Biodiversidad

–Coletas ¿Dónde estás?

–Estoy aquí –dijo coletas.

–la voz venia del prado, justo delante de la fuente, pero Tana por más que miraba no veía nada.

¿Donde? No te veo –dijo.

 Coletas salió de entre la hierba. Llevaba un sombrero de paja y un delantal grande con un bolsillo. En las manos un cuaderno y un lápiz.

–¿Qué estás haciendo? pregunto Tana –acercándose a ella

–Estoy pintando clases de flores que hay en el prado, con esta van quince –dijo señalando con el lápiz una flor naranja de cuatro pétalos muy pequeñita.

Coletas siguió pintándola en el cuaderno mientras Tana la miraba.

–¿Qué nombre le ponemos? –dijo cuando terminó.

–Cupena–dijo Tana rápidamente—cuatro pétalos naranjas

–Está bien. Escríbelo aquí –dijo Coletas pasándole a Tana el cuaderno y el lápiz.

Tana se unió a la tarea de Coletas, y juntas siguieron buscando flores entre la hierba. Había muchas, algunas estaban muy repetidas y otras no tanto.

Mira está azul… aquí hay otra rosa… de estas amarillas hay muchas… En el prado se oía las voces de las dos agachadas entre la hierba.

Además de sus colores también era diferentes su disposición y sus formas, unas crecían pegadas a una vara, otras solas al final del tallo y otras en grupo formando todas juntas una flor grande. Unas eran alargadas otras redondas, las había con muchos pétalos, con pocos…

–Esto se llama biodiversidad—dijo Tana—lo he estudiado en conocimiento del medio.

–¿Bio qué? –dijo Coletas que nunca había escuchado esa palabra.

–Bio-di-ver-si-dad, es cuando conviven muchas plantas diferentes en un mismo sitio.

–A mí me gusta la biodi,  bioda, biodivi,  como se diga eso –dijo Coletas –. Hubo un tiempo en el que desapareció y aquí solo crecían una flor, siempre la misma. Era bastante soso.

–Biodiversidad –dijo Tana riendo –Pero… cuéntame, como desapareció de este prado.

Las niñas se sentaron en el banco cercano a la fuente. Hacia sol y corría una brisa muy suave.

–Fue hace mucho tiempo. Los dos grupos de flores más abundantes del prado empezaron a discutir por como tenían que ser las cosas en el prado. No se ponían de acuerdo y la discusión acabo en una lucha. Se hicieron mucho daño. El jefe del bando que gano la batalla, que era muy mandón, para acabar con las discusiones y poner paz, ordeno que todas tenían que ser como él.

–¿Y qué hicieron las que eran diferentes?

–Tenían prohibido salir a la superficie, estaban escondidas debajo de la hierba. Solo podían salir con un disfraz del color del vencedor, si las veían sin disfraz las castigaban. El prado era todo igual, no había biodiversidad —dijo Coletas que por fin se había aprendido esa palabreja.

–¿Y nadie protestaba? –dijo Tana.

–No, al principio, las flores estaban muy asustadas y muy cansadas, ya sabes que las peleas cansan mucho –dijo Coletas– También ayudo un invento asombroso que apareció en el prado por aquellos tiempos. Era una pequeña ventana por las que las flores podían ver todo lo que ocurría en el prado. Les parecía tan asombroso que los ratos en los que no estaban trabajando o arreglando los desperfectos de la batalla, las flores estaban mirando por la ventana y no tenían tiempo para protestas.

–Pero ahora hay muchas clases de flores ¿Cómo volvió la biodiversidad?

–Cuando la flor mandona se marchito, las flores que estaban un poco aburridas de tanta monotonía decidieron dejar salir a las otras que se pusieron muy contentas y se quitaron los disfraces rápidamente…

–Y colorín colorado volvió la alegría y el color al prado… –interrumpió Tana anticipándose al final de la historia.

–No fue tan fácil –dijo Coletas—tardo un poquito.

–¿Qué pasó?

–Como durante todo el tiempo que duró la paz no habían aprendido a respetarse, cuando empezaron a convivir de nuevo volvieron las discusiones de siempre entre los dos bando. En la ventana siempre estaban hablando de lo mismo, recordaban la pelea y todos los días había enfrentamientos donde se culpaban unas a otras. Estaban muy agitadas.

— ¿Y cómo lo solucionaron? –dijo Tana mirando el prado– ahora se las ve muy tranquilas.

–En realidad no hicieron nada. La vida continuaba y entonces apareció otro invento aún mas asombroso que la ventana.

–¿Qué invento fue ese?

–Una inmensa tela de araña que cubría todo el espacio. Conectando sus hilos a otra ventana, no solo se podía ver lo que ocurría en el prado, esta vez la visión era mucho mas grande; se podía ver todo lo que ocurría en todos los prados del mundo.

–¿Ahora si que estaban entretenidas?

– Esta vez no solo era entretenido, a través de la red las flores podían intercambiar todo tipo de información. A las flores mas jóvenes les gustaba mucho más esta nueva ventana. Aprendieron muchas cosas. Se contaron miles y miles de historias. Sus mentes se abrieron. Había tanta tantas cosas bonitas y tanto mundo por descubrir. Tantas formas costumbres y maneras nuevas de vivir, que dejaron de interesarse por ventana antigua. Por fin, la historia de la pelea quedó olvidada para siempre. Con la ayuda de la tela de araña, aprendieron a respetarse y a vivir juntas y seguir siendo diferentes. Ahora que no están enfadadas el prado es mucho más bonito, cada vez hay mas flores diferentes en él y tiene mas colores.

Las niñas se quedaron en silencio. En el prado las flores sonreían, bailaban, se abrazaban y charlaban entre ellas animadas por el viento. La música suave corría a cargo de los pájaros. En el aire flotaba un olor relajante que las llenaba de paz.

–¡Qué bien huele la biodiversidad! –dijo Tana.

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