La pelotam

bota bota mi pelota

La niña Carlota

jugaba en el parque

con su pelota

Bota bota mi pelota

Yo te quiero preguntar

¿Es mas bonito subir?

¿debe ser feo bajar?

Para mi eso es igual

Las dos cosas forman una

Cuando subo canto al sol

Cuando bajo canto a la luna

lo paso de rechupete

subiendo como un cohete

bajando todo empicado

disfruto como un chiflado

Ir para arriba o abajo

No se pueden separar

Las dos cosas son lo mismo

¿Te lo tengo que explicar?

Para arriba y para abajo

Son como el frio y el calor

Para que exista uno

necesitan ser los dos

Si quiero seguir aquí

Tengo que subir y bajar

Si sigo siempre hacia arriba

me salgo de este lugar

en el suelo tomo impulso

también para descansar

que a veces es necesario

para fuerzas recobrar

Bota bota mi pelota

No dejemos de botar

Para arriba, para abajo

Son las cosas del jugar.

Ahora

Yo quiero ser feliz

dijo Amalia a la perdiz

¿acaso no lo eres ya?

no

yo te puedo acompañar

yo se un truco

ya veras

¿ lo probamos?

a ver que tal…

¿ahora?

No, ahora no

ahora no puede ser

es que ahora no está bien

¿Entonces? Tú me dirás

lo dejo para despues

ahora me duelen los pies

este momento no es bueno

aún le faltan muchas cosas

no tiene lo que deseo

ahora no puedo ser dichosa

Esto tiene que cambiar

esto no me gusta a mi

si fuese de otra manera

yo podría ser feliz

Ella estaba en un lugar

donde no faltaba nada

todo estaba contenido

en el lugar donde estaba

iba siempre acelerada

hacía las cosas corriendo

solo quería llegar

y se perdía el momento

y por eso no veía

lo que ahora estaba ocurriendo

cosas tan maravillosas

en este mismo momento

aire, colores, luz, silencio

formas de vida bullendo

y debajo de las formas

un único amor verdadero

El rey dormido

Reinaba el rey de los gallos

con la ayuda de un lacayo

en su reino había paz

y también tranquilidad

El rey a todos cuidaba

y los sabía querer

el sirviente era muy listo

y hacia sus cosas muy bien

construía grandes mansiones

enfermedades curaba

máquinas, aviones y coches

el lacayo fabricaba

El rey gallo asombrado

por todo lo que sabia

asentía con su cresta

a todo lo que él decía

y siempre lo tenía ocupado

con sus múltiples proyectos

que si vamos por aquí

que si vamos a hacer esto

el rey muy obnubilado

le seguía sin rechistar

y el sirviente sin quererlo

le robo su identidad

En el reino ahora reinaba

El sirviente y nadie más

El rey se quedó dormido

Y parecía no estar.

Como el criado mandaba

En cosas que no entendía

Pronto hubo muchos líos

Y empezó una pesadilla

En las cosas del querer

Era tonto y bravucón

Nunca quería ceder

Y siempre llevar la razón

Las cosas que otros hacían

Nunca eran de su agrado

mis ideas son las buenas

gritaba muy enfadado

pronto en el reino reinaba

un grandísimo alboroto

y hasta bombas se tiraban

los unos contra los otros

Mucho estrés todos sufrían

Y con tanta algarabía

el rey que dormía y dormía

de repente despertó

Recobro su identidad

abrió los ojos y dijo

viendo las plumas volar

¡Esto tiene que acabar!

el lacayo se marcho

descompuesto y desplumado

y nunca más se metió

donde no lo habían llamado

Vaya sueño tan profundo

Menos mal que he despertado

En las manos de ese loco

No sé qué hubiera pasado.

Un hombre corriente

Era un tipo muy corriente

que siempre estaba en su mente

Y por eso no atendía

A lo que aquí sucedía

paseando por el bosque

Él va pensado en sus cosas

No ve flores ni colores

Ni tampoco mariposas

No oye pájaros cantar

Ni al arroyo susurrar

Y como no está donde está

Todo le suele pasar

Mete los pies en el barro

Se tropieza con las ramas

Se enfada consigo mismo

y se va para su casa

y enfadado se pregunta

¿Por qué a mí esto me pasa?

Y cuando llega a su puerta

Sigue en la mente liado

Unas veces muy contento

Otras veces preocupado

Por las cosas del futuro

Por las cosas del pasado

Y donde pone las llaves

No se puede cuenta dar

Luego las busca y las busca

Y no para de buscar

Y se enfada con él mismo

¿Dónde las pude dejar?

Si no quieres que te pase

Como a este hombre corriente

Tienes que estar aquí siempre

Y no vagando en tu mente

Úsala para estudiar

Y para ser diligente

Cuando charle sin parar

No le sigas la corriente

No te dejes distraer

de lo único y real

El pasado y el futuro

Son películas no más

Las prisas del caracol

Paseábase por un prado

Un caracol despistado

que se encontró de repente

Con algo poco corriente

No tiene alas ni pies

Le daré la vuelta a ver qué es

Es bonito, cómo brilla

Me lo cargo en mi casilla

Fue ponerse el artefacto

Y le ocurrió ipso facto

de repente y sin razón

muchísima prisa le entró

tic tac tic tac

voy a hacer el equipaje

que me tengo que ir de viaje

tic, tac, tic, tac

voy al cine, luego a misa

déjame que tengo prisa

voy a clases de claqué

luego a yoga y luego a ingles

tic tac tic tac

pasó por allí un ciempiés

y tuvo que saltar a un lado

por no ser atropellado

Alto, alto, párate

¿Es que acaso no me ves?

Hoy no puedo

Que no llego

Voy deprisa

Tengo prisa

tic tac tic tac

¡Qué locura!

¿tendrás cura?

Se cruzó con un lagarto

Siéntate a tomar el sol

Voy muy tarde ¿Qué horas son?

¿hora? Es ahora. Ahora es

¿para qué lo quieres saber?

Para ver si llego bien

Hoy estoy muy ocupado

Tengo todo programado

Tengo que ir a otro lado

tic tac tic tac

Adiós, adiós que tengo mucha prisa

Abrígate que corre brisa

Subiendo una cuestecita

Se encontró una mariquita

Descansa conmigo un poco

ahora no puedo, voy loco

tengo que freír un coco

y luego me voy de excursión

y a correr un maratón

tic tac tic tac

Me voy corriendo para adelante

Ya descansaré en otro instante

Volando entre las rosas

Se hallaba una mariposa

Hola amigo párate

¿quieres que tomemos té?

Otro día, ahora no

Mañana me viene mejor

Entra en casa

¿Qué te pasa?

yo no puedo estar aquí

yo necesito salir

Ahora vengo, ahora voy

¡Ya no sé ni dónde estoy!

RINGGGGG

Tengo que correr, correr

Mira que ya son las tres

Tic tac tic tac

y corriendo como un loco

se tropezó con un topo

y en la fuerte colisión

el artefacto voló

¿Cómo estás? ¿te encuentras bien?

Preguntaron la mariposa y el ciempiés

¿Qué te duele? ¿Cómo estás?

Preguntaron la mariquita y el lagarto al llegar

¡Qué silencio! ¡Vaya paz!

Por fin se acabó el trajín

¡Que alegría estar aquí!

Nada tiene que ocurrir.

Mi perro

Mi perro no tiene palabras

solo ladra

aunque las conoce bien

no sabe como se llaman

ni las flores ni las ranas

pero no es tonto, es muy listo

desayuna churros y además le gusta el pisto

y aunque no diga palabra

sabe más de lo que ladra.

Mi perro tampoco piensa

ni mal ni bien

te mira muy fijamente

y a todo te dice amén

A él nunca le preocupa

lo que pasó o pasará

está súper atento

al momento en el que está

él siempre está muy contento

y con ganas de jugar

Mi perro cuando me ve

mueve el rabo, ladra y salta todo a la vez

y además tiene una cosa

que cuando me ve llegar

me regala sin parar

esa cosa esta en el aire, esa cosa no se ve

alegría retumbante

puntitos de luz brillantes

que llegan a mi corazón

y lo alegran mogollón.

Mi perro es un buen amigo

nunca se enfada conmigo

y aunque yo diga mi perro

él no es mío ni tuyo ni es de nadie

mi perro no tiene dueño ni amo

él ES VIDA, y yo lo amo.

La ola fulanilla y el fin de su pesadilla.

Fulanilla era una ola que se creía muy sola

¡Qué pena me doy!

¡Qué sola que estoy!

¡Qué miedo me da!

¿Qué me va a pasar?

Fulanilla sufría cada día.

Se enfadaba, por todo protestaba

y con otras olas se comparaba.

¡Esto no es nada justo

 yo nunca estoy a gusto!

Se lamentaba estirando su cresta

Para que estuviera tiesa.

¡Cuánta gente hay por aquí!

Como no me deslome, me comen

Tengo que sobresalir si no me quiero morir.

¡Qué miedo me da! ¿Qué me va a pasar?

Y después de mucho tiempo de vivir así

de empinarse y de sufrir,

un día creyó morir

cerro los ojos y dijo:

No puedo más, me rindo.

Y se dejo caer al mar como un pingo.

Ya no me quedan ni dientes

¡Que me lleve la corriente!

Y estando de esta manera,

Se lleno de paz entera

Abrió los ojos y dijo:

¡Soy el mar!

Pero, ¡qué boba!

pensé que solo era una ola

¡Qué alegría!

¡No soy lo que yo creía!

Las olas bailaban en su superficie

como si todo les importara unas narices:

Todas bailan al compás.

¡Míralas como se dejan llevar!

Y feliz con su descubrimiento

siguió su camino hacia la orilla con gran contento

sintiendo ser el mar en cada momento.

Y así acabo la pesadilla

 de una ola llamada fulanilla.

El banquete de las flores

El banquete de las flores

—Buenas tardes —dijo Tana entrando en el jardín.

Coletas la saludo moviendo la mano.

—Ven —le dijo— acércate.

Estaba sentada en su manta debajo del viejo olivo y parecía muy interesada por lo que le estaba contando. Tana se acercó.

—Hola señor olivo —dijo sentándose junto a Coletas —Se está muy bien aquí.

—Llegas muy a tiempo. El señor olivo conoce muchas historias. Me iba a contar una de ellas —dijo Coletas.

Las niñas lo miraron atentamente y Tana se colocó la trompetilla mágica de Coletas en la oreja invitándolo a comenzar.

—Un día apareció por el prado un humano alto y delgado —comenzó el olivo—. Llevaba puesto un traje oscuro. Delante de los ojos tenía unos cristales redondos enganchados a las orejas. Venia cargando con un libro muy gordo y varios cuadernos y lápices. Lo vi pararse a hablar con una liebre que descansaba entre la hierba y presté atención a su conversación.

—Buenos días, perdone la molestia ¿Dónde puedo encontrar a las flores?

—Aún no han llegado. ¿Puedo saber para que las busca?

—Escribo libros sobre ellas —dijo muy serio el humano con una voz que le hacía parecer muy interesante.

—««¿Un libro? —pensó la liebre— puede ser interesante»»

—Creo que están a punto de llegar. Precisamente los insectos están preparando un banquete en el prado para recibirlas, conozco a una mariquita que es una de las organizadoras. Podemos preguntarle a ella, quizás pueda asistir al banquete y conocerlas a todas juntas en su salsa.

—La liebre llevo al humano donde estaba la mariquita e hizo las presentaciones oportunas. La mariquita, después de charlar un ratito con él sobre sus intenciones de escribir un libro le dijo:

         —Puede asistir al banquete, las flores estarán encantadas con su compañía. Ahora me tengo que ir, tenemos mucho trabajo

—En el prado había mucho movimiento. Los insectos estaban muy atareados organizándolo todo para el gran día; unos decoraban la mesa, otros elaboraban el menú.

—Hay que poner un poco de todo —decía una avispa pequeña y chillona.

—Sí, no debe faltar de nada —decía un escarabajo azul que se movía muy rápido de un lado a otro.

—El menú del gran banquete estaba compuesto de todo tipo de platos lleno de emociones. Las había para todos los gustos; unas eran emociones amargas acompañadas de viento fuerte, otras dulces con un sol suave, otras acidas con días muy muy calurosos, otras llenas de paz con una brisa fresca… Todas las emociones estaban presentes en él gran banquete sin excluir ninguna.

»» Prepararon una mesa circular. Era muy bonita, llena de detalles colores y formas diferentes. Cada rincón era único y espectacular.

»» El día de la llegada, en la puerta, los insectos se percataron de la presencia del humano.

—¿Quién es? —preguntó el abejorro.

—Lo he invitado yo —dijo la mariquita—, lo conocí el otro día en el campo, quiere conocer a las flores, está escribiendo un libro sobre ellas. ¡Es muy listo!

—Los insectos lo miraron detenidamente, algunos revolotearon a su alrededor, luego se miraron entre ellos y finalmente dieron su visto bueno.

—Que elija un asiento —dijeron.

—A la hora prevista y cada una a su ritmo empezaron a llegar las flores. Estaban muy guapas, como siempre, con sus mejores vestidos. Poco a poco cada una tomo su asiento en la mesa. El invitado humano, también tomó asiento rodeado de todas ellas.

—Este es un buen lugar. ¡Qué buen aroma! —dijo el humano estirando sus largas piernas por debajo de la mesa.

—La mesa comenzó a girar dejando a cada uno de los comensales delante un plato de emoción acorde al lugar que habían elegido.

»» Las flores saborearon sus platos disfrutando todas las sensaciones. Entre plato y plato, charlaban y se divertían. El banquete no había hecho nada más que empezar y la mesa giraba repartiendo platos llenos de emociones sin descanso.

»» El invitado humano comenzó muy contento a degustar sus platos, pero cuando llevaba varias vueltas, su inteligencia les empezó a poner nombre a las sensaciones que traían; a una la llamó ira, a otra alegría, a otra tristeza, a otra aburrimiento… Luego paso a opinar sobre ellas, haciendo cábalas de cuáles eran las buenas y las malas para finalmente acabar intentando ordenarlas.

—««Ufff, muy fuerte, mejor lo escondo debajo de la mesa —pensaba mientras miraba de reojo para que asegurarse que no lo veía nadie—. Esta no la quiero, mejor espero otro plato más apetecible —se decía sacándolas rápidamente de su vista— ¡Este otra vez! No puede ser. Lo rechacé hace unas vueltas ¿¡Qué hace aquí!? —se preguntaba molesto.»»

—La mariquita al verlo un poco nervioso, le preguntó si necesitaba algo

—No entiendo por que se repite tantas veces los mismos platos —le respondió el humano— los he retirado de la mesa varias veces y siempre vuelven.

—No puedo ayudarte —dijo la mariquita—Las flores nunca rechazan el menú. Pero algo raro pasa debajo de tu asiento. Quizás si miraras…

—¿Mirar debajo de mi asiento? ¡Que tontería! No tengo tiempo para eso.

—«Las flores aceptan todos los platos que se le presenta sin rechistar, pero los humanos somos mucho más inteligentes, no tenemos que conformarnos con lo que nos dejan en la mesa. Voy a trabajar duro en elaborar un menú a mi gusto»—pensaba el humano.

»» Con este claro objetivo siguió trabajando. Cuando le llegaba un plato que les gustaba se ponían muy contento, y aunque la alegría solía durar poco tiempo, pues enseguida aparecía otro de los que no le gustaban, él no perdía la esperanza y confiaba en su inteligencia humana, que le decía que, en el futuro, si trabajaba en la selección, tendría un menú a su gusto con los mejores platos.

—¿Por qué no comes? —le preguntaban las flores al verlo esconder bajo la mesa, ya sin ningún disimulo, los platos de emociones que no le gustaban.

—Hoy no voy a comer nada, estoy muy ocupado haciendo un curso que me va a cambiar el menú, cuando lo termine me lo comeré todo —les decía a sus compañeras de mesa.

—Cuando no estaba en los cursos y seminarios para aprender a cambiar el menú se daba la vuelta y se distraída con otras actividades.

—¿Por qué no miras, que haces dado la vuelta? —le preguntaban las flores Te estas perdiendo el banquete.

—Estoy mejor así, no me gusta lo que veo pasar por mi lugar.

—Ellas lo miraba extrañadas y lo dejaban ser sin interferir para nada en sus decisiones

—Qué manera tan rara de asistir al banquete —se decían unas a otras— no entendemos nada.

—A pesar de todos los esfuerzos del humano, el menú cada vez era menos de su agrado. No sabían que hacer. Lo había intentado, pero no había forma de controlar lo que pasaba por aquella mesa.

»» Un día el humano muy cansado de luchar se quedó muy quieto mirando a las flores. No parecían estar resignadas con su menú, se las veía tranquilas y felices, disfrutando cada plato. ««¿Por qué no estoy contento como ellas? ¿Qué estoy haciendo mal?»» —se preguntó—. Entonces le vinieron a la cabeza las palabras de la mariquita: «Mira debajo de la mesa»» El humano se agacho y lo hizo. Y… ¡¡Sorpresa!! allí estaba la respuesta a su pregunta.

—Ahora lo entiendo todo. —dijo viendo el mecanismo oculto de la mesa. Todos los platos que él rechazaba estaban amontonados y una bandeja los volvía a subir una y otra vez a la mesa. ¡Están todos aquí! Las flores no esconden sus platos. Mi plan no funciona. ¡¡Tengo la solución!!

—Se giró poniéndose frente a la mesa. Estaba muy contento con el descubrimiento y dispuesto a degustar todos los platos por muy fuertes que le pudieran parecer. ««Si las flores lo hacen yo también seré capaz»» —pensó. Lo primero que apareció fue un plato muy antiguo lleno de miedo. Empezó a comérselo muy despacio sintiendo cada pedacito en las papilas de su boca y en todo su cuerpo con toda intensidad, poniendo toda su atención en como llegaba su sabor a cada una de las células de su cuerpo y como lo recorría desde la cabeza a los pies. Cucharada a cucharada se fue terminando el plato y de pronto se sintió muy bien. A partir de ese plato empezó a disfrutar su menú independientemente de lo que trajera. Sin nombre todo eran emociones, sensaciones. Aprendió a sentirlas sin juicios. Descubrió que lo que él llamaba ira era bonito, y lo que él llamaba rabia estaba bien también, y lo que él llamaba envidia, que había rechazado tantas veces por amarga, le resultaba ahora hasta gracioso, así dejo de rechazar los platos que le ofrecía cada momento y logro disfrutar el banquete.

—Cuando todo termino y las flores se fueron, el humano sacó su cuaderno y un lápiz y escribió en la primera página de su libro: Habéis de saber que, aunque no lo parezca, Las plantas tienen un tipo de inteligencia muy superior a la inteligencia humana…

Con este párrafo, el olivo dio por terminado su relato. Las niñas se miraron y Tana dijo:

—No es bueno guardar las emociones dentro, hay que dejarlas salir para ser felices como las flores ¿Verdad Coletas?

 

 

 

El juego no divertido

El juego no divertido

—¡Mira estos arbolitos! Nacen todos juntos, y parece que están hablando entre ellos —dijo Tana.

 Las niñas estaban paseando por el jardín, como de costumbre, y Tana señalaba a un grupo de arbolitos que vivía a los pies de la sierra, cerca de un arroyo.

 Entre ellos, destacaba uno muy gordo.

 —Son “chaparros” —explicó Coletas.

—¿Qué son “chaparros”?

—Son arbolitos jóvenes nacidos de una bellota. De mayores, se les llama “encinas”.

—Parecen amigos… —comentó Tana—. ¡Seguro que lo pasan bien!

—Sí, son amigos, pero… hay uno que es raro.

 —¿El gordo?

—No, no es el gordo.

—Pues es al que veo más diferente.

—Todos son diferentes, pero hay uno que dice cosas muy raras. Escucha —dijo Coletas entregándole a Tana la trompetilla.

—Gordinflón… cara de melón… ¡Mira cómo se mueve! Ja, ja, ja, ja —el que hablaba era el árbol más esbelto del grupo—. ¡Vamos a reírnos del gordo! —les decía a el resto de sus compañeros.

—Se está riendo del árbol gordito —dijo Tana mirando a Coletas—.Voy a seguir escuchando, a ver qué pasa…

Tana, llena de curiosidad, se volvió a colocar la trompetilla.

—¿Por qué nos tenemos que reír de él? —decían los demás chaparros, que no entendían nada. —Es lo que hacen los niños. Lo he visto. Ayer estuvieron aquí cerca jugando, y todos se metían con un niño que era diferente. Los niños son muy listos, ¿por qué no jugamos a imitarlos? ¡Seguro que es un juego muy divertido!

—Podríamos probar —aceptó uno de ellos—. ¿Nos reímos de tu copa tiesa y desplumada?

—Mejor nos reímos de tu tronco, ¡que es rechoncho como una patata! —dijo otro.

—Y el tuyo tan largo y tan feo parece un fideo.

—Pues tú estás más torcido que la curva de un camino.

—Tus ramas son más largas que un mes sin agua.

—Y las tuyas más cortas que unas vacaciones en la costa.

 Así, los árboles empezaron a meterse unos con otros. Y, de repente y sin venir a cuento, lo que comenzó siendo una broma inocente… acabó convirtiéndose en enfados y gritos ensordecedores. Todos agitaban las ramas y estiraban los troncos, y estaban tan nerviosos y disgustados que hasta daban un poco de miedo.

—¡La que se ha liado! —exclamó Tana sorprendida quitándose la trompetilla.

—No tenía muy buena pinta el juego, ya te dije que me parecía raro… —murmuró Coletas.

El árbol gordito los observaba a todos discutir desde su rincón sin entender nada de lo que estaba pasando entre sus compañeros. Y, viendo que nadie hacía nada, decidió intervenir. Venciendo su timidez, dijo muy alto:

—¡A mí no me importa ser gordo! Estoy bien así. Dejemos de jugar como los niños, no es divertido. Se hizo un corto silencio.

—A mí no me importa ser bajo —añadió otro, que se había quedado ronco de tanto chillar para defenderse de los insultos.

—Los árboles, las plantas y los animales no nos reímos de los demás por su aspecto, ¡eso no es divertido! —exclamó, tocándose la dolorida garganta.

—Nosotros sabemos que cada uno es de una manera diferente, y no nos importa. Nos respetamos, así se vive más tranquilo —intervino el árbol torcido, que le dolían las ramas de tanto agitarlas.

—Los árboles nunca nos fijamos en la forma… —dijo el chaparro de la pequeña joroba.

—Claro, ¡eso para nosotros no tiene ninguna importancia! Nacemos con ella y nos gusta —dijo uno, que tenía el tronco muy cortito y las ramas muy largas.

—Cada uno tenemos una forma diferente, eso nos hace únicos —corroboró otro.

Los chaparros cada vez estaban más animados y contentos hablando de sus diferencias.

—Yo tengo cuatro ramas, y casi todos tenéis tres. Soy único.

—Mi tronco es demasiado largo, es perfecto como es.

—¡Y el mío muy corto! Yo también soy único y perfecto.

El arbolito esbelto, viendo que su idea no había sido buena y que ya nadie la seguía, se había quedado callado en un rincón.

—¿Por qué no dices nada? —le preguntó Coletas acercándose a él.

—Lleváis razón… A mí, en realidad… tampoco me gusta mi copa, es demasiado estirada. Debería ser más redondita —dijo, un poco avergonzado.

—¡Ja, ja, ja! —rieron todos—. Tú copa está bien así, ¡tú también eres único!

—Como yo —dijo el árbol del tronco grueso.

—¡Y como yo! —gritó el jorobado—. La joroba me hace diferente.

—Iguales son las máquinas sin vida que salen de las fábricas de los hombres —le dijo Coletas acariciando su tronco.

En ese momento, el arbolito esbelto comprendió que los niños estaban equivocados… y que no había nada malo en ser diferentes.

—No ha sido buena idea imitar a los niños, su juego es muy tontos. No es nada divertido—dijo el arbolito.

Todos los demás árboles se alegraron de que finalizara el absurdo juego. Se compusieron las despelucadas ramas y lo celebraron con una fiesta en la chaparrera, bailando y cantando con los pájaros y las flores que acudieron a celebrarlo con ellos.

Tana se quitó la trompetilla de la oreja.

—Si todos fuésemos iguales, sería muy aburrido.

—Sí, seriamos como los muñecos.

—Que aburrimiento… —dijo Tana—. ¡Es mejor así! Me gusta que todos seamos diferentes, como los árboles, las plantas y los animales, las piedras… Tendríamos que aprender de ellos y no reírnos de las diferencias de los demás. A veces, en el parque he visto niños…

—A veces se nos olvida que tenemos formas únicas y diferentes, ¡como las plantas! —dijo Coletas caminando de vuelta a casa.

Biodiversidad

Biodiversidad

—Coletas, ¿dónde estás?

—Estoy aquí —dijo Coletas.

La voz venía del prado justo delante de la fuente, pero Tana por más que miraba no veía nada.

—¿Dónde? No te veo —dijo.

Coletas salió de entre la hierba. Llevaba un sombrero de paja y un delantal grande con un bolsillo. En las manos un cuaderno y un lápiz.

—¿Qué estás haciendo? preguntó Tana —acercándose a ella.

—Estoy pintando las clases de flores que hay en el prado, con esta van quince —dijo señalando con el lápiz una flor naranja de cuatro pétalos muy pequeñita.

Coletas siguió pintándola en el cuaderno mientras Tana la miraba.

—¿Qué nombre le ponemos? —dijo cuando terminó.

—Cupena —dijo Tana rápidamente—, cuatro pétalos naranjas.

—Está bien. Escríbelo aquí —dijo Coletas pasándole a Tana el cuaderno y el lápiz.

Tana se unió a la tarea de Coletas, y juntas siguieron buscando flores entre la hierba. Había muchas, algunas estaban muy repetidas y otras no tanto.

Mira esta azul… aquí hay otra rosa… de estas amarillas hay muchas… En el prado se oían las voces de las dos agachadas entre la hierba.

Además de sus colores también eran diferentes su disposición y sus formas, unas crecían pegadas a una vara, otras solas al final del tallo y otras en grupo formando todas juntas una flor grande. Unas eran alargadas otras redondas, las había con muchos pétalos, con pocos…

—Esto se llama biodiversidad —dijo Tana—, lo he estudiado en conocimiento del medio.

—¿Bio qué? —dijo Coletas que nunca había escuchado esa palabra.

—Bio-di-ver-si-dad, es cuando conviven muchas plantas diferentes en un mismo sitio.

—A mí me gusta la biodi, bioda, biodivi, como se diga eso —dijo Coletas—. Hubo un tiempo en el que desapareció y aquí solo crecía una flor, siempre la misma. Era bastante soso.

—Biodiversidad —dijo Tana riendo—. Pero… cuéntame, ¿cómo desapareció de este prado?

Las niñas se sentaron en el banco cercano a la fuente, hacía sol y corría una brisa muy suave.

—Fue hace mucho tiempo. Los dos grupos de flores más abundantes del prado empezaron a discutir por cómo tenían que ser las cosas en el prado. No se ponían de acuerdo y la discusión acabo en una lucha. Se hicieron mucho daño. El jefe del bando que ganó la batalla era muy mandón, y para acabar con las discusiones y poner paz, ordenó que todas tenían que ser como él.

—¿Y qué hicieron las que eran diferentes?

—Tenían prohibido salir a la superficie, estaban escondidas debajo de la hierba. Solo podían salir con un disfraz del color del vencedor, si las veían sin disfraz las castigaban. El prado era todo igual, no había biodiversidad —dijo Coletas que por fin se había aprendido esa palabreja.

—¿Y nadie protestaba? —dijo Tana.

—No, al principio, las flores estaban muy asustadas y muy cansadas, ya sabes que las peleas cansan mucho —dijo Coletas—. También ayudó un invento asombroso que apareció en el prado por aquellos tiempos. Era una pequeña ventana por las que las flores podían ver todo lo que ocurría en el prado. ««¡Es asombroso!»», decían. Los ratos en los que no estaban trabajando o arreglando los desperfectos de la batalla, las flores estaban mirando por la ventana. No tenían tiempo para protestas.

—Pero ahora hay muchas clases de flores, ¿cómo volvió la biodiversidad?

—Cuando la flor mandona se marchitó las flores que estaban un poco aburridas de tanta monotonía decidieron dejar salir a las otras que se pusieron muy contentas y se quitaron los disfraces rápidamente…

—Y colorín colorado volvió la alegría y el color al prado… —interrumpió Tana anticipándose al final de la historia.

—No fue tan fácil –dijo Coletas—, tardó un poquito.

—¿Qué pasó?

—Como durante todo el tiempo que duró la paz no habían aprendido a respetarse, cuando empezaron a convivir de nuevo volvieron las discusiones de siempre entre los dos bandos. En la ventana siempre estaban hablando de lo mismo, recordaban la pelea y todos los días había enfrentamientos donde se culpaban unas a otras. Estaban muy agitadas.

—¿Y cómo lo solucionaron? —dijo Tana mirando el prado—. Ahora se las ve muy tranquilas.

—En realidad no hicieron nada. La vida continuaba y entonces apareció otro invento aún más asombroso que la ventana.

—¿Qué invento fue ese?

—Una inmensa tela de araña que cubría todo el espacio. Conectando sus hilos a otra ventana, no solo se podía ver lo que ocurría en el prado, esta vez la visión era mucho más grande, se podía ver todo lo que ocurría en todos los prados del mundo.

—¿Ahora sí que estaban entretenidas?

—Esta vez no solo era entretenido, a través de la red las flores podían intercambiar todo tipo de información. A las flores más jóvenes les gustaba mucho más esta nueva ventana. Aprendieron muchas cosas. Se contaron miles y miles de historias. Sus mentes se abrieron. Había tanta tantas cosas bonitas y tanto mundo por descubrir. Tantas formas, costumbres y maneras nuevas de vivir que dejaron de interesarse por la ventana antigua. Por fin la historia de la pelea quedó olvidada para siempre. Con la ayuda de la tela de araña aprendieron a respetarse y a vivir juntas y seguir siendo diferentes. Ahora que no están enfadadas el prado es mucho más bonito, cada vez hay más flores diferentes en él y tiene más colores.

Las niñas se quedaron en silencio. En el prado las flores sonreían, bailaban, se abrazaban y charlaban entre ellas animadas por el viento. La música suave corría a cargo de los pájaros. En el aire flotaba un olor relajante que las llenaba de paz.

—¡Qué bien huele la biodiversidad! —dijo Tana.


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