La receta

LA RECETA

Aquel día, Tana encontró a Coletas debajo de un gran naranjo mirando al cielo. Era una tarde de primavera, hacía solo algunos minutos que había caído un chaparrón. En el suelo aún quedaban algunos charcos. El aire estaba limpio y olía a tierra mojada y a flores.

—¿Qué miras? —preguntó Tana corriendo a su lado—. ¿Algún pájaro haciendo el nido?

—No, solo miro las ramas de mi amigo el naranjo. Tienen una buena cosecha, como todos los años.

—Se ve muy bonito —dijo Tana—, pero no veo las naranjas.

—Fíjate bien Tana, están arropadas por las hojas.

Tana miró con atención.

—¡Ahora sí! —exclamó Tana—. Son verdes, del mismo color que la hoja, ¡qué pequeñas!

—Tienen que engordar y cambiar de color. Es época de mucho trabajo para los naranjos.

—¡¡Vaya!! No sabía que los árboles trabajaban —Tana se acercó al tronco del árbol—. Así que estás trabajando —le dijo muy bajito—. Pues no lo parece, estás muy tranquilo.

—El trabajo se hace dentro —explicó Coletas.

Tana acercó el oído al tronco esperando oír algún ruido.

—Pues no se oye nada —dijo—. Quizás si me prestaras tu trompetilla…

Coletas sacó de su mochila la trompetilla mágica. Tana la puso enseguida sobre el tronco y para su sorpresa oyó un murmullo.

—Parecen voces —dijo asombrada.

—¡Tanto trabajar! ¡Qué gran injusticia! ¿Para qué?…

—¡¡Son quejas!! Se oye claramente —dijo Tana después de escuchar unos segundos más—. Pero ¿quién se queja tanto?

—Son las raíces —dijo Coletas— parece que no están muy contentas.

Tana siguió escuchando.

—Tanto esfuerzo para nada.

—No encuentro nitrógeno.

—¡Así no se puede! —exclamaba otra—. ¡El suelo está durísimo!

—Escucharé por el otro lado a ver si están mejor —dijo Tana.

Pero por el otro lado la cosa no mejoraba:

—Si hiciera menos calor…

—Si corriera el aire…

—No llueve lo suficiente.

Las raíces andaban muy nerviosas. Se oía cómo se movían muy deprisa de un lado a otro, incluso chocaban y se enredaban entre ellas.

—¡Ya nos hemos liado otra vez! —decía una por la derecha—. A ver cómo deshacemos este nudo.

—Perdona, ya me quito —decía la del centro.

—Siempre estás en medio.

—Aquí hace falta un semáforo —opinaba otra de mal humor—, así no hay quien trabaje.

Orden, orden —decía con su voz grave una muy gorda, que era la que mandaba—. A trabajar y no olvidéis lo más importante: Tenéis que seguir LA RECETA.

—¿Qué es eso de la receta? —preguntó Tana a Coletas quitándose la trompetilla de la oreja.

—Es la receta para hacer las naranjas. Está escrita en la base del tronco. Los ingredientes están en la tierra solo tienen que cogerlos y seguir las instrucciones —dijo Coletas.

—No entiendo nada. Si solo tienen que seguir la receta, ¿por qué se quejan tanto?

—Puedes preguntárselo a ellas —dijo Coletas—, pero ten cuidado están muy estresadas.

Tana no se lo pensó y con su mejor sonrisa dijo:

—Hola, ¿qué hacéis?

—Lo que faltaba, una curiosa —dijo la raíz más gorda—. ¿Acaso no lo ves? Estamos trabajando. No nos distraigas, podemos confundirnos con los cálculos.

—¿Por qué os quejáis tanto? ¿Cuál es el problema? ¿Necesitáis algo? —preguntó amablemente.

Una de las raíces por la derecha, le contestó:

—Lo que nos pasa, es que tenemos muy mala suerte. Todos los años trabajamos para nada. Nuestras naranjas no salen bien. Nadie recoge nuestra cosecha. Son amargas y les falta jugo. Es muy triste trabajar para nada. Ahora perdona, me estás distrayendo —dijo y se alejó murmurando—. Siete gramos de potasio, cinco de magnesio…

—Adiós, no era mi intención molestar –dijo la niña.

Tana separó la trompetilla de su oreja y dirigiéndose a Coletas dijo:

—Tienen problemas, no le salen bien las naranjas. ¿Por qué será?

—Está clarísimo, niña preguntona —dijo la raíz gorda que había oído la pregunta—. Es por el sol, el aire y la lluvia. El clima ha cambiado y así no hay manera. Ahora déjanos, aquí dentro tenemos suficientes problemas y estamos muy ocupadas, vete a otra parte.

—No os molesto más, ya me voy, pero otros naranjos con el mismo clima y con la misma tierra dan fruta muy dulce y jugosa. La he probado —dijo Tana.

Esto dejó a la raíz muy pensativa y decidió hablar con las ramas.

—No sé qué puede ser. Las naranjas no mejoran. Dentro trabajamos muy duro, estamos muy cansadas. Estoy preocupada, tenemos que hacer algo. Si pudiéramos cambiar las cosas fuera —les dijo—. Quizás vosotras podríais llamar a las nubes o refrescar el aire…

—Nosotras también estamos muy cansadas, pero haremos el esfuerzo —dijeron estas.

—También he oído que cortando las ramas viejas para que salgan nuevas con más fuerza…

—No cortéis las ramas. Así no arreglareis nada —dijo Coletas interviniendo en la conversación— Si no hacéis cambios dentro, las naranjas seguirán siendo siempre amargas.

—¿Cambiar algo dentro? Pero dentro trabajamos sin parar no podemos hacer más —dijo la raíz.

—Sí podéis hacer una cosa.

—¿Qué más podemos hacer?

—Cambiar la receta —dijo Coletas con un poco de miedo pues conocía a la raíz y sabía lo orgullosa que estaba de ella.

—Pero ¿qué dices? ¡¡Insensata!! —dijo indignada la raíz—. La receta está bien. ¡Faltaría más! ¡Qué desfachatez! La heredamos de nuestros abuelos y ellos de los suyos. Siempre lo hemos hecho así —dijo bastante molesta y ofendida.

—Pero… está claro que ahora no funciona. Vuestras naranjas siempre salen amargas. ¿Cuánto tiempo más vais a seguir usándola? —insistió Coletas.

Entonces las ramas dijeron:

—Deberíamos probar, nosotras estamos muy cansadas de aguantar el peso de las naranjas todo el año, nos estamos encorvando.

—Y yo sufro todo vuestro estrés —dijo el tronco que estaba muy nervioso.

—Nosotras estamos también cansadas de trabajar para nada, nos duelen las puntas, las tenemos rojas de excavar —dijo una de las raíces jóvenes.

—Nosotras queremos ser dulces de mayores —decían las naranjitas al unísono.

La raíz se paró un momento. «Tal vez —pensó—. Quizás sería la solución», pero rápidamente cambió de opinión.

—Ni pensarlo. ¿Qué dirían nuestros antepasados? —dijo bajito.

—Cambiemos la receta —empezaron a canturrear las ramas moviendo las hojas.

Al canto se unieron las raíces y hasta el nervioso tronco. Las naranjitas pequeñas también cantaban:

—Tralarín, tralarín cambiemos desde la raíz…

Tana y Coletas se cogieron de la mano y bailaban a su alrededor cantando también para animar a la raíz.

La raíz viendo a todos tan decididos y alegres no pudo hacer otra cosa y, aunque con un poco de miedo, borró la antigua receta y anunció:

—Empezaremos desde cero.

Todas las raíces, muy contentas, se pusieron enseguida manos a la obra. La raíz daba nuevas órdenes. Cambió sus gritos por felicitaciones y palabras de aliento. Las demás raíces la seguían y trabajaban contentas. Y en lugar de quejas ahora del árbol salían risas y canciones.

—Un poquito más de potasio —se oía.

—Aquí va el calcio.

—Yo tengo nitrógeno —decía otra.

—Si siguen así seguro que este año sus naranjas serán las mejores —dijo Tana.

—Seguro. Ya tengo ganas de probarlas —dijo Coletas.

—Si quieres cambiar algo fuera tienes que ir dentro, es bastante sencillo de entender. Cuando se rompe una radio o un reloj siempre hay que abrirlo para encontrar el problema…

Flores

 

Flores, hay muchas flores.

El campo estos días está inundado de ellas, las hay de todos los colores, tamaños y formas. La flor del olivo,  la del durillo, el castaño de indias, de la retamas, las margaritas, el romero… mires donde mires hay flores, es un gran espectáculo pasear por el.  A todo el mundo le gustan las flores, creo que son los bebes de las plantas;   por eso, no es casualidad que me quede embobada mirándolas y sienta lo mismo que  cuando miro un bebe; algo así  como una mezcla de ternura,  asombro y alegría.  Cada árbol tiene su flor única, y dura poco tiempo, como una niñez.

 

 

Caminos del agua

 Los paseos del agua.

En estas fechas, me gusta andar  por los caminos del agua:  las cañadas, los arroyos, los ríos por donde corre, las albercas, las charcas donde descansa  y rebosa, las fuentes y manantiales, los pozos desde donde sube a la superficie, los aljibes naturales que la recogen, las acequias que la conducen, las cunetas de los caminos que les dejan su espacio.  En el campo el agua es libre, no viaja por tuberías escondidas, ni sale de los grifos,  ni se encuentra envasada en botellas de plástico.  Y tiene vida, como esa ranita que cogió mi hija en uno de nuestros paseos para hacerle la foto; y a su lado nace la yerba, y flores muy bonitas como el junquillo que en esta época  llenan las  cañadas. Hubo un tiempo, en que se usaba la energía del agua al correr , para moler el cereal y aún hoy podemos ver en las orillas de los arroyos muchos restos de molinos de grano donde los agricultores llevaban su cosecha a moler para hacer el pan. No hace tanto tiempo 55/60 años,  aún se lavaba la ropa en el rió. El tiempo va muy rápido últimamente, y no nos deja pensar  en que todos nosotros somos agua, mas o menos pura, mas o menos libres, que corre por la vida.

Por eso,  aunque hoy todos tenemos en casa agua corriente o domesticada, que nos resulta muy útil,   os recuerdo  que existe el agua  libre,  y desde aquí os animo a salir a encontraros con ella en su estado salvaje, a  seguir un arroyo, o buscar  una poza para bañarse cuando llegue el verano, o un charco para ver ranas y pájaros, buscar restos de molinos y lavaderos en las orillas.  Si vais con  niños os recomiendo llevar ropa de repuesto, sobre todo calcetines y zapatos.

La red primitiva.

La red primitiva.

Dicen que la cabra tira al monte, y  yo estoy empezando a pensar que tengo algo de cabra pues me pasa como a ella, siempre acabo en el  monte. Me encanta andar por los caminos de herradura de la sierra; en tiempos muy transitados,  algunos  casi perdidos y cubiertos de tanta vegetación,  que a  veces tengo la impresión de ir caminando por la selva. Hay tramos que conservan el empedrado que seguramente tendrían muchos de ellos en su origen. Mientras los recorro  no dejo de pensar, que esta red de caminos es el origen de las redes de comunicación actuales, pues por ella fluían personas, ideas y cosas. A menudo pasan por delante de las  casas de los campos, y no por casualidad. Me contaron que ello se debía, a que antiguamente cuando algún vecino iba al pueblo,  era muy corriente preguntar a los demás si necesitaban algo.  Me imagino que algunos enviaron cartas a las madres o las novias, otros pidieron  pescado «fresco» o pan tierno… Eran costumbres muy necesarias las de apoyarse y confiar unos en los otros, pues entonces  lo corriente era ir al pueblo cada mes o cada dos meses en bestias.  Para tener noticias del pueblo más frecuentemente,  y recibir  productos frescos, surgió en la red de caminos esta especie de  empresa de mensajería  gratis;  hoy por ti mañana por mi. Donde unas veces prestaban el servicio y otras lo recibían. 

Por otro lado no dejo de pensar; en que nuestra actual forma de comunicarnos y relacionarnos en la distancia, utilizamos cada vez menos la materia. Del  tangible camino empedrado y las bestia, que ya usaban los romanos,  hemos pasado, en muy poco tiempo, al móvil y las etéreas  ondas  ¿qué será lo próximo?

Y así, pensando y casi sin darnos cuenta, siempre acabamos en lo más alto.

A pesar de que el día era tormentoso y gris,  como corresponde a las fechas, las vistas eran preciosas, solo por ellas merece el esfuerzo de subir;  tengo que decir que en muchas ocasiones es considerable, pero se hace muy bien,  pues por el camino no dejas de ver y oír cosas tan asombrosas e interesantes que hacen que no notes el cansancio. Si además te gusta la  fotografía,  la naturaleza es perfecta para practicar esta afición. Ella te ofrece la posibilidad de hacer infinitas y preciosas fotografías de paisajes  como estas y seguramente mejores.

¡Pruébalo!

La primavera se asoma.

 

 

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Los almendros son los más impacientes y los  primeros que presienten la primavera;  enseguida sacan sus flores blancas. Durante el resto del año nos pasan totalmente desapercibidos, un árbol bastante simplón,  pero estos días destacan sobre el paisaje verde haciéndose visibles por muy escondidos o lejanos que estén. Salpican   las sierras y los caminos dando un toque de luz al ambiente,  que diría un decorador. Me recuerdan  a  los árboles de Navidad llenos de bombillas encendidas.

Además del toque luz  de los almendros, estos días son preciosos para pasear por el campo. El clima es el ideal, ni frió ni calor, «cero grados», Las tardes van siendo más largas, el sol pasa más tiempo con nosotros y calienta, la brisa es fresquita y se agradece cuando estás haciendo ejercicio al aire libre.

Hoy Javier y yo subimos  a la sierra; buscábamos pinturas rupestres. Aunque no siempre las hay, nos gusta cuando descubrimos algunas como hoy,  y siempre nos merece la pena la subida, porque nos  encantan los lugares  donde se asentaban  nuestros  antepasados.  Todos tienen unas vistas asombrosas desde las terrazas que siempre presiden los abrigos y cuevas. En ellas, ademas de descansar  y tomar el sol, me imagino que   observando el valle,   recopilaban mucha información sobre  lo que pasaba en el. Sigo imaginando que en cada tribu existirían expertos con vista de lince, los cotillas oficiales o vigías encargados de mirar, a los que no se les escaparía ni un detalle;  cuantas reses había, donde comían o dormían, también quien se acercaba a su territorio, cuantos pasaban por el camino… No sabemos qué significan las rayas y símbolos que pintaban en los muros, ni quién sería el encargado de hacerlos, pero seguro que estaban muy organizados,  y que tenían muchos conocimientos y habilidades diferentes a los que tenemos en la actualidad, pero no menos importantes ni valiosos, pues gracias a ellos estamos hoy aquí y no nos hemos extinguido.  No me gusta verlos como personas atrasadas. Ellos conocían y sabían cosas que nosotros  desconocemos porque no las necesitamos hoy para sobrevivir.  Me gusta imaginarlos como hombres y mujeres fuertes, ágiles y rápidos, felices y divertidos. Me maravilla ver como hemos evolucionamos y me recuerda que aun  seguimos haciéndolo.

 

Beneficios de tener perro

 

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Una vez escuche que el mejor trato que había hecho la humanidad a lo largo de su existencia, era con el perro, pues le da lo que le sobra de comida, de tiempo, y de cariño y a cambio el perro,  se lo entrega todo. Hoy quiero que conozcáis a Gustavo, el es mi compañero de paseos y muchas veces el que me anima a salir con la cámara. Lo primero que hace cuando le abro la puerta  es darme las gracias,  mostrándome su alegría y su emoción saltando y ladrando a mi alrededor. Lo acaricio para tranquilizarlo y solo  entonces empieza a caminar calle arriba. Me espera en cada cruce para no despistarse, y muchas veces cuando nos metemos por veredas de animales o caminos borrados, el va delante mostrándome los pasos.Tengo que decir que si aparece un conejo o una liebre se olvida de todo y corre como un loco detrás de ella, es su instinto de cazador. Luego vuelve cansado pero contento a seguir con la ruta.

Ademas de mostrarme los caminos, sobre todos los de vuelta, me enseña muchas cosas. El vive el momento disfruta y no tiene en cuenta los días que no has podido sacarlo, no te pide explicaciones, ni pregunta donde has estado. Es muy reconfortante verlo siempre dispuesto a acompañarte a cualquier sitio y feliz.

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Nuestros hijos ya no viven en casa y  el,  para que no los echemos de menos hace las veces de hijo, y en la época del celo de las perras, cuando volvemos de los paseos, en lugar de entrar en casa, se despista y aprovecha para dar una vuelta. Algunos días vuelve de madrugada, nos llama por la ventana de nuestro dormitorio, y tenemos que levantarnos para abrirle la puerta. Entra con prisas y va derecho a la cocina a cenar y luego se acuesta.

Se considera un miembro mas de la familia y lo es, le encanta cuando vienen nuestros hijos a casa y es el primero que sale a recibirlos y parece disfrutar cuando estamos todos. Tener perro es precioso y desde aquí os animo a que compartáis vuestra vida con uno.

 

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Cómo localizar buitreras

En Extremadura viven gran número de buitres. Para saber cómo localizar buitreras solo hay que buscar  las manchas blancas de sus deposiciones,  en   los riscos mas altos de las sierras,  eso  delata  su presencia en ellas.

 

 

Los buitres, son aves carnívoras, como todas las rapaces, y además son carroñeras.  Viven en  riscos  altos de las sierras, desde donde dominan mucho territorio. Son los encargados de limpiar el campo de cadáveres. Ellos vuelan en circulo sobre el animal moribundo y cuando muere se lo comen todo, dejando solo los huesos. Una vez en su organismo, este se encarga de seleccionar lo que es digerible, haciendo que lo que no  es   sea regurgitado por el animal.  A este vomito se le llama egagrópila  y son bolas que contienen pelos,  piel y  huesos.

Me gusta acercarme lo mas posible a las buitreras  con mi cámara de fotos. Cuando ellos consideran que estoy invadiendo su zona de seguridad empiezan a salir de los recovecos y oquedades  de las rocas, donde descansan mimetizados. Es emocionante escuchar el sonido del batir de sus grandes alas sobre mi cabeza y verlos saltar al vació para elevarse por el cielo azul.

 

 

 

Buscar caminos

DSC_0250DSC_0253Hoy os propongo buscar caminos perdidos por  la sierra, y encontrar restos de asentamientos, estudiar los pasos naturales collados,  preguntar los accesos. En el pasado las personas vivían en las sierras para defenderse, vigilar a enemigo y tener localizada la caza.

Las subidas suelen ser duras, pero merece la pena. Los caminos muchas veces están empedrados, suelen ser de naturaleza, naturaleza y vida, naturaleza humana, naturaleza viva,

Grullas en Extremadura

 

Tengo que enseñaros  las grullas antes de que se vayan al norte de Europa a pasar el verano. ver más


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