Narciso y su reflejo

 

 

 

 

El moral Narciso

 

En el huerto, al lado de la alberca, brillando al sol como una estrella de cine, había un moral muy bonito.

― Me dijiste que un día me contarías la historia del “árbol guapo”, Coletas.

Así era como todos, en la huerta, llamaban a ese árbol.

―¿Por qué crees que te he traído hasta aquí?

― Pues empieza, tengo ganas de escucharla ―dijo Tana sentándose en el banco de piedra que había bajo el árbol.

Coletas se sentó a su lado y bebió un poco de agua antes de empezar a hablar.

―Desde muy pequeño, Narciso, que así se llama este moral, destacó entre sus compañeros ―comenzó Coletas―; su tronco era alto y recto y sus ramas estaban muy proporcionadas. Siendo joven, descubrió su reflejo en la alberca, y le gustó mucho, tanto que se pasaba muchas horas al día contemplándose en él y acabo enamorándose de el mismo.

―¿Se volvió loco?

―Un poco loco si estaba ―continuo Coletas―. Pensaba que eso era la realidad. En el reflejo no solo aparecía él, en la alberca, se reflejaba todo el huerto como si fuese una pantalla de cine, Y lo más asombroso eran las voces. El reflejo hablaba. Narciso estaba totalmente hechizado.

― ¿Qué le decía?

―Lo comparaba con los demás y le decía que era el más apuesto, también le daba consejos para cuidar sus ramas y tener las mejores moras, y le contaba muchos chismes y chascarrillos. Siempre había mucho ruido en el reflejo. Hablaban todos a la vez.  A veces también se enfadaba. Todo este ruido lo tenía tan abstraído que se olvidó de su o parte real. Tan solo su vecino un árbol viejo al que le faltaba una rama le advertía “Narciso pasas mucho tiempo aquí, te estas olvidando de la parte de ti que no sale en el reflejo; tus raíces, debes cuidarte” pero él no atendía a razones.

Cuando dio su primera cosecha esperaba, secretamente, que siendo un árbol tan bonito su cosecha sería la mejor, pero no fue así; sus moras eran muy corrientes, y para su sorpresa entre ellas había algunas secas y pellejudas que no servían para nada.

―Qué disgusto se llevaría al verlas ―dijo Tana.

―Sí, pero como eran pocas, no le dio mucha importancia ―continuo Coletas―.  Al año siguiente creció el número de moras pellejudas, pero Narciso seguía escondiéndolas. Así año a año llego un momento que Narciso tenia tantas moras malas pudriéndose en sus ramas que no podía seguir ocultándolas. Pero lo peor era que sus ramas empezaron a secarse por las puntas. Su reflejo ya no era tan bonito. Además, tenia fuertes retortijones. Narciso se puso muy triste.

―Lo entiendo ―dijo Tana―  debió ser muy duro para el verse estropeado.

―Sí, por eso fue a buscar consuelo en su vecino el anciano manco, pero ya no estaba allí, se había ido hacía dos años y él ni siquiera se había enterado.  En su lugar había un naranjo muy joven al que no conocía. Al preguntarle por el anciano, este le dijo que había dejado un sobre para él.

Narciso lo abrió, y leyó la carta que venía dentro con mucha atención. En ella explicaba que sus moras eran malas porque estaba empachado de su reflejo; las ramas y el tronco, y que estaba desatendiendo lo que no salía en el reflejo; las raíces, la parte más importante.

Al terminar la carta, Narciso cerró los ojos y entro en su tronco hasta sus raíces, al rato se calmaron sus retortijones y su tristeza. Su nuevo amigo le explicó, que al principio debía recordar entrar tres veces al día, desayuno comida y cena hasta que su adicción al reflejo desapareciera por completo.

―Tan solo era un empacho ―dijo Tana.

―Sí, se empacho de su reflejo, era tan bonito y le gustaba tanto que se volvió adicto y se olvidó de atender sus raíces.  Por suerte se curó rápidamente y ahora da muy buenas moras.

―Ya no se mira en el reflejo.

―Sí, pero ya no le hace tanto caso, aprendió la lección, ahora sabe que es dentro donde ocurre todo lo importante.

El gran olvido

 

―Hoy es el día de los enamorados, en mi colegio hemos tenido que escribir cartas de amor ―dijo Tana.

―¡Qué bonito!

―Sí, es bonito, pero, ¿qué pasa cuando te pones triste porque quieres a alguien y ese alguien no te quiere a ti?

―Te lo explicare con un cuento para que lo entiendas mejor. Dime algo que haga muy feliz a todo el mundo que tú conozcas.

―Las chuches ―dijo Tana rápidamente.

―Había una arbolita naranjo ―comenzó Coletas―  que le gustaban mucho las chuches, porque al comerlas sentía mucha felicidad. Su padre, que la quería mucho, le regalo una bolsa mágica llena de chuches que nunca se agotaba. Un día, la arbolita, decidió esconderla en un lugar seguro, y la escondió tanto, que se olvidó de ellas. Entonces empezó a pedir chuches a todos los arbolitos del huerto.

―¿No se acordaba de donde había puesto su bolsa?

―No, lo había olvidado por completo ―continuo Coletas― por eso pedía a los demás. Un día se fijó en un arbolito que crecía junto a ella y empezaron a hacerse arrumacos con las ramas formando corazones. Eran una pareja muy bonita y le daba muchas chuches. “Que feliz me haces” le repetía continuamente la naranja al naranjo. Pero un día, el naranjo, empezó a rozar sus ramas con otra naranjita que pedía menos, pasaban mucho tiempo charlando, hasta que poco a poco la abandono y se fue con ella. La naranja se llenó de tristeza. “Soy muy infeliz” le decía a su padre, un viejo naranjo que vivía a su lado. En naranjo padre que tenía el tronco lleno de corazones atravesados con flechas, se limitaba a abrazarla pues sabía que algún día encontraría sus propias chuches.

Sus amigos, al enterarse fueron a visitarla y como no querían verla triste, la animaron a salir para distraerse. Entonces, nuestra amiga, hizo un agujero en la tierra y escondió dentro su tristeza, después, se recompuso y empezó a dar largos paseos por el jardín.  Durante uno de ellos, conoció a otro naranjo con el que, aunque con mucho miedo, comenzó una nueva relación. “No quiero que me pase como antes”, pensaba. Poco a poco sus ramas se volvieron a rozar formando nuevos corazones, y otra vez, con las dulces chuches que intercambiaban volvieron las mariposas al estómago. “Que feliz me haces” le repetía, “no me abandones nunca, sin ti no podría vivir”.

Parecía que todo iba bien, pero, a los pocos meses se rompió la amistad, las chuches se volvieron amargas, y otra vez apareció la tristeza.  La naranjita volvió a esconderla en el agujero. Y siguió buscando.

Así pasaron muchas veces más y cada vez que, por una razón u otra, tenía un desencuentro o un abandono aparecía la tristeza y ella la guardaba en el agujero y seguía buscando fuera incansablemente.

El agujero estaba a punto de rebosar de tristeza, cuando Naranjita encontró a su verdadero amor. Esta vez nada podía fallar; era perfecto y tenía las chuches más dulces que había probado nunca. Pero un día, su amigo, se levantó con muy mal color de ramas y en muy poco tiempo murió. Una gran tristeza invadió a la naranja.

―¡La guardo otra vez en el agujero? ―preguntó Tana.

―En el agujero no cabía tanta tristeza, rebosaba por todos lados. La naranjita no tenía ganas de comer, ni de hablar, todo le daba igual; “no me importa lo que suceda”, decía. Sus amigos, preocupados, fueron a visitarla y la animaron a buscar otro arbolito que le diera chuches, como había hecho siempre, pero la naranjita no podía; estaba inundada de tristeza, solo quería estar con su padre, no le interesaba buscar más chuches fuera. “No sé qué hacer ” le dijo muy apenada a su padre. Su padre que sabía que había llegado el momento, le dio una pala y le dijo; cava y saca toda la tristeza que has escondido entre tus raíces, y cuando lo tengas todo limpio y ordenado, encontraras un tesoro.

La naranjita se puso a cavar, tenía muchas capas de tristeza, le dolía cada palada de tristeza que sacaba, pero siguió y siguió limpiando su interior, hasta que un buen día, después de mucho cavar y limpiar, se encontró con sus raíces formando un inmenso corazón, y en el centro, su bolsa de chuches brillando como un tesoro. Entonces recordó todo.  Las comió; eran muy, muy dulces, y sintió como la felicidad, subía por el tronco y llegaba hasta la más pequeñita de sus hojas.

Desde ese día nunca más necesitó pedir chuches a los demás para ser feliz, Su vida es diferente, ahora solo sabe dar. Encontró un nuevo amigo con el que es muy feliz y la tristeza nunca más volvió.

 

El olivo Peloche.

 

Coletas y Tana estaban paseando por el bosque, allí las plantas crecían libremente, dejando apenas espacio para pasar entre ellas.

—Quiero que conozcas los matorrales, estas plantas sirven de refugio a los animales que viven en el bosque. Este se llama Lentisco ―explicó Coletas.

―Apártate lento, lentisco que me estas retrasando ―dijo Tana apartando una rama para pasar.

―Este se llama Coscoja.

―Como pincha. Dijo tana al tocar sus hojas. ¡Cómo te coja coscoja!

Coletas explico que era para defenderse de los animales que comen sus hojas como el ciervo o la cabra.

―Pues se defiende muy bien ―dijo Coletas frotándose el dedo

―Este árbol con hojas como agujas, se llama enebro. Cuidado que también pincha―continuo Coletas.

―Este me lo aprendo fácil; enebro la aguja.

Coletas advirtió a Tana otra vez al ver que se acercaba mucho a una jara.

―Ten cuidado no te manches con la jara pringosa.

―¡Como brilla! ¿Para que se pone ese pringue, es para estar más guapa?

―No es para que las demás plantas no crezcan cerca de ellas y así tener mas terreno.

Hablando sobre las plantas y recordando sus nombres caminaron mucho sin darse cuenta.

―Es hora de volver, el bosque se ha cerrado tanto que no podemos continuar ―dijo Coletas.

De vuelta vieron un clarito con un agujero en el centro y decidieron descansar un rato.

Las niñas se sentaron en el borde del agujero

―¿Quién hizo este agujero tan grande? ―preguntó Tana.

―Es el agujero que dejo el acebuche Peloche cuando se fue del bosque ―contestó Coletas.

―¿Por qué se fue? ¿Dónde vive ahora?

―Se marchó al valle, porque decía que el bosque le sentaba mal. Se pasaba el día quejándose; “tanto bicho y tantas plantas raras a mi alrededor me provocan muchos picores”  decía rascándose sin parar, así que un buen día, muy cansado de su situación, recogió todas sus raíces y se fue a un valle, donde había un gran olivar con sus calles bien trazadas, en las que todos estaban en línea y donde se hizo llamar Olivoche.

―¿Se curó?

Al principio todo marchaba bien, en su nuevo hogar había agua abundante y le araban la tierra y no crecían plantas extrañas, como el decía, a su alrededor .  Sus aceitunas se pusieron más gordas y carnosas,  pero pronto aparecieron de nuevo los picores.

―Pobre Peloche ¿Por qué iba al médico?

―Eso le recomendó su vecino, pero él no hizo caso. “Yo sé lo que me pasa, es por el clima, tanta humedad no me conviene” decía. Así que otra vez recogió sus raíces y se marchó huyendo de sus picores a un olivar de Sierra. “Aquí corre aire fresco, seguro que estaré mejor”. Pero como la vez anterior, al poco tiempo de estar instalado los picores volvieron a aparecer.

―!Qué pesados los picores¡―dijo Tana.

―Otra vez sus vecinos le recomendaron que visitara a un experto. Esta vez, Peloche, que ya estaba muy cansado de cargar con sus raíces de un lado a otro, decidió hacerles caso y fue a visitarlo. “Me siento mal, tengo muchos picores” le explicó. El experto, después de mirarlo muy bien, dijo que sabía dónde estaba el problema.

―¡Que alegría! ¿Dónde estaba? Preguntó Tana que escuchaba muy atenta.

―Estaba dentro de él, eran unos bichitos muy pequeño que vivían en su tronco, escondidos bajo su corteza, “puedes irte donde quieras”, dijo el experto,” la causa de tus picores no está fuera, está dentro de ti; viaja contigo a todas partes”. El olivo no quiso creerlo. “Eso no puede ser, estoy muy sano, el problema está fuera”, dijo. El experto le presentó todas las pruebas que confirmaban su diagnóstico. “Es una enfermedad muy común”, le dijo: “conozco muchos casos como el tuyo y tiene fácil solución” y le mando un tratamiento para su interior: solo tienes que mirarlos, ellos quieren que los tengas en cuenta. El olivo, al principio de resistía a creer al médico, pero poco a poco fue observando los bichitos que no paraban de moverse de un lado a otro, y afinando el oído los podía oír quejarse: “no queremos estar aquí, no queremos estar aquí” . Poco a poco a base de observarlos días tras días se tranquilizaron mucho,  hasta que ceso totalmente el ruido y las protestas.  Y así  fue como los picores desaparecieron por completo y Peloche está bien siempre donde esté.

―¿Cómo sabes que está bien? ¿Quién te lo ha contado?

―Lo sé por los pajarillos que lo visitan, dicen que es muy feliz y que es muy amable con todos los que viven junto a él.

―¿Crees que nos visitara algún día Coletas?

―No sé Tana, quizás.

Las niñas continuaron su camino de vuelta charlando sobre Peloche y sus picores y esa misma noche, a las pocas horas, Peloche volvió a ocupar su lugar en el bosque donde todos sus compañeros lo recibieron muy contentos.

campo extremeño

Hola, hacia tiempo que no salía  con la cámara de fotos al campo y el sábado pasado me anime a hacerlo. Acompañando a mi marido, mi chico, mi pareja.. como cada uno quiera llamarlo, a un asunto de trabajo, llegue a este paraje; una finca sin arboles solo de matorral.  Había retama, lentisco, y acebuche principalmente. Ya sabéis que pasear por el campo es siempre un placer para mi que no me canso de recomendar a todo el mundo. En verano el color amarillo pajizo de lo seco, contrasta con el verde de los matorrales haciendo una combinación de colores que siempre me ha gustado mucho.

 

Hormigas, todo el día trabajando sin parar en fila india de acá para allá. Este año tendrán repletas sus despensas pues el verano se ha alargado mucho y ellas siguen trabajando, deben estar un poco cansadas,  este invierno no va a faltar nada dentro de su hormiguero. Como se lo  coman todo van a salir gordisimas.

 

 

 

También pude fotografiar otros bichos y animales aquella tarde,  que acabo paseando por Jerez de los Caballeros,  un pueblo precioso donde nació, entre otros,  el descubridor del pacifico Vasco Nuñez de Balbola. Para los que no lo conozcáis os animo a descubrir a este gran descubridor que tuvo una vida, llena de aventuras y, de lo mas curiosa e  interesante.

 

badajoz

 

Hoy de fiesta en Badajoz, recordando  los orígenes árabes de la ciudad. Paseando por las murallas de la alcazaba,  encontramos el famoso cubo donde se alojo la facultad de biblioteconomia y que ha siso decapitado por orden de un juez. Desde las famosas murallas tenemos las mejores vistas de la nueva ciudad y excavaciones arqueológicas de la antigua ciudad árabe. Ya en los jardines de la galera flores y un algarrobo que me encantó. En la plaza alta estaba todo el jaleo,  un montón de puestos de artesanía y un grupo de artistas bailando y cantando animando todo. Y por ultimo la estatua del fundador de la ciudad IBN MARWAN el rebelde muladí.

 

Sierra de Tiros

¡Hola! Aquí estamos de nuevo para contaros nuestra última ruta por Cabeza del Buey.  En pleno Agosto, como los valientes, nos atrevimos a subir al punto más alto de la sierra de Tiros de unos escasos 1000 metros, eso si madrugando mucho.

A las 7,30 ya estábamos subiendo, el sol estaba muy bajo y como dice el refrán; “en agosto frió en el rostro”, la mañana estaba fresquita, tanto que al comenzar echamos en falta una sudadera aunque  a los pocos minutos nos habría sobrado pues la cuesta se las traía.

El primer tramo del camino la parte mas llanita,  estaba lleno de acebuches enormes,  alcornoque y encinas principalmente, pero a medida que subíamos iban apareciendo madroños,  enebros, brezo y  matorrales de la zona como la retama, la jara, aulaga…

El ultimo tramo fue el mas empinado, aunque las vistas desde arriba son tan bonitas que cuando te sientas a mirarlas, se olvidas el esfuerzo. A un lado la serena y el castillo de Almorchón,  encima del único cerro rodeado por la llanura. Al otro se aprecian dos navas (espacio llano rodeado de sierras) una  pequeña,  y otra mas grande donde esta el pueblo de la Nava.

De Fauna vimos muchos buitres y un jabalí al que seguramente le fastidiamos la siesta entre las rocas y salio corriendo cuesta abajo entre la jara.

Lo pasamos muy bien y el día fue perfecto pero había mucha calima, por eso las fotos no son muy claras, así que tendremos que subir otro día mas claro. ¡¡Estoy deseando repetir!!

 

 

 

Verano en Extremadura

 

¡Hola! Seguimos con paseos por Extemadura, más concretamente por Cabeza del Buey.  El verano, si madrugas o aprovechas las ultimas horas de la tarde, es una época muy bonita para pasear por el campo. El paisaje tiene otro color en este tiempo,  la calima no deja ver toda la profundidad de las vistas, es otra forma de conocer Extremadura. Este año los pantanos están muy bajos y hemos salido más por la sierra.

 

Las aceitunas y las bellotas están esperando el agua de septiembre para dar el estirón y ponerse gordas;, en los huertos las granadas y los membrillos también. Las higueras y los perales ya están cargados y los pájaros dan buena cuenta de todo lo que no este protegido con redes. Las flores están secas y el pasto amarillo. Me encuentro una nota escrita en el camino que me ha gustado;”por estas tierras nació y se crió…”  Quizás vivió en una casa en ruinas que aparece unos pasos  más adelante. Ahora por aquí ni nace, ni se cría nadie. Los tiempos cambian.

Cordobilla de Lácara

Última ruta de la temporada  por Cordobilla de Lácara. Un día muy fresquito para andar. El campo está seco pero las flores resisten. Vimos vacas, ovejas y un rebaño de cabras veratas precioso. Disfrutamos mucho del paseo. Lo recomiendo.

Senda de Don Manuel Cabrera

Esta senda,  que va desde el Calvario al Valle del Aliso por la cara sur de la  sierra, la ha abierto Don Manuel Cabrera un jubilado, que en su día salio del pueblo para trabajar, y que como muchos al retirarse  vuelven a su tierra.  A sus 75 años, ha dedicado muchas mañanas, a volver a abrir este camino, perdido hace muchos años,  por el que en su niñez  sus padres le mandaban a buscar  leña. Esa habilidad de cortar jaras que adquirió de pequeño,  la ha   empleado  para volver a abrir el camino que tantas veces recorrió de niño. Con muy  pocas herramientas  y mucho tesón, ha conseguido hacer este trabajo tan asombroso que a mi me encanta recorrer y que estoy segura que os encantara a todos los que vengáis a verlo.

¡¡¡Gracias Don Manuel por este regalo!!!

 

Primavera

La naturaleza es el mejor modelo,  y aunque hoy no llevaba la cámara han salido unas bonitas fotos con el móvil, y es que no hay nadie que pose mejor que ella.

Esta primavera están las encinas muy floridas. No es un árbol que tenga tanta fama como el cerezo o el almendro pero también  es un espectáculo su floración.

 

 

No solo florecen las encinas también florecen las charcas.  La rana me dejo acercarme mucho, estaba debajo de una piedra y fue muy paciente.

 

 

El campo esta precioso mires donde mires.