De oca a oca

-¡Hola Coletas! -saludo Tana al entrar aquella tarde tormentosa en el jardín- ¿Qué te parece si hoy jugamos a La Oca? –continuó hablando mostrándole un tablero a Coletas.

-Qué bonito, cuantos dibujos; no se jugar Tana, pero puedo aprender- dijo Coletas.

-Claro es muy fácil. Vamos al porche te enseñaré, ya verás que divertido es.

Se dirigieron al porche, donde estarían resguardadas de un posible chubasco,  mientras Tana le explicaba en  qué  consistía el juego.

-Tenemos que recorrer un camino formado por  casillas o baldosas en forma de espiral desde aquí -dijo señalando la  casilla de salida, que estaba en la entrada de la espiral-, a la  meta que esta aquí en el centro -dijo señalando el centro del tablero.

La última y meta, era  la más grande y bonita de todas, en ella había un lago azul donde nadaban felices las ocas. El resto de casillas eran muy coloridas y variadas. Había desde un pingüino en el polo a un camello bebiendo en un oasis, pasando por un hotel muy lujoso a un barquito marinero varado en la playa…

-Es como un paseo, pero las que pasean son las fichas; que avanzan según el numero que marque  este dado- le dijo sacándose un dado del bolsillo.

-Parece muy sencillo -dijo Coletas,  sentándose en uno de los pequeños taburetes que rodeaban las mesa que presidia el porche.

-Sí,  lo es -dijo Tana sentándose en frente y colocando encima de la mesa el tablero, las fichas y los dados- Lo primero es lanzar el dado para ver quien empieza.

-Así -dijo Coletas, dejando caer el dado en el tablero, que se quedo en la cara del tres.

-Sí, así –dijo Tana cogiendo el dado y lanzándolo. Un cinco, como es mayor que tu tres empiezo yo Coletas, pero aún tenemos que elegir ficha,  y además,  tengo que explicarte las reglas.

-Mejor me las explicas mientras jugamos;  creo que para empezar, ya sé suficiente. Y bien Tana que ficha vas a ser tú.

Al decir esta última frase,  como si de una frase mágica se tratara, Tana se vio en el aire transformada en la ficha amarilla de la que salía su cabeza brazos y piernas, que agitaba con fuerza. Por suerte, se abrió un pequeño paracaídas,  y aterrizo suavemente  en  la casilla de salida del tablero. A su lado estaba Coletas convertida en la ficha azul.

-Bien ya estamos en la salida- dijo Tana mirando a Coletas- ¿estás preparada?

-Si- respondió Coletas.

Me toca tirar  a mí –dijo Tana

Un ratoncillo que andaba cerca, se ofreció para ser el tirador oficial.

-Va para Tana – dijo agitando el dado y lanzándolo  sobre el tablero.

Tana miraba fijamente al ratón  murmurando,<< un cinco, un cinco>>.  Coletas la miraba y no comprendía nada <<¿Para qué querrá un cinco?>> se preguntaba.

-Un dos,  mala suerte –dijo Tana- dando dos saltos para colocarse en la casilla número dos.

Coletas seguía sin entender y pregunto con curiosidad.

-¿Mala suerte?  ¿Por qué?

-Yo quería que me tocara un cinco, pero me ha salido un dos, por eso digo mala suerte.

<<En este juego cuando no te sale lo que tú quieres se le llama mala suerte, creo que voy entendiendo algo, tomo nota>>. Pensó Coletas.

-Te toca Coletas –dijo Tana.

El ratón lanzo el dado  por Coletas. <<Un cinco>>

Coletas empezó a dar saltos hasta llegar a la casilla número cinco. En ella había una gran  oca blanca muy bonita nadando en un rio. Iba a decirle algo,  cuando Tana la apremio.

-Que suerte has tenido Coletas –dijo, no te pares, ves por lo que yo quería el cinco; de oca a oca y tiras porque te toca, salta a la oca siguiente. Esta es una de las reglas de las que te hablo, las casillas de las ocas son buenas, te hacen correr más, pero no te confíes, también las hay malas.

-¿Tú crees que esta casilla es  buena? A mí no me gusta correr tanto Tana, yo prefiero ir más despacito -le grito Coletas, sofocada por las prisas y  dando un gran salto para alcanzar la siguiente oca. <<Casillas buenas y malas. ¿Quién lo habrá decidido?>> Continúo diciéndose a  ella misma, mientras se secaba el sudor de la frente.

-No te has enterado de nada –dijo Tana- bueno ya aprenderás  de todas formas vas ganándome.

-¿Ganándote? ¿Yo, a ti? Pero  yo no quiero ganarte, además, eso es imposible Tana, nadie puede ganarte -dijo Coletas, que cada vez entendía menos, pues nunca había competido con nadie. ¿Creí que  se trataba de llegar a la meta? ¿Qué más da quien llegue primero?

-Ja ja ja, se rio Tana, pensando que  Coletas solo quería consolarla.

<<Tirada para  Tana>>-dijo el ratón lanzando de nuevo el dado.

-Un cuatro…

Así se fueron sucediendo las jugadas, un dos, un cinco, de oca a oca…

-Mírame Tana estoy en París- gritaba Coletas desde la casilla de la Torre Eiffel-  ¡Cuanta nieve, que frio! -decía desde  unas montañas nevadas-

-¡Hola!  -saludaba Tana desde la playa- ¡Mira cuantos colores Coletas! –exclamaba desde un campo de tulipanes.

Coletas vio un pozo, y como tenia sed pensó que sería una muy buena casilla para caer,  así que cuando el ratón tenía el dado preparado en su turno -pensó <<un tres, un tres>>, que era lo que necesitaba. El ratón lanzó y el dado marcaba un tres, pero antes de poder expresar su alegría oyó a Tana decir:

– Coletas, has caído en el pozo. Esa es una casilla de las malas, ¡¡qué pena!!

-<<¿Mala? ¿Pena?>> -Pensó coletas- ¡quería caer en ella Tana! -exclamo- según las reglas del juego he tenido buena suerte,   me ha salido como yo quería ¿Por qué dices que es mala? ¿De qué te da pena?

-Porque no puedes salir hasta que no corran tres turnos.

-¡¡Qué bien!! –Exclamo- descansare un poco y me refrescare en este pozo tan bonito.

-<<No se entera de nada, se cree que es una casilla de las buenas>> -Pensó Tana-. Coletas así no es el juego, no estás de vacaciones, lo haces todo al revés -le dijo.

-¿Al revés?  Solo estoy jugando. No sé cuál es el revés y el derecho. ¿Acaso tú lo sabes?

-Tana se quedo un rato pensativa y exclamo;

– ¡¡Me gusta como juegas!!  También quiero caer  en el pozo. <<Que me toque un uno, que me toque un uno>> –dijo mirando al ratón.

– ¡¡Un uno para Tana!! -exclamó este. De un salto,  Tana se coloco junto a coletas en la casilla del pozo a descansar y contarse sus aventuras por las variadas casillas en las que habían caído durante el paseo.

-Ya llegaremos –dijo Tana-  Jugar al revés es muy divertido.

Jajajajaja- reían mientas tiraban de la cuerda del cubo que subía lleno de agua clara del pozo.

 

 

 

 

 

Sin conexión

Era un bonito día de primavera, Tana y Coletas caminaba con sus mochilas a la espalda dirección al río. Ese día Coletas le había propuesto a Tana ir hasta allí, porque era primavera, y los nenúfares y los juncos con sus lirios amarillos, adornaban el río poniéndolo especialmente bonito.  Además, los pájaros están muy cantarines añadido, sabiendo que a Tana le gustaba mucho oírlos.  Tana había accedido encantada; nunca había visitado el río en primavera.  Al llegar, pasearon por su orilla, había patos nadando en pareja como enamorados.  También vieron algunas tortugas tomando el sol en las piedras y a peces saltar fuera del agua. Los pájaros, que andaban muy ocupados haciendo sus nidos entre los juncos, árboles y matorrales de la orilla, volaban de un lado a otro sin parar con ramas en sus picos. Coletas, le presentó unas gallinas nadadoras, que vivían en el río, muy simpáticas.  Había tanta actividad, y tantas cosas que ver que se les paso la mañana sin darse cuenta.

―Este es un buen sitio para descansar y tomar el bocadillo ―dijo Coletas parándose bajo las ramas de un gran fresno.

―Sí, ahora que lo dices tengo hambre, con tantas cosas me he olvidado de comer ―dijo Tana.

las dos niñas extendieron una manta bajo las ramas del fresno, entre las que se colaban algunos rayitos de sol. Sacaron sus bocadillos y después de comer se tumbaron boca arriba.

―¿No te parece que este fresno está un poco triste?, Sus hojas no brillan, parece temblar ―dijo Tana― y cerrando los ojos; oyendo el trino de los pájaros, la brisa y el ruido del agua corriendo, se quedó dormida.

Una voz chillona sobresalió de entre los trinos de los pájaros.

―”¡Hola!”

―¿Quién me saluda?  ―dijo Tana, incorporándose a mirar.

―No es a ti ―dijo coletas―  es esa pequeña seta-―dijo señalando al tronco del árbol― está saludando al fresno.

―¿Una seta saludando a un árbol?,  debo estar soñando.

―Eso no importa, escucha ―dijo Coletas.

La seta tenía una voz chillona y alegre, era muy blanquita y pequeña, y hablaba desde una oquedad a media altura del tronco donde se había buscado su acomodo. Las dos niñas se escondieron para escuchar lo que decía.

―¡¡Holaaaaa!! ―volvió a gritar la seta esperando una respuesta. Soy el doctor.

―¡¡Lo que me faltaba una seta!!” ―exclamó el fresno muy bajito― ¿Qué enfermedad me traerá? Seguro que se me caen las hojas, y se secan mis ramas ―dijo el fresno temblando de miedo―. Mejor ni miro.

―No será para tanto señor fresno ―respondió la doctora seta― solo soy una setita de nada. Me han dicho que no te encuentras bien, cuéntame que ocurre por aquí.

―¿Acaso nos conocemos de algo?.  No hablo con desconocidos ―respondió el fresno muerto de miedo.

―Claro que nos conocemos,  nos hemos visto en la China y en Australia, en la Pampa y en hasta en Pekin…

―Creo que te está equivocando, yo nunca he estado en esos lugares ―dijo el árbol cortando el discurso de la parlanchina seta.

―Ja ja, no trates de engañarme, eres tú, te reconozco.  Viajo mucho, he recorrido el mundo entero, y en todos los lugares que he visitado estás tú.

―Estás confundida <<¡lo que me faltaba! una  seta loca, seguro que me pega la locura.  Debe ser de esas que provocan alucinaciones>> ―pensó―. Soy un fresno, un árbol de sombra y vivo en este río, nunca me he movido de aquí ―dijo enfadado.

―Jajajaja ―se río la seta― ¿Me estás gastando una broma?

―¿De qué te ríes? ―dijo el árbol en un alarde de valor y bastante molesto―  no tengo tiempo para bromas, tengo muchas preocupaciones  ―continuo diciendo enfadado.

―¿Preocupaciones? ―dijo la seta― ¿qué es eso?

―¿Acaso crees que cuidar de las ramas, y de  todas mis hojas es fácil? ―dijo el árbol.

―Sí, creo que es muy fácil, solo tienes que dejarlas bailar con el viento y refrescarse con el agua de la lluvia ―respondió la seta.

―Para bailes estoy yo ―dijo el árbol mirando para otro lado, pues,  había decidido acabar definitivamente con esa absurda conversación.

―Escúchame ― le volvió a decir la seta― ¿Hablas en serio? ¿Seguro que no eres un bromista? ¿De verdad no sabes lo grande que eres? ¿Acaso has perdido la memoria?

El árbol no contesto, se había tapado los oídos, no quería seguir escuchando. La doctora seta lo miró asombrada y se dijo así misma:

― ¡Ya sé, creo que lo tengo! me han hablado de casos muy extraños de pérdida de identidad por falta de memoria, pero nunca me había topado con uno. Parece un caso agudo. Qué interesante. Dejare que se tranquilice, prefiero asegurarme antes de intervenir.

Cuando al cavo del rato el fresno se destapó los oídos volvió a hablarle.

―¿Quieres que te cuente una cosa que sé sobre ti? ―dijo para picar su curiosidad.

―¿Qué puedes saber tú de mí que yo mismo no sepa? ―respondió el árbol

―Muchas cosas, vivo junto a tu raíz.

―¿Y qué sabes de mi raíz? ―preguntó con cierta curiosidad.

―Está conectada con todos los arboles del planeta, y es inmensa, estás por todos lados   de norte a sur y de este a oeste, por debajo de la superficie de la Tierra.  Está en la selva, en los oasis del desierto, en los bosques…

―No estoy conectado a nada, déjame trabajar, no estoy aquí de vacaciones, soy un árbol, te repito que tengo mucho trabajo y muchas preocupaciones ―dijo mirando de reojo, pues, aunque no quería reconocerlo le estaba empezando a interesar lo que contaba la seta.

―No tienes que preocuparte ―insistió la seta―  eres muy grande, eres cada uno de los árboles que crecen por todo el mundo. Lo que sale a la superficie no eres tú, es solo una pequeñísima parte de ti.

―Sí tengo que preocuparme, solo dices tonterías. Solo soy un  árbol. Estoy solo. ¿Acaso no lo ves? -dijo muy enfadado.

―Ahora vuelvo, creo que sé dónde está el problema, ―dijo la seta desapareciendo por el tronco.

―Donde ha ido? ―pregunto Tana muy bajito desde su escondite.

―Creo que está en las raíces operando.

Así era la seta se coló por el tronco hasta la raíz y vio que el árbol se había desconectado. Cogió la más gorda de sus raíces y la conecto.

Arriba, se hizo un gran silencio y empezaron a caer todas las hojas de sus ramas al suelo como si fuesen lágrimas.

―¿Le pasa algo? ―preguntó Tana asustada.

                ―Nada malo. Se acaba de conectar, ya no tiene miedo, ahora sabe quién es.

Como por arte de magia sus ramas empezaron a cubrirse otra vez de hojas, y rápidamente comenzaron a bailar con la brisa que repentinamente se levantó aquella tarde en la orilla del río.

―Problema solucionad ―dijo la seta asomando por el tronco. ¿Te encuentras mejor?

El árbol contesto con una inmensa sonrisa. la seta también sonrió.

―Creo que estás curado ―y diciendo esto desapareció.

Coletas fue a despertar a Tana.

―Tana despierta, es tarde.

Tana se levantó y dijo:

―Creo que me he dormido.

―¿Notas algo diferente? ―preguntó Coletas.

―Sí, noto como si el árbol estuviera mucho mejor, más luminoso, ya no parece temblar.

―Yo también me he dado cuenta. Se habrá curado mientras dormíamos ―dijo.

Se despidieron con un abrazo del árbol, agradeciéndole su buena compañía, recogieron todo y se pusieron en marcha de vuelta a casa charlando por el camino.

―Qué bien lo hemos pasado tenemos que volver otro día…

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Cómo salir al campo y traerte la cena a casa

Hoy hemos salido a explorar un camino. El Campo en esta fecha esta lleno de flores. Todo empezó muy bien;  que si mira que bonita la encina en flor, mira esta florecilla, que combinación de colores mas original tiene, y esta que pequeñita y dulce.  El objetivo de la cámara, se iba de una a otra sacando primeros planos, o  a un grupo grande formando una mancha de color sobre el suelo cubierto de verde hierba.  Todo muy emotivo y tierno hasta que empezaron a aparecer los espárragos bebes, Al principio,  con su permiso señora esparraguera , sera solo un momento, se aparta un poquito por favor, perdone las molestias, disculpe que le arrebate a su hijito.. ella no daba su permiso y se defendía con unas púas que pinchaban y picaban que no veas. Que si mira que mono, que si que gordito estas, ¿donde esta tu hermanito?, ah,   mira pero si son tres, al final a pisotón limpio apartando a la madre y tumbándola en el suelo con el pie encima para arrancarle a sus hijos. Me he sentido como el tío saca mantecas.  Un infanticidio en toda regla.

Paseo y reflexión

Os propongo un paseo para visitar lugares con leyenda. En todos los pueblo hay lugares con historias curiosas, solo hay que preguntar a los mas mayores o a los  estudiosos para conocerlas y visitarlos.

Hace dos años que estuve en  la cueva del Tio Chivero, y aun  sigue resonando en mi cabeza la vida de este señor que se negó a salir de  su cueva y vivió en ella en la década de los cuarenta y muchos. La excursión es bonita por ella misma pues  la cueva esta en un risco a media ladera de una sierra, y  las vistas desde allí son impresionantes.

Se accede pasando sobre unas piedras pegadas a la pared,  al doblarlas aparece la cueva.  Hay una piedra grande delante de la entrada, una sala en el centro con salida natural  de humos en el techo y dos habitáculos estrechos a los lados.

Sentados en la puerta de la cueva, con unas vistas increíbles delante, imaginamos la vida del Tio Chivero, y hablamos sobre el.

Sabemos que principalmente,  era   cabrero,  de hay su apodo Chivero.  Fue celebre,  y es recordado  por ir por detrás de su tiempo. Allí esta todo tal como  lo dejo. Nadie ha ocupado su lugar Se resistió a vivir en el pueblo y al progreso.   Tendría su Huerto donde el mismo cultivaba sus verduras. Cuando iba al pueblo cargaba su burra de jara y leña menuda que era la energía principal de entonces, y con la que funcionaban los hornos, y la  cambiaba en la panadería por pan para la semana. Era autónomo en todos los sentidos, y debía ser valiente y fuerte.  Tenia varias fuentes de ingresos, los chivos, la leche o el queso, verduras y patatas del huerto,  la leña de la jara del monte, ademas de lo que pudiera cazar.

Finalmente,  llegamos a la conclusión  de que fue un visionario,  como Julio Verne,  que puso el foco en la sombra del futuro;  y lo vio todo tan negro, que en lugar de adelantarse a su tiempo, el Tio Chivero, se quedo atrás.

 

 

 

 

Respinsar

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Recuerdo muy bien el día que aprendí a “respinsar”, me enseñó Coletas. Ella sabe muy bien lo que necesito en cada momento.

Aquella tarde llegué al jardín un poco nerviosa. Pronto me darían las notas de verano y no podía dejar de pensar en ello. Tenía muchas dudas sobre el examen de matemáticas que había hecho esa misma tarde. Eché un vistazo rápido buscando a Coletas, y, al no verla esperándome como de costumbre, la llamé poniendo las manos en la boca a modo de altavoz:

―¿Dónde estás, Coletas?

―Estoy aquí, Tana —me respondió muy tranquila desde su hamaca de rayas amarillas.

―¿Estabas dormida? Perdona si te he despertado —me disculpé.

―No me has despertado —me dijo―. Estaba “respinsando”.

―¿”Respinsando”? ¿Qué es eso?

―Juntar a Men con Res.

―Qué cosas tan raras dices; hazme un sitio —le dije acomodándome en la hamaca junto a ella―. Cuéntame, ¿qué es eso de juntar a Res con Men? No veo a nadie por aquí. ¿Quiénes son? ¿Las conozco? ―la interrogué dispuesta a averiguar qué era lo que quería contarme con esa nueva palabreja.

—Claro que las conoces, Tana —me dijo sonriendo―. ¿Jugamos a ver si lo adivinas?

― Sí. Dame pistas ―le respondí.

―Res es muy calladita, no hace ruido y trabaja en silencio hasta por la noche —explicó Coletas —. Men es muy activa; es como un torbellino, solo descansa cuando dormimos.  Ayuda mucho con las matemáticas, y con otras cosas. También distrae, hace llorar y reír…

―¿Y dices que las conozco? ―le pregunté extrañada.

―Sí; las conoces muy bien.

―¿Viven cerca de mi casa?

―Viven en tu casa, están siempre contigo.

―¿Son bichillos? ¿Como mosquitos, arañas o grillos? ―aventuré.

―Frío, frío.

―¿Cuántos años tienen?

―Los mismos que tú ―me dijo―, nacisteis el mismo día.

―¿Las veo todos los días?

―Son invisibles —me dijo muy misteriosa.

“¿Invisibles? Esto es demasiado”, pensé.

―Me rindo, Coletas. ¡¡Dímelo ya!! —dije poniendo las manos en alto—. Es tan misterioso que creo que no lo averiguaré en toda la tarde.

―Te lo diré; porque esta tarde te noto un poco despistada ―me dijo―.  Res, es la respiración y Men es la mente, esa que siempre está en el cuarto de los pensamientos atendiéndolos y escuchándolos. Respinsar, como la misma palabra dice, es llevar la mente a la respiración.

―Eso parece muy aburrido ―dije un poco desilusionada―. ¿Para qué sirve?

―Sirve para hacer descansar a Men. Atender pensamientos todo el día es muy trabajoso, sobre todos porque algunos son muy pesados y no sirven para nada.

―¿Y eso cómo se hace? —pregunté un poco harta de los pensamientos del examen de matemáticas.

―Al principio cuesta y parece aburrido, muchas veces Men vuelve al cuarto de los pensamientos porque no está acostumbrada a tanto silencio ―explicó Coletas―. Pero cuando se conocen, se escapa ella sola. A las dos les gusta estar juntas. Men se tranquiliza y descansa de tanta actividad.  Y Res se pone contenta, al fin y al cabo, a todos nos gusta que nos presten atención de vez en cuando.

Me animé a probarlo, total, estar pensando en que iba a suspender matemáticas tampoco era divertido.

Cerré los ojos, la mente estaba atendiendo pensamientos que no paraban de surgir “Seguro que suspendes”, “Tendrás que estudiar este verano”, “Creo que me equivoqué en el ejercicio segundo” …

Entonces, como me había explicado Coletas, saqué a la mente de la sala de los pensamientos de mi cabeza; cerré la puerta despacito y la llevé a mi respiración, donde no había charlas.

Sentí cómo entraba el aire fresquito de la tarde por mi nariz, cómo hinchaba mi barriga y mi pecho y cómo salía por la boca más caliente. Me fijé por lo menos cuatro veces y me sentí muy bien.

“Esto funciona”, pensé. Luego me concentré en relajar mis pies, sentí un hormigueo que subía por mis piernas y relajé también las manos.

No sé cuánto tiempo había pasado cuando Coletas me dijo bajito:

―Tana, ¿jugamos a algo?

Me olvidé por el resto de la tarde de la nota de matemáticas, que resultó ser bastante buena, y la pase jugando con Coletas a veo, veo, adivinanzas, subiendo a los arboles a por fruta… Ahora, muchas veces me sorprendo respinsando; en la parada del autobús, cuando camino, cuando me visto, o cuando espero a alguna amiga tardona. Como siempre, Coletas sabía lo que decía; no es nada aburrido eso de respinsar.

La receta

LA RECETA

 

-¿Dónde estás? –pregunto Tana  mirando a su alrededor.

– Estoy aquí  -contesto Coletas-.

Tana,  la encontró debajo de un gran naranjo   mirando al cielo. Era una tarde de primavera, hacia solo algunos minutos que  había caído un chaparrón. En el suelo  había   charcos. El aire estaba limpio y olía muy bien. 

 -¿Qué miras? -pregunto Tana corriendo a su lado. Quizás este viendo a un  pájaro hacer el nido  pensó-.  ¿Algún pájaro? -Le pregunto.

-No,  solo miro  las ramas de este naranjo, tienen una buena cosecha,  como todos los años.

-Se ve muy bonito – dijo Tana fijándose en  el cielo que asomaba detrás de las ramas-. Pero no veo las naranjas.

-Fíjate bien Tana, están  arropadas por las hojas.

Tana miro  con  atención,  y finalmente dijo:

-¡Ahora sí, ya las veo!, gracias por la pistilla Coletas. ¡Cuántas hay!  -exclamó  expresando  gran asombro-. Son del mismo verde que  la hoja, por eso no las podía ver,  ¡que pequeñas!

 – Ahora, tienen que engordar y cambiar de color. Es época de mucho trabajo para el árbol, por suerte,  luego tendrá sus vacaciones y podrá descansar – dijo Coletas.

-¡¡Vaya!! -Exclamo Tana-, No  sabía que los arboles trabajaban y tenían vacaciones.

 <<Así que, ahora estás trabajando – le dijo al naranjo muy bajito acercándose  a su tronco con curiosidad-,   pues no lo parece,   estas  muy tranquilo –pensó-.  Quizás trabaje por dentro  -se dijo-, y acerco  el oído al tronco   esperando oír algo parecido al  ruido  de maquinas,  cadenas o motores moviéndose.  Pero  para su sorpresa, oyó un murmullo. <<Parecen voces –dijo->>, y bastante más intrigada,  pego la oreja aún más

– ¡¡No puedo creerlo!! – exclamo  retirándose rápidamente-, ¡¡son quejas!!  <<Tanto trabajar, ¡qué gran injusticia!>>- escucho claramente.

Tana,  repuesta un poco del susto y la sorpresa,  comenzó  a darle  vueltas al tronco buscando la manera de  ver qué pasaba dentro. Miro por un agujerito que había a la altura de sus ojos, pero no vio nada, se subió a las ramas, desde  allí tampoco lograba ver.  Al fin,  encontró en el suelo muy cerca del tronco una rendija en la tierra. Agachada, metió el extremo de  una pajita por ella,  y miro  por el  otro  volviéndola en todas las direcciones.  Esto por fin  funciono. Lo veía claramente,  eran las raíces.  Bajo la tierra, se movían  de un lado a otro sin parar de trabajar, y quejándose todo el rato .  Por su derecha tres de ellas se quejaban del suelo.

 -No sé cómo vamos a hacer,  este año el suelo está fatal.

  -Hay muy pocos minerales.

 -¡Así no se puede! –Exclamaba la tercera-, esta muy duro.

Por la izquierda, otras tantas se quejaban del clima.

– Si  nos diera más el sol,

 -Si el aire no fuera tan frío.

 – Si lloviera un poco más.

– Si la lluvia fuese más fina…

 Se movían muy deprisa de un lado a otro,  incluso chocaban  y se hacían nudos.

– Perdona,  ya me quito -decía la del centro.

– Aquí hace falta un semáforo  -Opinaba otra de mal humor-, así no hay quien trabaje.

-Hay que ir con más cuidado. Tenéis que fijaros más – decía  una de las más gordas-, y  no  olvidéis lo más importante –dijo subiendo la voz-:   Seguir LA RECETA al pie de la letra – diciendo esto-,  señalo  hacia la base del tronco estirándose todo lo que pudo.

Tana, dirigió la pajita, no sin esfuerzo,  en la misma dirección, y vio un gran cartel  donde estaba escrita a fuego LA RECETA; En primer lugar los ingredientes con las cantidades exactas,  debajo las instrucciones, explicadas por orden  con todo detalle. Ahora sí que no entendía el motivo de tanta quejas. <<Solo tienen que seguir la receta, para hacer naranjas –pensó-,  parece fácil, entonces, ¿Por qué se quejan tanto? >>. Como era una niña muy curiosa,  decidió averiguarlo.

-Hola, ¿qué hacéis? Pregunto  a modo de saludo para romper el hielo.

-Lo que faltaba,  una curiosa -dijo la raíz más gorda -.  ¿Acaso  no lo ves?   Estamos trabajando. No nos distraigas podemos confundirnos con los cálculos.

-Y, ¿porque os quejáis tanto? ¿Cuál es el problema? ¿Necesitáis algo?

Una de las raíces de la derecha, le contesto muy amablemente.

-Lo que nos pasa, es que siempre tenemos mala suerte. Todos los años trabajamos para nada.  A nadie le gustan nuestras naranjas. Siempre se quedan colgadas en el árbol, y es muy pesado cargar con ellas. Dicen que  no son  dulces y que les falta jugo.  Ahora  tengo que trabajar – dijo mientras se alejaba murmurando-, siete gramos de potasio, 50 de magnesio.

-¿Habéis pensado en cambiar la receta? –Se atrevió Tana a preguntar-. A veces las recetas no están bien,  y hay que hacer cambios:   poner más de esto, menos de lo otro…

-Pero, ¿qué dices?  ¡¡Insensata!! -la interrumpió bruscamente de nuevo la  más gorda-. La receta  está bien y punto. ¡Faltaría más! ¡Qué desfachatez! –dijo bastante molesta y ofendida-. <<Qué locura, cambiar la receta, como se le ha podido ocurrir una cosa así>> -añadió hablando para ella misma-. Luego,  se paró un momento, <<tal vez –se dijo-, sería la solución>>, pero rápidamente cambio de opinión otra vez, << ni pensarlo,  no podemos correr riesgos,  ¿y si  sale peor? ¿Y si  lo perdemos todo? ¡¡No quiero ni pensarlo!!>>. Lárgate ya,  estas molestando -le grito a Tana-,  has conseguido que me enfade.

-Sí, ya me voy,  pero antes respóndeme una sola pregunta;  si no es la receta ¿Cuál crees que es la causa de que las naranjas no sean dulces y jugosas? – Volvió a preguntar Tana. (A ella,  por más que lo pensaba,  no se lo ocurría ninguna otra posible causa)

– Está clarísimo, niña preguntona, son  los demás, los de fuera,  nos quitan sol y agua, además nuestra tierra es más pobre que la suya,   y así no hay manera. Ahora déjanos, aquí dentro,  estamos muy ocupadas,  vete a otra parte, no puedes estar ahí todo el día,  nos estas tapando la entrada de aire.

Tana se levanto un poco mareada. A nadie le agrada escuchar tanto  grito y tanta queja. ¡Qué tardecita¡ –pensó-. ¿Dónde se habrá metido Coletas?

 

 

 

Flores

 

Flores, hay muchas flores.

El campo estos días está inundado de ellas, las hay de todos los colores, tamaños y formas. La flor del olivo,  la del durillo, el castaño de indias, de la retamas, las margaritas, el romero… mires donde mires hay flores, es un gran espectáculo pasear por el.  A todo el mundo le gustan las flores, creo que son los bebes de las plantas;   por eso, no es casualidad que me quede embobada mirándolas y sienta lo mismo que  cuando miro un bebe; algo así  como una mezcla de ternura,  asombro y alegría.  Cada árbol tiene su flor única, y dura poco tiempo, como una niñez.

 

 

Caminos del agua

 Los paseos del agua.

En estas fechas, me gusta andar  por los caminos del agua:  las cañadas, los arroyos, los ríos por donde corre, las albercas, las charcas donde descansa  y rebosa, las fuentes y manantiales, los pozos desde donde sube a la superficie, los aljibes naturales que la recogen, las acequias que la conducen, las cunetas de los caminos que les dejan su espacio.  En el campo el agua es libre, no viaja por tuberías escondidas, ni sale de los grifos,  ni se encuentra envasada en botellas de plástico.  Y tiene vida, como esa ranita que cogió mi hija en uno de nuestros paseos para hacerle la foto; y a su lado nace la yerba, y flores muy bonitas como el junquillo que en esta época  llenan las  cañadas. Hubo un tiempo, en que se usaba la energía del agua al correr , para moler el cereal y aún hoy podemos ver en las orillas de los arroyos muchos restos de molinos de grano donde los agricultores llevaban su cosecha a moler para hacer el pan. No hace tanto tiempo 55/60 años,  aún se lavaba la ropa en el rió. El tiempo va muy rápido últimamente, y no nos deja pensar  en que todos nosotros somos agua, mas o menos pura, mas o menos libres, que corre por la vida.

Por eso,  aunque hoy todos tenemos en casa agua corriente o domesticada, que nos resulta muy útil,   os recuerdo  que existe el agua  libre,  y desde aquí os animo a salir a encontraros con ella en su estado salvaje, a  seguir un arroyo, o buscar  una poza para bañarse cuando llegue el verano, o un charco para ver ranas y pájaros, buscar restos de molinos y lavaderos en las orillas.  Si vais con  niños os recomiendo llevar ropa de repuesto, sobre todo calcetines y zapatos.

La red primitiva.

La red primitiva.

Dicen que la cabra tira al monte, y  yo estoy empezando a pensar que tengo algo de cabra pues me pasa como a ella, siempre acabo en el  monte. Me encanta andar por los caminos de herradura de la sierra; en tiempos muy transitados,  algunos  casi perdidos y cubiertos de tanta vegetación,  que a  veces tengo la impresión de ir caminando por la selva. Hay tramos que conservan el empedrado que seguramente tendrían muchos de ellos en su origen. Mientras los recorro  no dejo de pensar, que esta red de caminos es el origen de las redes de comunicación actuales, pues por ella fluían personas, ideas y cosas. A menudo pasan por delante de las  casas de los campos, y no por casualidad. Me contaron que ello se debía, a que antiguamente cuando algún vecino iba al pueblo,  era muy corriente preguntar a los demás si necesitaban algo.  Me imagino que algunos enviaron cartas a las madres o las novias, otros pidieron  pescado “fresco” o pan tierno… Eran costumbres muy necesarias las de apoyarse y confiar unos en los otros, pues entonces  lo corriente era ir al pueblo cada mes o cada dos meses en bestias.  Para tener noticias del pueblo más frecuentemente,  y recibir  productos frescos, surgió en la red de caminos esta especie de  empresa de mensajería  gratis;  hoy por ti mañana por mi. Donde unas veces prestaban el servicio y otras lo recibían. 

Por otro lado no dejo de pensar; en que nuestra actual forma de comunicarnos y relacionarnos en la distancia, utilizamos cada vez menos la materia. Del  tangible camino empedrado y las bestia, que ya usaban los romanos,  hemos pasado, en muy poco tiempo, al móvil y las etéreas  ondas  ¿qué será lo próximo?

Y así, pensando y casi sin darnos cuenta, siempre acabamos en lo más alto.

A pesar de que el día era tormentoso y gris,  como corresponde a las fechas, las vistas eran preciosas, solo por ellas merece el esfuerzo de subir;  tengo que decir que en muchas ocasiones es considerable, pero se hace muy bien,  pues por el camino no dejas de ver y oír cosas tan asombrosas e interesantes que hacen que no notes el cansancio. Si además te gusta la  fotografía,  la naturaleza es perfecta para practicar esta afición. Ella te ofrece la posibilidad de hacer infinitas y preciosas fotografías de paisajes  como estas y seguramente mejores.

¡Pruébalo!

La primavera se asoma.

 

 

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Los almendros son los más impacientes y los  primeros que presienten la primavera;  enseguida sacan sus flores blancas. Durante el resto del año nos pasan totalmente desapercibidos, un árbol bastante simplón,  pero estos días destacan sobre el paisaje verde haciéndose visibles por muy escondidos o lejanos que estén. Salpican   las sierras y los caminos dando un toque de luz al ambiente,  que diría un decorador. Me recuerdan  a  los árboles de Navidad llenos de bombillas encendidas.

Además del toque luz  de los almendros, estos días son preciosos para pasear por el campo. El clima es el ideal, ni frió ni calor, “cero grados”, Las tardes van siendo más largas, el sol pasa más tiempo con nosotros y calienta, la brisa es fresquita y se agradece cuando estás haciendo ejercicio al aire libre.

Hoy Javier y yo subimos  a la sierra; buscábamos pinturas rupestres. Aunque no siempre las hay, nos gusta cuando descubrimos algunas como hoy,  y siempre nos merece la pena la subida, porque nos  encantan los lugares  donde se asentaban  nuestros  antepasados.  Todos tienen unas vistas asombrosas desde las terrazas que siempre presiden los abrigos y cuevas. En ellas, ademas de descansar  y tomar el sol, me imagino que   observando el valle,   recopilaban mucha información sobre  lo que pasaba en el. Sigo imaginando que en cada tribu existirían expertos con vista de lince, los cotillas oficiales o vigías encargados de mirar, a los que no se les escaparía ni un detalle;  cuantas reses había, donde comían o dormían, también quien se acercaba a su territorio, cuantos pasaban por el camino… No sabemos qué significan las rayas y símbolos que pintaban en los muros, ni quién sería el encargado de hacerlos, pero seguro que estaban muy organizados,  y que tenían muchos conocimientos y habilidades diferentes a los que tenemos en la actualidad, pero no menos importantes ni valiosos, pues gracias a ellos estamos hoy aquí y no nos hemos extinguido.  No me gusta verlos como personas atrasadas. Ellos conocían y sabían cosas que nosotros  desconocemos porque no las necesitamos hoy para sobrevivir.  Me gusta imaginarlos como hombres y mujeres fuertes, ágiles y rápidos, felices y divertidos. Me maravilla ver como hemos evolucionamos y me recuerda que aun  seguimos haciéndolo.

 


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