran preciosas. Era la directora de orquesta, la encargada de interpretar la partitura con su batuta y la responsable de la armonía, que se supone, debía reinar en la danza de todas las rosas.

Cuando eran pequeñas, interpretaba la partitura, que había nacido con ella y todas bailaban a su son. Era bonito verlas con sus tutus de colores dando sus primeros pasos de danza.

Pero a medida que crecían, la directora, empezó a dejar el jardín solo. Fuera había muchas distracciones que llamaban su atención y cada vez con más frecuencia pasaba más tiempo fuera que dentro del jardín. Mientras ella no estaba, un impostor le cambio la partitura poco a poco, metiéndole sus notas sin que la rosa se diese cuenta de nada. Al principio solo unos acordes, luego fueron dos, luego tres hasta que, la partitura original fue sustituida por la del impostor sin que la rosa sospechase nada. La nueva partitura era muy distinta y sonaba muy mal.

Cuando llevaba un tiempo interpretando la nueva partitura. La directora, empezó a notar que no le gustaba nada la danza de las rosas. Era un baile feísimo, las rosas saltaban y daban patadas sin ningún orden ni concierto y se molestaban unas a otras.

“No me gusta nada este baile se decía. Mi jardín es un auténtico caos, no entiendo porque se portan así”, se lamentaba sin sospechar nada.

Un día, decidió intervenir para poner orden se metió entre ella les hablo muy seriamente para decirles a una por una cómo debían bailar. “Tú no te estires tanto, tú retírate un poco y controla tu tallo, tú no te retuerzas, tú debes tener cuidado con las hojas…” así corregía a todas, pero sus esfuerzos no daban resultado, y la cosa empeoró, las rosas no entendían nada, estaban hechas un lio; la directora decía una cosa y la partitura otra. Mientras más trataba de corregirlas peor se portaban. Algunas le contestaban mal, ellas también estaban enfadadas y en el jardín había todo tipo de conflictos. La pobre rosa no entendía lo que pasaba

-¡Vaya lio gordo tiene en su jardín! Me imagino a todas saltando descontroladas, como locas con los pétalos desordenados –dijoTana.

-Sí, era un gran lio. Entre tanta agitación –continuo Coletas- la rosa tropezó con el  tallo de una rosa y salió disparada .Por el aire abrió las manos para frenar el golpe en el suelo y al hacerlo se le cayó la batuta, en ese  momento la música dejo de sonar “¿Qué ha pasado?” Se preguntó. Tumbada en el suelo. En el jardín reinaba un gran silencio. Se levantó, todo era brillante y bonito. Una gran paz inundaba el jardín y las rosas bailaban delicadamente. Buscó su batuta y se agacho para recuperarla, comenzó a dirigir la partitura y con ella volvió el caos. Soltó la batuta dando un salto asustada y todo se volvió a calmar. “¿Qué música estoy interpretando?”’ Enseguida se puso a revisar la partitura. “¡¡Es la partitura!!” gritó llena de alegría por el descubrimiento.

Se preguntó cómo había podido estar tanto tiempo dirigiendo esa música tan horrible, y hasta le entro un poco de risa.” Ahora entiendo lo que le pasaba a las rosas, Tanto esfuerzo intentando corregir a todas las rosas del jardín… Ellas no tenían culpa de nada. La solución era tan sencilla”. Se colocó en su puesto de mando con su partitura original y el impostor al ser descubierto salió corriendo.

Ahora estaba más presente en el jardín, para que el impostor no entrase. De vez en cuando se distraía, y salía por la costumbre, entonces se le colaba el impostor, pero como lo conocía muy bien y ya estaba atenta, enseguida se daba cuenta y volvía corriendo a su lugar. Y así, poco a poco, la rosa con su partitura original, fue teniendo más presencia en el jardín y el impostor cansado de que siempre lo sorprendiera dejo de intentarlo.

Ahora las rosas están tranquilas, todas se respetan y su baile es muy bonito, pero ella nunca olvidara su experiencia, y aun se ríe acordándose de esos días de locura que el impostor le hizo pasar.

-A parir de hoy, me preguntaré donde estoy, no vaya a ser que se me meta un impostor y me la líe gorda como a la rosa –dijo Tana riendo.