El juego. Segunda parte.

Sigue…

 

-No seas tan impaciente Tana, aún falta una cosa muy importante.

– ¿Aún hay más?

-Si tenemos que conectarnos a las fichas con este cable para jugar,  a través de el sentiremos lo que ellas sientan.

-!Que juego más divertido¡ ¿Empezamos ya a cazar?

– No se trata solo de cazar flores,  lo importante es olerlas y  soltarlas, pero no de cualquier manera, porque si sólo las sueltas sin más, sin dirección, quedan dando vueltas a tu alrededor y tarde o temprano volverán a ti.

– ¿Hay que poner una dirección?

– Sí, hay que enviárselas al inventor.

– ¿Para qué quiere el inventor tantas flores/pensamientos?

-Eso no lo sé. Solo sé que quiere olerlas/sentirlos todas, para eso ha creado este gran juego. Al igual que cada flor tiene un olor, cada pensamiento tiene un sentimiento. Él quiere sentir todos los pensamientos, oler todos los perfumes de las flores. Las fichas son las que se encargan de oler la flor, de sentir el pensamiento y enviárselo.

– ¿Y si a las fichas no les gusta como huele la flor,  o cómo siente el pensamiento?

-Tienen que sentirlo, tienen que olerlo, sin juzgar su perfume. Solo así podrán enviarlo.  Si no lo hacen cargaran con él a sus espaldas,  y acabará pesando mucho.

– ¿Y qué pasa si una ficha no sabe que su misión es sentir/oler y soltar y se guarda las flores/ pensamientos?

-Eso es parte del juego, la ficha cuando no sabe jugar, guarda las bonitas,  y las que no le gustan las esconde para no sentirlas/olerlas y entonces con tanto peso en su mochila, no puede avanzar por el tablero, y se estancan en las mismas casillas repitiéndolas una y otra vez. Mientras mas caza lleve a sus espaldas menos brillara su estrella.

– ¿Pero cómo aprenden, existe un cole o algo parecido?

-Cada una aprende de una forma diferente. El tablero es el cole  con sus diferentes casillas, y en el momento justo ni antes ni después, se dan cuenta de que su única misión es oler y soltar – dijo Coletas.

– !Cómo¡ ¿Esto no va con dados como la oca, el parchís…? ¿No es cuestión de suerte?

-No, en realidad, el que inventó el juego también escribió cada partida con todos sus detalles.  No aprenderán  todas a la vez, ni de la misma manera. Poco a poco hoy una, mañana otra…

-¡Igual que mis gusanos de seda! primero uno luego otro hasta que todos aprenden y  hacen el capullo.

-Eso es,  los primeros capullos son  pocos y raros, luego cuando hay mas capullo que gusanos   los raros son los gusanos que quedan  sin hacerlo, hasta que por fin el ultimo gusano lo hace.

-¿Y quien gana la partida?

-Todos,  la partida no puede terminar hasta que aprendan todos a soltar la caza y el tapiz de las estrellas brille entero.

-Solo una pregunta más Coletas ¿Cómo sabe la ficha que su sentir está siendo recibido?

-Porque él Creador siempre manda paz a modo de acuse de recibo.

Me muero de curiosidad Coletas Quiero empezar a jugar ¿Empezamos ya?

El juego

cazadores de flores

cazadores de flores

 

Tana y Coletas estaban pasando una agradable tarde en el jardín sentadas en un banco a la sombra de un aliso,  desde donde escuchaban  correr el agua  de la fuente.  Llevaban un rato en silencio, cuando Tana lo interrumpió  con una pregunta.

– ¿De dónde vienen los pensamientos Coletas?

-¡Que pregunta Tana¡  Veré si puedo contestarte. –Contestó Coletas asombrada.  – Pero antes,   quiero saber cómo se te  ha  ocurrió preguntar eso.

-Creo que ellos son los culpables de todo, si todos pensáramos igual no habría discusiones ni guerras entre nosotros. El problema es que  pensamos diferente.

– Tengo un juego muy bonito que quizás pueda ayudarte -dijo Coletas levantándose. –Espérame.

A los pocos minutos apareció por el camino arrastrando una bolsa más grande que ella, Tana corrió para ayudarla.

-Pero ¡!qué juego tan grande Coletas¡¡-

Entre las dos lo colocaron  sobre el banco.

-Ahora -dijo Coletas -cierra los ojos.

-No vale Coletas,  -protesto está – quiero verlo.

-Mejor  imagínate  un enorme campo lleno de flores de colores – le sugirió mientras abría el saco y sacaba   un enorme tapiz verde con patas, del que colgaban miles de flores. Cuando lo tuvo extendido  justo encima de la cabeza de Tana con las patas clavadas  en el suelo dijo: – Ya puedes  mirar.

-No veo nada.

-Mira bien.

-Pero… aquí no hay nada Coletas.- Insistía Tana mirando a su alrededor.

-Mira para arriba.

-¡El campo en el cielo¡ ¡Las flores cabeza abajo¡ Así se pueden oler mejor jajajaja.  Qué divertido Coletas,  que cosas tienes, jajaja! . – Tana reía  dando vueltas sobre sus pies  mirando el tapiz.   -El mundo al revés jajajaja !Que bonito¡ ¿Pero, ¿qué tiene que ver esto con mi pregunta Coletas?

-Todo Tana.  Este -dijo señalando el gran tapiz que tenían sobre sus cabezas – es el campo de los pensamientos,  hay millones, cada flor es un pensamiento, cada uno es  diferente, aunque existen tres grandes grupos el grupo de los azules, el de los rojos y el de los verdes.

-No entiendo nada Coletas, pero creo que va a gustarme tu juego, sigue, sigue  por favor.

-No te impacientes Tana, poco a poco.

Entonces,  sacó del saco  una bolsa de tela atada con un cordón blanco, y  con mucho cuidado desató el nudo y vació el contenido sobre el banco.

– Pero ¿qué es esto? ¿Acaso son las fichas del juego?- Preguntó  Tana cogiendo una para mirarla de cerca. –Qué graciosos Coletas pero un poco raros ¿no? Parecen marcianos.

La bolsa contenía muñecos simples de tres colores diferentes.  El motivo por el que a Tana le parecían marcianos, eran  tres antenas de colores que salían de su cabeza.

-¡Tienen antenas como las hormigas! Pero antenas de colores.  Además no son iguales, los hay de todos los tamaños,  ni sus antenas tampoco  –Continuó Tana divertida – Este tiene más grande la roja, esté la verde, mira que pequeñita  tiene este la azul! -Tana no dejaba de coger muñecos y comparar sus antenas. -No hay dos iguales Coletas – decía con ellos en las manos dándoles  vueltas para ver todos los detalles.

-Ten cuidado Tana,  estos muñecos son muy especiales,  aunque no lo parezca tienen mucha tecnología,   sirven  para cazar flores/pensamientos.

-¿Cazar flores/ pensamientos?  -Preguntó Tana asombrada. –Nunca había oído nada igual Coletas. ¿Quieres decir que  que las flores colgadas del cielo son pensamientos, y estos muñequitos tan graciosos los cazan con sus antenas especiales? Tú estás muy loca Coletas –Dijo Tana llevándose las manos a la cabeza.  -Pero…   ¡Me gusta  este juego¡  ¿Cuando empezamos? –Preguntó  impaciente.

-Aún falta dos  cosas -dijo Coletas. –Sacando un inmenso tapiz del saco y extendiéndolo cuidadosamente debajo del techo de  flores.

-¡Qué bonito ¡-Exclamó Tana.  -Se parece al estampado de mi camiseta.

El tapiz  del que hablaban y que tanto  le gustaba a Tana, estaba cubierto de estrellas,  las había blancas, grises y finalmente negras.

–Y por último -dijo Coletas sacando un gran tablero flotante lleno de casillas parecidas a las del juego de la oca   -Este es el tablero del bien, el mal y él ni fu ni fa.

-¿Pero esto qué es? -pregunto Tana mientras miraba todo con cara de asombro – El cielo estrellado en el suelo,  la tierra  florecida en el techo, y ahora este tablero rellenando el bocadillo… ja,ja,ja.   Esto cada vez es más loco Coletas, no sé si sabré jugar, es todo tan raro.

-No te asustes,  es fácil, déjame explicarte las instrucciones. Empecemos por las fichas;  estos  muñecos se parecen mucho a nosotras,  tienen dos funciones,  primero  a través de los cinco sentidos, como nosotros, perciben la casilla del tablero flotante en la que están   con  imágenes,  sonidos,  olores, sensaciones como una caricia, el frío, el calor…   y  después, en segundo lugar,   lo más importante,  con estas antenas que te han divertido tanto   cazan las flores/pensamientos basados en lo que contiene la  casilla, y estos  les hacen sentir una u otra emoción.  Según la emoción sentida  tomaran acción para pasar a una u otra casilla y así avanzar por el juego.

-Mira esta casilla es el mar, y está la montaña, aquí hay una ciudad, el colegio, aquí no hay  nadie, una fiesta, esta enfermo, una familia …-Tana muy nerviosa, no paraba de describir casillas iba de una a otra sin parar. – ¿podemos probar? -dijo, sin esperar respuesta, colocando un muñeco cualquiera en una de las casilla.

Automáticamente sobre el muñeco cayeron cuatro pensamientos rojos, pues esta era su antena más larga, dos  verdes y uno azul.

– Mira lo que ha cazado –Dijo asombrada, mostrando a Coletas el muñeco con los pensamientos colgado.-A ver qué caza este. –Dijo cogiendo otro de los muñecos y colocándole en la misma casilla.

Automáticamente el muñeco cazo cinco flores  azules y   una roja.

-Mira coletas este ha cazado pensamientos diferentes en la misma casilla.

-Claro, ya te lo explique es por las antenas –dijo Coletas. -Ahora cada uno tendrá un sentimiento diferente e  irá para una  casilla  diferente.

– Ya entiendo  ¿Empezamos a  jugar? Pregunto la impaciente Tana.

 

 

Continuará….

 

La maestra

 

Flores

 

Esa mañana Tana y Coletas estaban en el arroyo.  Habían ido a coger moras a una zarza que crecía en su orilla y que todos llamaban la maestra.  El arroyo, que llevaba poca agua en esta época del  año,  bajaba  resbalando suavemente  por las piedras.  A sus  charcos se acercaban a beber  y a refrescarse, entre otros,  los gorriones que hacían  sus nidos  en las adelfas  y chopos  de las orillas. Las niñas llevaban un sombrero de paja para protegerse del sol de la mañana y una lata con una cuerda  colgada del cuello,  que caía a la altura de la cintura, para recoger las moras.

-No te muevas –dijo Coletas- mira esos gorriones, se están revolcando en la arena para limpiarse las plumas.

-Vaya forma de limpiarse, yo diría que se están ensuciando- dijo Tana muy bajito para no espantarlos.

-ja ja ja -rió Coletas -muchas veces las cosas no son lo que parecen Tana.

Los  gorriones se revolcaban en la arena junto a un charco del arroyo, y abrían las alas para que el polvo les llegara a todo el cuerpo. Después de darse un buen baño,  se colocaron las plumas con el pico, y bebieron  agua. Ahora estaban listos para empezar a buscar insectos.

-Vamos  Coletas. Si nos entretenemos tanto, no vamos a  recoger ni una mora – dijo Tana impaciente por comenzar.

Las dos niñas empezaron a buscar las  moras maduras  entre los tallos y las hojas   de la zarza  maestra.  Este año había crecido tanto que estaba sobre  una vecina adelfa cubriendo y arañando sus ramas, y a su vez la adelfa la empujaba con sus fuertes raíces bajo tierra rechazandola.

-Hay que tener cuidado con los pinchos,  siempre que venimos a por moras acabamos con tres o cuatro arañazos en las manos -decía  Tana mientras buscaba-. Cuánto ha crecido esta primavera, mira  esta pobre adelfa -añadió-, está ocupando su espacio.

– Fijate en esta otra,  a ella no la molesta –observó Coletas  señalando a   otra adelfa vecina de la zarza que lucía  muy frondosa y cubierta de flores rosas -¿Sabes porque Tana?

-No, pero seguro que tú si lo sabes Coletas- dijo Tana esperando una respuesta.

– Porque entre ellas hay paz y respeto  y entre estas otras hay conflicto y enfado.

-Pero si su vecina le pincha y le hace daño es muy difícil no enfadarse con ella, -dijo tana poniéndose claramente de parte de la pobre adelfa-  Es más sencillo querer a un jazmín que no pincha y te hace llegar su buen olor que a la antipática  zarza.  Me gustaría que la zarza no tuviese espinas Coletas,  así podría acercarme más a ella,  sus espinas la hacen muy huraña y antipática debería de….

-Eso es muy bonito Tana – la interrumpió Coletas de golpe  – pero no se pueden cambiar las plantas ni las personas para que sean como a ti te gustaría que fueran para quererlas.

-Pero si se quitase las espinas dejarían de pinchar y… al fin y al cavo las moras están muy ricas.

– La zarza se merece que la quieras de la misma forma que quieres  al jazmín.

-Pero ella pincha Coletas y el jazmín no – dijo Tana.

-No se trata de querer  sólo cuando nos agradan.  Lo importante y lo que debemos aprender para ser felices es   querer sin condiciones.

-No sería mejor que la zarza  no  pinche.

– Sí, quizás, a lo mejor, no lo sé, pero en todo caso,  eso es cosa suya, ¡digo yo!- exclamó Coletas -No somos tan listas como para saber cómo deberían  que ser las cosas -dijo retirando la mano al sentir  una  espina.

-Si no pincha sería  mucho más fácil, insistía Tana.

– ¿Te gustaría que tus padres pusieran condiciones para quererte?- preguntó Coletas.

-¿Condiciones? -respondió Tana preguntando de nuevo.

-Si, por ejemplo que te quisieran  a condición de que sólo trajeras buenas notas.

-¿Y si suspendo?- pregunto Tana sin parar de coger moras a pares.

-Entonces no te querrían -le respondió Coletas.

-No, eso no me gusta nada -Dijo Tana mirándola.

-A la zarza tampoco -le respondió  su amiga Coletas estirando el brazo y guardando el equilibrio para alcanzar  tres moras gordas que crecían  juntas.

Después de esta charla Tana se quedó unos minutos mirando a la bella adelfa llena de flores.

-¿Que hizo esta  adelfa para quererla siempre y vivir en paz? – preguntó a Coletas sin dejar de mirarla

-Perdonar.- Le respondió Coletas.

-¿Pero cómo Coletas? Quiero perdonar, quiero amarla ¿Que tengo que hacer? -insistió Tana impaciente esperando la respuesta.

– En realidad no tienes que hacer nada.  No intentes cambiarla, dejala ser, no la juzgues, deja de rechazarla. Sólo asi ella sabra que la has perdonado de corazón.  que la amas y, milagrosamente, aparecerá  la paz. Pero si no perdonas no se cansará nunca de pincharte, es muy pesada, no se cansa, como las buenas maestras  no parará  hasta que aprendas a perdonar.

– ¿Aprenderé?

-Felizmente si,  no te quedará otro remedio Tana -respondió Coletas.

– Este año va a salir muy buena la mermelada Coletas -dijo Tana dirigiéndose a casa-. Me lo dice el corazón.

El sueño reparador

Muñeco  entre olivos

Coletas, hoy he tenido un sueño muy extraño -dijo Tana-. Ayer me acosté enfadada con mi amiga Lolita, discutimos jugando a la tanga por una tontería.

-¿Y qué has soñado? -pregunto Coletas-. Cuéntamelo, sabes que me encantan los sueños.

-No me acuerdo muy bien, estoy tratando de recordarlo- dijo Tana-. Pero recuerdo que aparecía Lolita.

-Cierra los ojos y quédate en silencio, así es más fácil recordar los sueños –le recomendó Coletas.

-Ya me acuerdo Coletas –dijo Tana al cabo de unos minutos.

Coletas, que se había alejado un poco, y  esperaba impaciente paseando se acercó corriendo.

-Cuéntamelo antes de que se te vuelva a escapar Tana –le dijo impaciente tirando de ella hacia uno de los bancos de la fuente.

Sentadas en el banco Tana comenzó su relato.

-Me desperté temprano en mi cama, era domingo, y como todos los domingos me vestí y salí a la calle para comprar el pan y los churros del desayuno. Como siempre, me acompañaba mi perro. Bajaba la cuesta de mi casa a la plaza corriendo, llevaba  zapatillas azules y pantalones vaqueros con la camiseta roja de punto que me hizo mi madre.

-¿Esa que me gusta tanto a mí que tiene un bolsillo? Interrumpió Coletas.

-Sí, esa.

-Vale,  es  para imaginármelo mejor. Sigue contando.

– Ahora viene lo gordo -continuó Tana-. No me crucé a nadie por el camino,  pero al llegar a la churrería estaba el churrero de espalda friendo lo churros y al darse la vuelta para preguntarme cuántos quería, me vi en él.

-No entiendo Tana.

-Pues eso, que el churrero era yo, tenía mi cara, mi tamaño, mi pelo… Hasta llevaba puesta la misma ropa. Imagínate el susto que me di, pegué un brinco para atrás, que casi me caigo.

-¿Y qué pasó?

-Él  me habló como todos los domingos, como si nada pasara  y me dio los churros. Yo no le dije nada de lo que me estaba pasando y cogí los churros disimulando. Entonces decidí entrar en la plaza para comprar unas manzanas y me di cuenta que me pasaba lo mismo con todas las personas que me cruzaba.  El frutero y todas las personas que había dentro del mercado comprando, el carnicero, los hortelanos… todos eran yo. Mi cuerpo estaba multiplicado, tenía cinco personas delante de mí en la cola de la fruta todas con mi cuerpo y con mi ropa. Estaba repetida en cada una de las personas que había en la plaza.

-¡¡Vaya sueño Tana!! -exclamó Coletas-. ¿Pero todas hablaban como tú?

-No eso no, sólo tenían mi forma,  la voz y las cosas que decían eran diferentes.

-¿Y qué hiciste?

-No pude decir nada sólo miraba y disimulaba, no me atrevía a preguntar ni a hablar con nadie. Compré las manzanas y me fui a casa. Por el camino me encontré otra vez conmigo

-Hola -me dije-. ¿Dónde vas tan deprisa que ni siquiera saludas?

-Es que no sé quién eres -respondí.

-¿Estás de broma? Soy Lolita.

– Ahora sí, claro. -“que lío” pensé “como le cuento lo que me está pasando, no va a creerme”.

-Te acompaño a casa -me dije- te veo muy rara. ¿Aún estas enfadada conmigo por lo de ayer?

La mire a mi cara y pensé “¿Enfadada contigo? ¿Enfadada conmigo? ¿Con quién estoy enfadada?” Entonces empezó a darme vueltas la cabeza,  sentí un mareo muy grande y me desperté.  Lo más curioso es que en la  cocina,  encima de la mesa estaban los churros y las manzanas que compre en el sueño.

-¿Te comiste los churros? Pregunto Coletas intrigada

-Si

-¿Y aún sigues enfadada con Lolita?  Volvió a preguntar.

-No, me he perdonado. Se lo tengo que decir. Tengo ganas de abrazarla -dijo Tana levantándose del banco para buscar a su amiga Lolita y darle un abrazo fuerte.

 

 

El ciruelo juguetón

Alberca. Ruta viajaraextremadura.es

Alberca. Ruta viajaraextremadura.es

Eran mediados de Agosto. Tana y Coletas paseaban por el camino que llevaba a la huerta. A las dos orillas crecían frutales con una buena cosecha; había peras de San Juan, ciruelas, higos y manzanas.

Cada una llevaba colgada de su brazo una cesta en la que recogían la fruta más madura para hacer mermelada.

-Mira ésta,  le ha picado un pájaro -dijo Tana.

-Esa es buena échala a la cesta, los pájaros no pican cualquier cosa, son expertos en frutas, y ten cuidado con  las que están en el suelo, no las pises, son las mejores Tana -dijo Coletas.

-¿Por qué son las mejores? -preguntó Tana agachándose a recoger una del suelo y limpiándola con un pañuelo antes de colocarla en la cesta.

-El árbol la deja caer cuando están en su punto de maduración perfecto.

-Que malo el árbol Coletas, las echa de casa  cuando son maduras -dijo Tana riendo- pobrecillas, que susto se darán con el porrazo -añadió Tana imaginando la ciruela caer del árbol gritando.

-Jajaja -rió Coletas con la ocurrencia de Tana.

-¿Te imaginas -continuó Tana- al ciruelo diciendo?: “Os comunico que ha llegado la hora de ir desocupando las ramas.  Ya sois lo suficientemente mayorcitas para vivir por vuestra cuenta”.

Hablando de estas cosas y riendo llegaron a un ciruelo muy extraño.

-Coletas, ¿qué le pasa a este árbol? – preguntó Tana dando vueltas a un ciruelo- Aún tiene flores,  algunas de sus ciruelas acaban de nacer, otras están verdes y aquí las hay maduras a punto de caer.

-Jajaja -rió Coletas-. Este es un  ciruelo  juguetón -dijo acercándose a él-.  Es un tipo de árbol muy especial. Se cuenta que estaba muy aburrido de hacer siempre lo mismo en las mismas fechas y decidió hacer las cosas de otra manera diferente. Él no dirige la cosecha como los demás, ahora sólo  interviene cuando se lo piden. Mientras no se lo pidan, se limita a observar lo que pasa en sus ramas. Mantiene todo  listo para que sean las ciruelas las que decidan libremente.  Respeta sus deseos y las deja nacer cuando ellas quieren para que así  conozcan otras estaciones y tengan otras experiencias. Por eso cada una está en  un periodo de crecimiento diferente, el que ellas han elegido. Van por libre.

-¡Qué jaleo! -dijo Tana.

Del árbol salían miles de conversaciones, todas opinaban: “yo sé lo que hay que hacer, seguidme…”, “la razón la tengo yo…”, “te lo dije…-“, “¿y si…?”, “a mí me parece…”, “yo creo que…”, “deberías  tener cuidado con esto…”, “yo pienso que…”, “eso está mal deberías haber…”, “lo sabía…”,  y  miles de frases parecidas.

Tana siguió dando vueltas al ciruelo mirándolo con asombro.

-Esto sí que es curioso -pensaba.

¿Qué miras tanto niña? – le dijo una ciruela verde que colgaba de una rama algo molesta.

-Hola  -dijo. – ¿Cómo estás? ¿Cómo es que aún no has madurado? Va a llegar el frío.

-No ha llovido lo suficiente,  además esa otra ciruela me ha quitado mucho sol,  eso es una injusticia, unas tanto y otras tan poco, así no se puede,  con este calor no hay quien crezca,  necesito agua… -se lamentaba sin parar la ciruela.

Coletas se alejó de ella dejándola con su retahíla de quejas y lamentos. “¿Para qué le habré preguntado?” Se dijo. “Le preguntaré a una madura -continuó  Tana diciéndose a sí misma-, quizás me cuente algo más interesante”.

-Hola,   que bien estás, tienes un color precioso, dan ganas de darte un bocado -le dijo Tana a la siguiente ciruela.

-Gracias -respondió la ciruela sonriendo.

“Esto pinta mejor”, pensó Tana.

-¿Cómo has conseguido madurar si casi todas tus compañeras están verdes aún?

-Al principio a mi me pasaba lo mismo, pero he aprendido algo. Pasé mucho tiempo como ellas quejándome de la lluvia, el aire, la falta de sol, el frío, creí que era eso lo que no me dejaba crecer, me sentía muy desgraciada y malhumorada casi todo el tiempo, culpaba a las demás,  sobre todo a las más maduras,  las veía muy malas, ellas me estaban quitando lo que yo necesitaba. No podía imaginar que todo era cosa mía. Un año, después de muchos quedándome  sin madurar,  entendí que no sabía nada, y le pedí ayuda  al “Gran Tronco”. Le dije  que me mandara una señal para nacer, estuve muy atenta a ella, olvidé todo lo que creía saber, reconocí que no me había servido de nada, vacié  mi mente,  y… milagrosamente  surgí  en el lugar y en el momento correcto, ahora todo está bien. Sólo tuve que pedir ayuda y confiar.

-¿No te dan pena tus compañeras? Algunas caen  jóvenes sin madurar e incluso cuando son sólo flores.

-No, ellas también van a aprender, sólo están experimentando. Cada una madura cuando llega su hora, todas aprenderemos y nuestro árbol  volverá  a dar los mejores frutos cada temporada. Es inevitable.

-¿Cuándo llegará? ¿Va a tardar mucho tiempo? -preguntó Tana.

-Todo el que necesitemos.

Las margaritas.

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-Hola Coletas- dijo Tana cruzando la puerta con un cuaderno de pintura y lápices de colores en las manos -, ¿pintamos?

-Vale- dijo Coletas-, vamos a los bancos de la fuente, ese es un buen sitio para pintar.

La dos niñas se dirigieron a los bancos repartiéndose los colores y al llegar, se pusieron de rodillas en la hierba, apoyando los brazos sobre el banco, y colocaron los lápices y el cuaderno en él.

-Toma una hoja Coletas, voy a pintar estas margaritas -dijo Tana, señalando un grupo de margaritas que crecían en el suelo, frente al banco.

-Yo voy a pintar esas nubes blancas -dijo Coletas mirando al cielo.

Después de un rato pintando muy animadas, Coletas, dijo  orgullosa, mirando su dibujo.

-Ya he terminado.

– Yo aún no -dijo Tana.

– ¿Por qué borras tantas veces? Así nunca vas a terminar –dijo Coletas mirando a Tana borrar.

– Me da pena  esta margarita, Coletas, la  estoy pintando por cuarta vez -dijo ésta.

-A mi me parece que está muy bien, ¿qué le pasa? ¿Preguntó Coletas?

-Le falta algo.

-Pero si está muy bien.

-Sí, pero no es como las demás, ¿ves su tallo? Es mas corto -dijo Tana.

– ¿Y?

-Los pétalos,  son más estrechos que los de las demás.

-Yo la veo muy bien, Tana -dijo Coletas.

-Pero, no es tan bonita -insistía Tana-, a ésta le falta algo.

-El que no sean iguales no quiere decir que le falte algo.  No  existen dos margaritas iguales, ¿quieres que lo comprobemos? – dijo Coletas.

Las dos se agacharon frente a las margaritas, para ver de cerca todos los detalles. Ésta es más grande, ésta más pequeña, ésta tiene el tallo más grueso, ésta otra tiene las hojas de su tallo más arriba o más abajo… Después de un rato largo Tana se convenció de que no había ninguna igual a otra. Fue divertido comprobarlo. Fueron mirando una por una y  todas parecían estar muy contentas con sus pétalos, sus tallos y sus hojas, reían, hablaban y bailaban sin parar como si estuviesen en una gran fiesta.

-¿Ves Tana? Todas las flores que ves son diferentes y todas están bien.

– ¿No les importa ser más feas o bajitas? – Preguntó Tana.

– No – dijo Coletas -.En el mundo de las margaritas, conocen un secreto. ¿Quieres saberlo? -añadió susurrándole al oído.

-Si, Coletas, dímelo pronto -dijo Tana impaciente.

-Saben lo  que son,  y no son lo que parecen.

-¡¡Vaya!! No entiendo nada Coletas, que secreto tan extraño -exclamó Tana decepcionada -. A mi me parece que son flores margaritas.

-Eso parece Tana, pero ya sabes;  no son lo que parecen.

-No son flores ¿y que pueden ser?;  ¿pájaros? -dijo Tana moviendo los brazos como si fueran alas.

-No, tampoco.

-¿Peces amarillos, ratones, insectos, sapos, cucarachas…?-continuó Tana impaciente.

-No Tana, vas muy despistada, lo que son  no se puede ver – respondió Coletas-. A simple vista,  te parecen  flores individuales, por eso tu las comparas, pero no es así, y ellas lo saben.  No les importa la forma que tenga cada flor, porque saben que ellas no son la flor,  ni las raíces, ni las hojas, ni  los tallos…  Son la única vida  disfrazada de planta de margarita.

-¡¡Ellas no son una flor!! -exclamó  Tana- Ahora lo entiendo: Saben lo que son y no son lo que parecen – entonces,  volviendo a mirar  su dibujo-. ¡Está perfecto, que secreto tan bonito!

“Soy la vida disfrazada de Tana”, le dijo a su madre esa noche antes de ir  a dormir.

Otoñeando en el mar

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Tana y Coletas están pasando unos días en el mar, no podemos decir que veraneando porque el verano ya pasó. Pero otoñear también  está muy bien.

-Octubre es un mes estupendo para visitar la playa, Tana -dijo coletas-  Hay menos aglomeraciones, menos tráfico,  más tranquilidad,  hace una temperatura estupenda y el agua está muy buena.

Están en un parque natural, en plena naturaleza como les gusta a ellas.  Sólo dunas de arena y el mar, que hoy estaba un poco picado y daba algo de miedo verlo y oírlo rugir.  Las olas no es que fueran especialmente grandes, pero muy seguidas. Al intentar  entrar en el agua agitada  y verse tan sola  frente a  un mar con tanta fuerza, Tana se asustó.

-Me da miedo, Coletas -Gritaba Tana desde la orilla.

-No tengas miedo Tana,  piensa que eres una gota, únete al mar – le respondió Coletas, que  ya estaba dentro.

Tana desde la orilla, veía su cabecita con las coletas,  saltando entre un montón de brillos que se asemejaban a estrellas que destelleaban en el agua a su alrededor.

Tana quería acompañarla, parecía que lo estaba pasando muy bien, así que , a pesar de su miedo, decidió hacer caso a Coletas; cerró los ojos y  con su potente imaginación, se vio como una gota de agua redondita  y azul; eso le tranquilizó y le dio valor para animarse a entrar.

-Esta muy buena Coletas, tenias razón -le dijo una vez dentro.

Las dos empezaron a jugar con las olas, saltándolas cogidas de la mano y pasando por debajo de ellas; alguna que otra, al enfrentarse a ellas y luchar por atravesarlas, les dio un pequeño revolcón del que se levantaban riendo y dispuestas a seguir jugando. Después de un rato largo y agotadas de tanto juego, salieron a tumbarse en la arena caliente.

-Ha sido estupendo Coletas – decía Tana-. Las olas aparecían de lejos, algunas se acercaban  gritando y soltando espuma blanca, parecía que querían comernos,  entonces nos metiamos dentro de ellas y asombrosamente allí no había ruido ni gritos, dentro en el corazón de la ola todo estaba en calma,  dentro es diferente, no es lo que parece, hay paz.

-También era divertido saltarlas, ¿viste aquella tan grandota Tana? Subimos muy alto antes de que rompiera   y se  desparramase en la orilla -añadió coletas.

Después de un largo silencio, Tana continuó.

– ¿Sabes una cosa  Coletas? He descubierto que es normal asustarse si piensas que estas sola. Cuando me convertí en una gota se agua  todo cambió, entonces no me sentí sola, ni pequeñita,  ya no veía el mar como una amenaza,  me sentí segura,  desapareció el miedo y empecé  a  jugar   y a  pasarlo muy bien.

-La  vida es como el mar, si  desconfías, te enfrentas  a ella y luchas,  te revuelca y te deja varada en la orilla, pero si te unes a ella todo cambia,  se convierte en un juego divertido.

-Hay veces que no comprendo la vida Coletas -dijo Tana-, hay cosas que me parece que no están bien.

– No puedes entender la vida, es demasiado grande para que la puedas comprender, sólo tienes que confiar en ella y todo irá bien – dijo Coletas.

-Confiar en la vida, no luchar contra ella, parece que suena bien, al fin y al cabo somos vida, ¿verdad Coletas?

-Pues claro Tana y ese árbol,  el pájaro, los peces … todo es vida, como tú.

¡¡¡¡Vamos a pasarlo bien Coletas!!!! -exclamó Tana.

 

 

 

 

De oca a oca

-¡Hola Coletas! -saludo Tana al entrar aquella tarde tormentosa en el jardín- ¿Qué te parece si hoy jugamos a La Oca? –continuó hablando mostrándole un tablero a Coletas.

-Qué bonito, cuantos dibujos; no se jugar Tana, pero puedo aprender- dijo Coletas.

-Claro es muy fácil. Vamos al porche te enseñaré, ya verás que divertido es.

Se dirigieron al porche, donde estarían resguardadas de un posible chubasco,  mientras Tana le explicaba en  qué  consistía el juego.

-Tenemos que recorrer un camino formado por  casillas o baldosas en forma de espiral desde aquí -dijo señalando la  casilla de salida, que estaba en la entrada de la espiral-, a la  meta que esta aquí en el centro -dijo señalando el centro del tablero.

La última y meta, era  la más grande y bonita de todas, en ella había un lago azul donde nadaban felices las ocas. El resto de casillas eran muy coloridas y variadas. Había desde un pingüino en el polo a un camello bebiendo en un oasis, pasando por un hotel muy lujoso a un barquito marinero varado en la playa…

-Es como un paseo, pero las que pasean son las fichas; que avanzan según el numero que marque  este dado- le dijo sacándose un dado del bolsillo.

-Parece muy sencillo -dijo Coletas,  sentándose en uno de los pequeños taburetes que rodeaban las mesa que presidia el porche.

-Sí,  lo es -dijo Tana sentándose en frente y colocando encima de la mesa el tablero, las fichas y los dados- Lo primero es lanzar el dado para ver quien empieza.

-Así -dijo Coletas, dejando caer el dado en el tablero, que se quedo en la cara del tres.

-Sí, así –dijo Tana cogiendo el dado y lanzándolo. Un cinco, como es mayor que tu tres empiezo yo Coletas, pero aún tenemos que elegir ficha,  y además,  tengo que explicarte las reglas.

-Mejor me las explicas mientras jugamos;  creo que para empezar, ya sé suficiente. Y bien Tana que ficha vas a ser tú.

Al decir esta última frase,  como si de una frase mágica se tratara, Tana se vio en el aire transformada en la ficha amarilla de la que salía su cabeza brazos y piernas, que agitaba con fuerza. Por suerte, se abrió un pequeño paracaídas,  y aterrizo suavemente  en  la casilla de salida del tablero. A su lado estaba Coletas convertida en la ficha azul.

-Bien ya estamos en la salida- dijo Tana mirando a Coletas- ¿estás preparada?

-Si- respondió Coletas.

Me toca tirar  a mí –dijo Tana

Un ratoncillo que andaba cerca, se ofreció para ser el tirador oficial.

-Va para Tana – dijo agitando el dado y lanzándolo  sobre el tablero.

Tana miraba fijamente al ratón  murmurando,<< un cinco, un cinco>>.  Coletas la miraba y no comprendía nada <<¿Para qué querrá un cinco?>> se preguntaba.

-Un dos,  mala suerte –dijo Tana- dando dos saltos para colocarse en la casilla número dos.

Coletas seguía sin entender y pregunto con curiosidad.

-¿Mala suerte?  ¿Por qué?

-Yo quería que me tocara un cinco, pero me ha salido un dos, por eso digo mala suerte.

<<En este juego cuando no te sale lo que tú quieres se le llama mala suerte, creo que voy entendiendo algo, tomo nota>>. Pensó Coletas.

-Te toca Coletas –dijo Tana.

El ratón lanzo el dado  por Coletas. <<Un cinco>>

Coletas empezó a dar saltos hasta llegar a la casilla número cinco. En ella había una gran  oca blanca muy bonita nadando en un rio. Iba a decirle algo,  cuando Tana la apremio.

-Que suerte has tenido Coletas –dijo, no te pares, ves por lo que yo quería el cinco; de oca a oca y tiras porque te toca, salta a la oca siguiente. Esta es una de las reglas de las que te hablo, las casillas de las ocas son buenas, te hacen correr más, pero no te confíes, también las hay malas.

-¿Tú crees que esta casilla es  buena? A mí no me gusta correr tanto Tana, yo prefiero ir más despacito -le grito Coletas, sofocada por las prisas y  dando un gran salto para alcanzar la siguiente oca. <<Casillas buenas y malas. ¿Quién lo habrá decidido?>> Continúo diciéndose a  ella misma, mientras se secaba el sudor de la frente.

-No te has enterado de nada –dijo Tana- bueno ya aprenderás  de todas formas vas ganándome.

-¿Ganándote? ¿Yo, a ti? Pero  yo no quiero ganarte, además, eso es imposible Tana, nadie puede ganarte -dijo Coletas, que cada vez entendía menos, pues nunca había competido con nadie. ¿Creí que  se trataba de llegar a la meta? ¿Qué más da quien llegue primero?

-Ja ja ja, se rio Tana, pensando que  Coletas solo quería consolarla.

<<Tirada para  Tana>>-dijo el ratón lanzando de nuevo el dado.

-Un cuatro…

Así se fueron sucediendo las jugadas, un dos, un cinco, de oca a oca…

-Mírame Tana estoy en París- gritaba Coletas desde la casilla de la Torre Eiffel-  ¡Cuanta nieve, que frio! -decía desde  unas montañas nevadas-

-¡Hola!  -saludaba Tana desde la playa- ¡Mira cuantos colores Coletas! –exclamaba desde un campo de tulipanes.

Coletas vio un pozo, y como tenia sed pensó que sería una muy buena casilla para caer,  así que cuando el ratón tenía el dado preparado en su turno -pensó <<un tres, un tres>>, que era lo que necesitaba. El ratón lanzó y el dado marcaba un tres, pero antes de poder expresar su alegría oyó a Tana decir:

– Coletas, has caído en el pozo. Esa es una casilla de las malas, ¡¡qué pena!!

-<<¿Mala? ¿Pena?>> -Pensó coletas- ¡quería caer en ella Tana! -exclamo- según las reglas del juego he tenido buena suerte,   me ha salido como yo quería ¿Por qué dices que es mala? ¿De qué te da pena?

-Porque no puedes salir hasta que no corran tres turnos.

-¡¡Qué bien!! –Exclamo- descansare un poco y me refrescare en este pozo tan bonito.

-<<No se entera de nada, se cree que es una casilla de las buenas>> -Pensó Tana-. Coletas así no es el juego, no estás de vacaciones, lo haces todo al revés -le dijo.

-¿Al revés?  Solo estoy jugando. No sé cuál es el revés y el derecho. ¿Acaso tú lo sabes?

-Tana se quedo un rato pensativa y exclamo;

– ¡¡Me gusta como juegas!!  También quiero caer  en el pozo. <<Que me toque un uno, que me toque un uno>> –dijo mirando al ratón.

– ¡¡Un uno para Tana!! -exclamó este. De un salto,  Tana se coloco junto a coletas en la casilla del pozo a descansar y contarse sus aventuras por las variadas casillas en las que habían caído durante el paseo.

-Ya llegaremos –dijo Tana-  Jugar al revés es muy divertido.

Jajajajaja- reían mientas tiraban de la cuerda del cubo que subía lleno de agua clara del pozo.

 

 

 

 

 

Sin conexión

El Fresno sin conexion.

 

Tana y Coletas estaban pasando la tarde debajo de un fresno  en la orilla del río. Esa tarde Coletas le había propuesto a Tana ir hasta allí,  porque en  primavera, los nenúfares y los juncos con sus lirios amarillos, adornan el río poniéndolo  especialmente bonito y digno de ver. -Además los pájaros están muy cantarines  -le había dijo Coletas,  sabiendo que a Tana le gustaba mucho oírlos. Se colocaron a la sombra de un gran fresno, a la orilla del río, pues  el sol calentaba esa tarde y estaban sofocadas del paseo.

-Me encanta oír cantar a los pájaros Coletas, me  gustaría entenderlos como tú -dijo Tana tumbada boca arriba, sobre una manta,  en la yerba con los ojos cerrados para concentrarse mejor en sus trinos.

-Hola , hola  -Oyó gritar  Tana entre el canto de los pájaros.

Era una voz chillona y alegre, venía  del fresno. Una seta blanquita,  que se había acomodado en una oquedad a media altura del tronco,  saludaba al árbol  animadamente.

-Buff , ¡¡ lo que me faltaba un hongo!! – exclamó el fresno muy bajito como para él mismo- ahora me pondré enfermo y se me caerán las hojas, se secaran  mis ramas, luego me faltara la sabia por el tronco. ¡¡Esto es el fin!! -concluyo temblando de miedo. Mejor ni miro.

-No será para tanto señor fresno, solo es una setita de nada hombre –dijo Tana, que lo estaba oyendo,  incorporándose.

-Tú no conoces a  Fresno Preocupación – intervino Coletas que estaba tumbada a su lado-. Es muy miedoso, solo tienes que acercarte a él y tocarlo para sentir como tiembla. Su problema es que esta desconectado.

-¿Desconectado de que? -pregunto Tana- ¿acaso los arboles tienen enchufe? -dijo Tana imaginando a todos los arboles con un cable como el de las lamparas saliendo de su tronco.

-No Tana. ¡Que cosas tienes! -dijo Coletas- es la raíz,  todos los  arboles están conectados por la raíz.  Él no lo sabe, se ha olvidado,  cree que esta  solo, de  ahí su miedo.

-¡¡Holaaaaa!! -volvió a gritar el hongo esperando una respuesta e interrumpiendo la conversación de  Coletas y Tana,  que  callaron inmediatamente al oír responder al fresno:

-¿Acaso nos conocemos de algo? -dijo muerto de miedo.

-Claro que nos conocemos nos hemos visto en la China y en Australia y en la Pampa…

-Creo que te está equivocando, yo nunca he estado en esos lugares -dijo el árbol cortando el discurso de la parlanchina seta.

– Ja ja,  no trates de engañarme, eres tú,  te reconozco. Yo viajo mucho,   he recorrido el mundo entero, y en todos los lugares que he visitado estás tú.

-Estas confundido <<¡lo que me faltaba! un  hongo loco, seguro que me pega la locura.  Debe ser de esos que provocan alucinaciones>>soy un fresno, un árbol de sombra y vivo en este río, nunca me he movido de aquí.

-Jajajaja- se río el hongo- ¿Tú me  estas gastando  una broma?

-¿De qué te ríes? -dijo el árbol en un alarde de valor y bastante molesto-,  no tengo tiempo para bromas, tengo muchas preocupaciones – continuo diciendo enfadado y dando por zanjada la conversación.

-¿Preocupaciones? -dijo la seta- ¿qué es eso?

-¿Acaso crees que cuidar de las ramas, y de  todas mis hojas es fácil? -dijo el árbol, mientras  pensaba << no sé para que le contesto, lo mejor es no hacerle caso para que se aburra y se vaya>>

-Sí, creo que es muy fácil, solo tienes que dejarlas bailar con el viento y refrescarse con el agua de la lluvia -respondió la seta.

<<Para bailes estoy yo>>pensó el árbol, sin  mediar palabra, pues  había decidido cortar esta absurda conversación.

-Escúchame – le volvió a decir la seta-. ¿Hablas en serio? ¿Seguro que no eres un bromista? ¿De verdad no sabes lo grande que eres? ¿Acaso has perdido la memoria?

El árbol no contesto, se había tapado los oídos y no quería seguir escuchando. Coletas, levantándose, se acerco a la seta  que no entendía porque el árbol se comportaba de esa manera tan extraña.

-Es un caso muy raro. El piensa que está separado,  no siente la conexión, se siente solo. Tiene mucho miedo.

El hongo,  recordó que alguien le había hablado de casos como este de pérdida de conexión por falta de memoria, pero nunca se había topado con uno.

-Eso es peor, yo creía que estaba de broma -le dijo a Coletas con tono apenado.

La seta dejo pasar un rato en silencio para pensar, el cual a Tana, que escuchaba sin moverse de su sitio muy atenta,  se le hizo interminable, pues se moría de curiosidad por ver como acabaría esta charla.

-¿Quieres que te cuente una cosa que sé sobre ti?- le dijo por fin mirándole directamente a los ojos.

-¿Qué puedes saber tú de mi que yo mismo no sepa? -respondió el árbol

-Vivo junto a tu raíz.

-¿Y que sabes de mi raíz? -preguntó con cierta curiosidad.

– Esta conectada  con todos los arboles del planeta , y  es inmensa, estás por todos lados   de norte a sur y de este a oeste, por debajo de  la superficie de la Tierra.  Está  en la selva, en los oasis del desierto, en los bosques… No tienes que preocuparte por nada solo tienes que respirar y tomar el sol, y jugar con el viento, dar cobijo a los pájaros,  sombra en verano…

-Yo no estoy conectado a  nada,  y no estoy aquí de vacaciones tomando el sol. Soy un árbol,  tengo mucho trabajo y muchas preocupaciones, deja ya  de decir tonterías-dijo, y aunque no quería  reconocerlo le estaba empezando a interesar lo que contaba la seta sobre el mismo.

-Tú  eres  mucho mas -insistió la seta-  eres muy grande, eres cada uno de los arboles que crecen por todo el mundo. Lo que sale a la superficie no eres tú, es solo una pequeñísima parte de ti. El que tus ojos no puedan  abarcar tu inmensidad y tu grandeza  no quiere decir que no lo seas.

-Las cosas que no se ven,  no existen, no son nada -dijo el árbol para zanjar el tema de una vez

-¿Acaso puedes ver el aire?  -dijo la seta- la conexión , es como el aire , no se ve.  Se siente. Se sabe…¡¡ es!!

Después de esta conversación el árbol quedo muy quieto, se hizo un gran silencio y empezaron a  caer  todas las hojas de sus ramas al suelo como si fuesen lagrimas.

-¿Le pasa algo Coletas? -pregunto Tana asustada.

-Nada malo Tana. Se acaba de conectar, ya no tiene miedo, ha dejado de temblar. –dijo Coletas que aun estaba junto al árbol.

Y como por arte de magia sus ramas empezaron a cubrirse otra vez de hojas,  y rápidamente comenzaron a bailar con la brisa que repentinamente se levanto aquella tarde  en la orilla del río.

Respinsar

Recuerdo muy bien el día que aprendí a “respinsar” me enseño Coletas. Ella sabe muy bien lo que necesito en cada momento. Aquella tarde llegue al jardín, y al no verla esperándome como de costumbre la llame poniendo las manos en la boca a modo de altavoz:

-¿Dónde estás Coletas? -estaba un poco nerviosa; al día siguiente me daban las notas y no podía dejar de pensar en ello, pues dudaba de la de matemáticas.

-Estoy aquí Tana – me respondió  muy tranquila desde su hamaca de rayas amarillas.

-¿Estabas dormida? Perdona si te he despertado –me disculpe.

-No me has despertado –me dijo-  estaba “respinsando”

-¿”Respinsando”? ¿Qué es eso?

– Juntar a Men con Res.

– Que cosas tan raras dices; hazme un sitio –le dije acomodándome  en la hamaca junto a ella-.  Cuéntame,  ¿qué es eso de juntar a Res con Men? No veo a nadie por aquí ¿Quiénes son? ¿Las conozco? –la interrogue  dispuesta a averiguar qué era lo que quería  contarme  con esa nueva palabreja.

-Claro que las conoces Tana –me dijo sonriendo-  ¡¡a ver si lo adivinas!!  -exclamo.

-Dame pistas –le respondí.

-Res es muy calladita, no hace ruido y  trabaja en silencio hasta cuando dormimos. Men es hiperactiva,   va de un lado a otro sin parar. Es como torbellino, no descansa ni un segundo. Ayuda mucho con las matemáticas pero también  distrae,  hace llorar y  reír…

<<Pues no se quienes pueden ser esas dos>> -pensé. -¿Y dices que las conozco? –le pregunte extrañada.

-Si las conoces muy bien.

-¿Viven cerca de mi casa?

-Viven  en tu casa, están siempre contigo.DSC_0370

¡¡Ya lo tengo!! ¿Son bichillos como mosquitos,   arañas o grillos?

-Frio, frio.

-¿Cuántos años tienen?

Los mismos que tú  -me dijo- nacisteis el mismo día.

-¿Las veo todos los días?

-Son invisibles – me espeto.

– ¿Invisibles? -esto era demasiado,  pensé -. Me rindo Coletas. ¡¡Dímelo ya!!  Es tan misterioso que creo que no lo averiguare en toda la tarde – le dije riendo y poniendo las manos en alto.

– Te lo diré; porque esta tarde te noto un poco  despistada –me dijo-. Es muy sencillo. Res,  es la respiración y Men es la mente. Respinsar, como la misma palabra dice  es respirar pensando.

-Eso parece muy aburrido – dije un poco desilusionada.

-Al principio cuesta, ¡¡son tan distintas!! –exclamó Coletas-. Pero cuando se conocen, se buscan ellas solas. A las dos les gusta estar juntas; Men se tranquiliza y descansa de tanta actividad,   y Res se pone contenta, al fin y al cabo  a todos nos gustan que nos presten atención de vez en cuando.

-Lo voy a probar ahora mismo -dije-.  << Total, estar pensando en que voy a suspender matemáticas  no me parece nada divertido >>–murmure para  mí.

A continuación,  cerré  los ojos,  pensé como entraba el aire fresquito de la tarde por mi nariz,  sentí como se  llenaba  mi barriga con él hinchándose, y como salía por la boca más caliente. Me fije por lo menos cuatro veces y me sentí muy bien. <<Esto funciona>> –pensé.

Me olvide por el resto de la tarde de la nota de matemáticas, y la pase jugando con  coletas a  veo, veo, adivinanzas, subiendo a los arboles a por fruta… Ahora,  muchas veces me sorprendo respinsando;  en la parada del autobús, cuando camino, cuando me visto,  o cuando espero a alguna amiga tardona. Como siempre Coletas sabía lo que decía,  no es nada aburrido, ahora ellas, sin yo darme cuenta, buscan ratitos para estar juntas.