Verano en Extremadura

 

¡Hola! Seguimos con paseos por Extemadura, más concretamente por Cabeza del Buey.  El verano, si madrugas o aprovechas las ultimas horas de la tarde, es una época muy bonita para pasear por el campo. El paisaje tiene otro color en este tiempo,  la calima no deja ver toda la profundidad de las vistas, es otra forma de conocer Extremadura. Este año los pantanos están muy bajos y hemos salido más por la sierra.

 

Las aceitunas y las bellotas están esperando el agua de septiembre para dar el estirón y ponerse gordas;, en los huertos las granadas y los membrillos también. Las higueras y los perales ya están cargados y los pájaros dan buena cuenta de todo lo que no este protegido con redes. Las flores están secas y el pasto amarillo. Me encuentro una nota escrita en el camino que me ha gustado;”por estas tierras nació y se crió…”  Quizás vivió en una casa en ruinas que aparece unos pasos  más adelante. Ahora por aquí ni nace, ni se cría nadie. Los tiempos cambian.

Cómo saber si padeces “Síndrome de déficit de Naturaleza”

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Los pueblos van perdiendo población progresivamente desde los años 60. En los años 60/70 la gran mayoría de las personas que salían de ellos no tenían estudios. La ciudad, les ofreció mejores condiciones de trabajo y de vida por lo que  nunca volvieron a sus pueblos de origen. Las ciudades cada vez son mas grandes y los pueblos mas pequeños. Gran parte de las personas que hoy viven en grandes ciudades han perdido totalmente el contacto con su pueblo de origen, o han olvidado como era la vida cuando su ciudad era mas pequeña y cercana a la naturaleza, y solo conocen la vida en el asfalto.

Esto esta provocando un síndrome por déficit de naturaleza, sobre todo en los niños, del que cada vez se habla mas en la prensa y en la red.

Contestando a estas 10  preguntas sabrás si tu familia puede estar padeciendo este síndrome.

  • ¿Cuánto tiempo hace que no oyes pájaros cantando al despertar?
  • ¿Cuánto tiempo hace que no andas descalzo sobre la hierba?
  • ¿Cuánto tiempo llevas sin ver un amanecer?
  • ¿Cuánto tiempo hace que no oyes correr el agua de un arroyo?
  • ¿Cuánto tiempo hace que no te manchas de tierra los zapatos?
  • ¿Cuánto tiempo hace que tu vista no se pierde en un verde horizonte?
  • ¿Cuánto hace que no hueles a tierra mojada?
  • ¿Cuánto hace que no hueles a romero, jara, tomillo…?
  • ¿Has jugado con tus hijos alguna vez en el campo?
  • ¿Cuánto tiempo llevas sin descansar a la sombra de un árbol?

Si no tienes con frecuencia estas sensaciones y ademas tienes falta de vitamina D, gripes, resfriados recurrentes y asma,   es posible que tú y tu familia padezcáis el síndrome por déficit de naturaleza.

Este síndrome no necesita pastillas, su único tratamiento es pasar regularmente mas tiempo en contacto con la naturaleza.

El catedrático de Psicología Ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid, José Antonio Corraliza Rodríguez recomienda en sus entrevistas.

“Hacer ejercicio físico en entornos naturales o naturalizados; siempre es mucho mejor que hacerlos en un interior, en canchas, o simplemente, por calles urbanizadas. Hay que buscar recursos para entrar en contacto directo con la naturaleza siempre que se pueda. Tocar, sentir elementos del entorno natural como el agua y la vegetación”. (mujerhoy.com)

Por eso, Corraliza aboga por romper los actuales hábitos infantiles, centrados en las nuevas tecnologías, y recuperar los espacios naturales públicos: jugar en la calle, en jardines, en parques, aprovechar salidas al campo los fines de semana, a granjas… por ejemplo. «Se puede aprender cómo es una mariposa a través de un microscopio, pero motiva más si se ve la mariposa al aire libre», concluye el profesor. (ABC.es familia).

Por último para conocer de los beneficios que aporta la naturaleza, recurrimos  al escritor Louv, el cual  sugiere en su libro “El último chico en el bosque” que los niños que son expuestos a la naturaleza muestran mejoras intelectuales, espirituales y físicas en comparación a los que se mantienen encerrados. Las actividades en la naturaleza probaron disminuir el estrés, aguzar la concentración y promover resoluciones creativas a problemas. Louv y varios investigadores más consideran que ésta es una buena terapia para el síndrome de déficit de atención y otros males que afectan a los niños. Louv va un poco más allá, sugiriendo que mientras aumentar la exposición de los niños a la naturaleza puede ayudarlos a centrarse, la existencia de desórdenes es evidencia de que dos generaciones de alienación pueden haber resultado en un daño considerable ya hecho a nuestros niños. Y es que el periodista no olvida destacar que, más allá de los pequeños, a los mayores también nos hace bien un poco de verde en nuestras vidas.

El libro de Louv cita evidencia de que los niños necesitan de la naturaleza para desarrollar sus sentidos de aprendizaje y creatividad. Estudios en Estados Unidos, Suecia, Australia y Canadá han demostrado que los chicos que juegan en escenarios naturales (con ríos, campos y árboles) son más propensos a crear sus propios juegos y mostrar mayor cooperación que aquellos que juegan en escenarios armados. Y es que en los ambientes controlados no hay verdadera experimentación ni riesgo. Aunque, precisamente, el riesgo que es lo que los padres desean evitar, es lo que más nos enseña y estimula la creatividad a la hora de encontrar soluciones. (www.neoteo.com)

¡Disfruta de la naturaleza!, te esperamos en #Extremadura

La primavera se asoma.

 

 

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Los almendros son los más impacientes y los  primeros que presienten la primavera;  enseguida sacan sus flores blancas. Durante el resto del año nos pasan totalmente desapercibidos, un árbol bastante simplón,  pero estos días destacan sobre el paisaje verde haciéndose visibles por muy escondidos o lejanos que estén. Salpican   las sierras y los caminos dando un toque de luz al ambiente,  que diría un decorador. Me recuerdan  a  los árboles de Navidad llenos de bombillas encendidas.

Además del toque luz  de los almendros, estos días son preciosos para pasear por el campo. El clima es el ideal, ni frió ni calor, “cero grados”, Las tardes van siendo más largas, el sol pasa más tiempo con nosotros y calienta, la brisa es fresquita y se agradece cuando estás haciendo ejercicio al aire libre.

Hoy Javier y yo subimos  a la sierra; buscábamos pinturas rupestres. Aunque no siempre las hay, nos gusta cuando descubrimos algunas como hoy,  y siempre nos merece la pena la subida, porque nos  encantan los lugares  donde se asentaban  nuestros  antepasados.  Todos tienen unas vistas asombrosas desde las terrazas que siempre presiden los abrigos y cuevas. En ellas, ademas de descansar  y tomar el sol, me imagino que   observando el valle,   recopilaban mucha información sobre  lo que pasaba en el. Sigo imaginando que en cada tribu existirían expertos con vista de lince, los cotillas oficiales o vigías encargados de mirar, a los que no se les escaparía ni un detalle;  cuantas reses había, donde comían o dormían, también quien se acercaba a su territorio, cuantos pasaban por el camino… No sabemos qué significan las rayas y símbolos que pintaban en los muros, ni quién sería el encargado de hacerlos, pero seguro que estaban muy organizados,  y que tenían muchos conocimientos y habilidades diferentes a los que tenemos en la actualidad, pero no menos importantes ni valiosos, pues gracias a ellos estamos hoy aquí y no nos hemos extinguido.  No me gusta verlos como personas atrasadas. Ellos conocían y sabían cosas que nosotros  desconocemos porque no las necesitamos hoy para sobrevivir.  Me gusta imaginarlos como hombres y mujeres fuertes, ágiles y rápidos, felices y divertidos. Me maravilla ver como hemos evolucionamos y me recuerda que aun  seguimos haciéndolo.