La Cabeza de Almagrera.

Hola, hoy subimos a la Cabeza de Almagrera, un cerro cerca de Cabeza del Buey. Esta  aislado de la sierra, solo en la llanura de la serena con muy buenas vistas sobre Cabeza del Buey, La Serena y las sierras. La subida es muy pronunciada, pero merece la pena pasear por el.  El nombre del cerro lo toma de una mina de almagro que ya  explotaban los romanos en tiempos,  e incluso civilizaciones anteriores a ellos. Este oxido se empleaba en la prehistoria para decorar, y hacer simbolos en las paredes de los numerosos abrigos y cuevas, que existen en estas sierras los cuales  hoy perduran. En esta zona se utilizo además de en la construcción y en la alfarería, para marcar los numerosos  rebaños de ovejas que pastaban en la llana y extensa Serena. Hoy uno de los llanos de su cima lo tienen enmoquetados los practicantes del parapente para despegar y  aterrizar en el.

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Paseo por la Sierra de la Moraleja.

Hola seguimos con  las presentaciones de los paseos por extremadura. En esta ocasión hemos visitado la Sierra de la moraleja estribaciones de Sierra Morena, y hemos fotografiado las pinturas de los carros que dejaron en sus abrigos los Tartesos allá por la edad del bronce. La subida es fuerte, pero merece la pena llegar a lo alto de la sierra para ver los aljibes y disfrutar de las vistas. Desde allí se observa la confluencia de los ríos Guadalmez y Zújar formando la cola del pantano de la serena, uno de los más grandes de Europa.

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Visita al Cerro del Pez.

El invierno, es una buena estación para trastear por los cerros extremeños, disfrutar de los paisajes naturales y los restos de la historia que albergan. En esta ocasión paseamos por el cerro del pez.  En este enlace os dejo fotografías y comentarios del paseo para que os animéis a  visitarnos.

Si deseas mas información, buscala en la pestaña rutas de este blog.

Espero que os guste.

 

 

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Embalse de la serena. Ruta viajaraextremadura.es

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Extremadura, historia y naturaleza.

.-El puente mucha  historia en plena naturaleza.

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Alcantara significa “el puente” en árabe, y es   así como llamamos en nuestros días  al puente romano diseñado por el ingeniero  Cayo Julio Lacer, en honor al emperador  Trajano en los años 104-106 d.c.,   que cruza el río Tajo por la provincia de Cáceres muy cerca de la frontera con Portugal.

Si pudiera hablar nos contaría miles de historias y batallas , pues es uno de los únicos puentes que se han usado ininterrumpidamente desde su construcción hace 2000 años, y es una de las  obras públicas más impresionante   que nos dejó  el Imperio Romano. Fué construido concienzudamente, como acostumbraban a hacer los romanos las obras públicas,  y una inscripción en el dintel del templo, donde está enterrado Cayo Julio Lacer, su ingeniero, situado en la margen izquierda del puente,   que reza,  “este puente durará mientras dure el mundo”,  deja clara su intención de hacer  las cosas bien.

Ni que decir tiene que ha sido destruido en varias ocasiones por motivos de diferentes disputas y guerras . La última reparación fue realizada durante el reinado de Isabel II hace más de 150 años.

Fue una gran fuente de ingresos cuando se cobraba el portazgo o peaje que diríamos ahora. Perteneció a Orden de Calatrava y luego pasó a la de Alcántara. En la actualidad es gratuito, y aunque está en proyecto su construcción, en la actualidad no  existe otra alternativa para cruzar el río en ese punto.

.-Iluminación 

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Este puente además de al pueblo de Alcántara que creció junto al él , da nombre  a la orden religiosa de Alcántara, afincada en el pueblo (convento de San Benito,  Alcántara) y  encargada de su defensa, y por último, también  al  Bronce de Alcántara,   placa en bronce con inscripción en latín del año 104 a.c. hallada dentro del término municipal del pueblo y que recoge la rendición incondicional ante los romanos del pueblo indígena de los seanocos, que habitaban en el término y que se conserva en el Museo de Cáceres.

.-Alojamiento

Hospederia de Alcantara

En el pueblo de Alcántara entre otros muchos edificios significativos que merecen ser visitados,  se encuentra este convento construido durante el siglo XV  que  fue usado posteriormente como molino de harina y   hoy convertido en hospedería por la Junta de Extremadura.  Un sitio precioso para alojarse  o comer en la visita a esta preciosa comarca. Como curiosidad en la hospedería fuimos atendidos  por un camarero, con la titulación de ingeniero de obras públicas, que ni decir tiene que nos atendió perfectamente y contesto a todas nuestras preguntas con mucho agrado y acierto.

.-Baño y senderismo en plena naturaleza.

Playa cantera

A seiscientos metros del puente,  río arriba, en el año 1969 construyeron la  presa del embalse de Alcántara, que trajo dos    beneficios colaterales:

Uno  al pueblo, dejándole  unas preciosas piscinas naturales que surgieron de la cantera que se excavó para extraer la grava y piedras  empleada en la  construcción  de la presa . Precioso lugar para visitar, y si el tiempo acompaña, para darse un baño en sus aguas de manantial, después de pasear por los  preciosos senderos habilitados por todo el parque, que  recorren la ribera del río, el pueblo y sus alrededores donde, de los que encontraremos detallada información en el Centro de Interpretación del Parque Natural  Tajo Internacional.

El segundo  al propio puente, pues al secar el cauce del río durante las obras,  descubrieron daños en uno de sus pilares procediendo  a su reparación y refuerzo.

.-La industria.

Central electrica

Vistas de la central eléctrica ubicada en la presa de Alcántara de propiedad privada.

5 claves para disfrutar de la naturaleza.

Parada. Ruta viajaraextremadura.es

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5 claves para disfrutar de la naturaleza.

Una salida al campo es siempre agradable y beneficiosa. Vuelves lleno de aire puro, relajado, sereno y con un cansancio distinto al que te produce un día cualquiera en  la ciudad.  

He observado, que muchas veces salimos al campo y por inercia seguimos haciendo lo mismo que hacemos en la ciudad, hablamos,  reímos, comemos, bebemos solo cambia el escenario, nuestra actividad es la misma.  Sea por esa inercia o por desconocimiento menospreciamos el escenario en el que nos encontramos y desaprovechamos, quizás porque no lo sabemos ver,  todo lo que nos ofrece.

Para que cuando decidáis  salir  al campo,  ya sea para hacer  senderismo,  o   una comida campestre,  o  de caza, pesca, o simplemente a pasear por un parque de tu ciudad,  os recomiendo estas  cinco claves que  practico y que  espero, que como a mi,    os hagan disfrutar aún más de vuestro día  en la Naturaleza. 

Dedica 15 minutos de tu tiempo en la naturaleza a:

1.- párate a sentir la tierra en tus pies, si puedes descálzate y pisa sobre la ella directamente, pisa hojas, hierba, siente la planta de tu pie en contacto con la tierra y mueve los dedos.

2.-  Párate a respirar  profundamente durante 2 minutos mirando al cielo con los brazos abiertos y los ojos cerrados sintiendo el aire entrar y salir.

3.- Préstale atención a las plantas, observa  sus formas, tocalas y huele , sorpréndete, míralas como una obra de arte, fíjate en el diseño de sus flores y sus hojas, admira la belleza y la perfección que hay en ellas.

4.-   Observa a los árboles el tacto de su corteza, la forma y disposición de sus hojas, sus ramas saliendo del tronco,  la copa, su silueta, imagina las raíces bajo la tierra. Mira al cielo a través de sus ramas, oye el viento pasar entre sus hojas.

5.- siente el viento rozar tu cara y  escucha los sonidos que te  trae, algunos te sonarán muy lejanos y otros como el canto de los pájaros o el sonido de sus alas te harán buscarlos entre las ramas de los árboles o en el cielo. Míralos como si estuvieses viendo un milagro.

Espero que lo disfrutes tanto como yo.

La maestra

 

Flores

 

Esa mañana Tana y Coletas estaban en el arroyo.  Habían ido a coger moras a una zarza que crecía en su orilla y que todos llamaban la maestra.  El arroyo, que llevaba poca agua en esta época del  año,  bajaba  resbalando suavemente  por las piedras.  A sus  charcos se acercaban a beber  y a refrescarse, entre otros,  los gorriones que hacían  sus nidos  en las adelfas  y chopos  de las orillas. Las niñas llevaban un sombrero de paja para protegerse del sol de la mañana y una lata con una cuerda  colgada del cuello,  que caía a la altura de la cintura, para recoger las moras.

-No te muevas –dijo Coletas- mira esos gorriones, se están revolcando en la arena para limpiarse las plumas.

-Vaya forma de limpiarse, yo diría que se están ensuciando- dijo Tana muy bajito para no espantarlos.

-ja ja ja -rió Coletas -muchas veces las cosas no son lo que parecen Tana.

Los  gorriones se revolcaban en la arena junto a un charco del arroyo, y abrían las alas para que el polvo les llegara a todo el cuerpo. Después de darse un buen baño,  se colocaron las plumas con el pico, y bebieron  agua. Ahora estaban listos para empezar a buscar insectos.

-Vamos  Coletas. Si nos entretenemos tanto, no vamos a  recoger ni una mora – dijo Tana impaciente por comenzar.

Las dos niñas empezaron a buscar las  moras maduras  entre los tallos y las hojas   de la zarza  maestra.  Este año había crecido tanto que estaba sobre  una vecina adelfa cubriendo y arañando sus ramas, y a su vez la adelfa la empujaba con sus fuertes raíces bajo tierra rechazandola.

-Hay que tener cuidado con los pinchos,  siempre que venimos a por moras acabamos con tres o cuatro arañazos en las manos -decía  Tana mientras buscaba-. Cuánto ha crecido esta primavera, mira  esta pobre adelfa -añadió-, está ocupando su espacio.

– Fijate en esta otra,  a ella no la molesta –observó Coletas  señalando a   otra adelfa vecina de la zarza que lucía  muy frondosa y cubierta de flores rosas -¿Sabes porque Tana?

-No, pero seguro que tú si lo sabes Coletas- dijo Tana esperando una respuesta.

– Porque entre ellas hay paz y respeto  y entre estas otras hay conflicto y enfado.

-Pero si su vecina le pincha y le hace daño es muy difícil no enfadarse con ella, -dijo tana poniéndose claramente de parte de la pobre adelfa-  Es más sencillo querer a un jazmín que no pincha y te hace llegar su buen olor que a la antipática  zarza.  Me gustaría que la zarza no tuviese espinas Coletas,  así podría acercarme más a ella,  sus espinas la hacen muy huraña y antipática debería de….

-Eso es muy bonito Tana – la interrumpió Coletas de golpe  – pero no se pueden cambiar las plantas ni las personas para que sean como a ti te gustaría que fueran para quererlas.

-Pero si se quitase las espinas dejarían de pinchar y… al fin y al cavo las moras están muy ricas.

– La zarza se merece que la quieras de la misma forma que quieres  al jazmín.

-Pero ella pincha Coletas y el jazmín no – dijo Tana.

-No se trata de querer  sólo cuando nos agradan.  Lo importante y lo que debemos aprender para ser felices es   querer sin condiciones.

-No sería mejor que la zarza  no  pinche.

– Sí, quizás, a lo mejor, no lo sé, pero en todo caso,  eso es cosa suya, ¡digo yo!- exclamó Coletas -No somos tan listas como para saber cómo deberían  que ser las cosas -dijo retirando la mano al sentir  una  espina.

-Si no pincha sería  mucho más fácil, insistía Tana.

– ¿Te gustaría que tus padres pusieran condiciones para quererte?- preguntó Coletas.

-¿Condiciones? -respondió Tana preguntando de nuevo.

-Si, por ejemplo que te quisieran  a condición de que sólo trajeras buenas notas.

-¿Y si suspendo?- pregunto Tana sin parar de coger moras a pares.

-Entonces no te querrían -le respondió Coletas.

-No, eso no me gusta nada -Dijo Tana mirándola.

-A la zarza tampoco -le respondió  su amiga Coletas estirando el brazo y guardando el equilibrio para alcanzar  tres moras gordas que crecían  juntas.

Después de esta charla Tana se quedó unos minutos mirando a la bella adelfa llena de flores.

-¿Que hizo esta  adelfa para quererla siempre y vivir en paz? – preguntó a Coletas sin dejar de mirarla

-Perdonar.- Le respondió Coletas.

-¿Pero cómo Coletas? Quiero perdonar, quiero amarla ¿Que tengo que hacer? -insistió Tana impaciente esperando la respuesta.

– En realidad no tienes que hacer nada.  No intentes cambiarla, dejala ser, no la juzgues, deja de rechazarla. Sólo asi ella sabra que la has perdonado de corazón.  que la amas y, milagrosamente, aparecerá  la paz. Pero si no perdonas no se cansará nunca de pincharte, es muy pesada, no se cansa, como las buenas maestras  no parará  hasta que aprendas a perdonar.

– ¿Aprenderé?

-Felizmente si,  no te quedará otro remedio Tana -respondió Coletas.

– Este año va a salir muy buena la mermelada Coletas -dijo Tana dirigiéndose a casa-. Me lo dice el corazón.

El sueño reparador

Muñeco  entre olivos

Coletas, hoy he tenido un sueño muy extraño -dijo Tana-. Ayer me acosté enfadada con mi amiga Lolita, discutimos jugando a la tanga por una tontería.

-¿Y qué has soñado? -pregunto Coletas-. Cuéntamelo, sabes que me encantan los sueños.

-No me acuerdo muy bien, estoy tratando de recordarlo- dijo Tana-. Pero recuerdo que aparecía Lolita.

-Cierra los ojos y quédate en silencio, así es más fácil recordar los sueños –le recomendó Coletas.

-Ya me acuerdo Coletas –dijo Tana al cabo de unos minutos.

Coletas, que se había alejado un poco, y  esperaba impaciente paseando se acercó corriendo.

-Cuéntamelo antes de que se te vuelva a escapar Tana –le dijo impaciente tirando de ella hacia uno de los bancos de la fuente.

Sentadas en el banco Tana comenzó su relato.

-Me desperté temprano en mi cama, era domingo, y como todos los domingos me vestí y salí a la calle para comprar el pan y los churros del desayuno. Como siempre, me acompañaba mi perro. Bajaba la cuesta de mi casa a la plaza corriendo, llevaba  zapatillas azules y pantalones vaqueros con la camiseta roja de punto que me hizo mi madre.

-¿Esa que me gusta tanto a mí que tiene un bolsillo? Interrumpió Coletas.

-Sí, esa.

-Vale,  es  para imaginármelo mejor. Sigue contando.

– Ahora viene lo gordo -continuó Tana-. No me crucé a nadie por el camino,  pero al llegar a la churrería estaba el churrero de espalda friendo lo churros y al darse la vuelta para preguntarme cuántos quería, me vi en él.

-No entiendo Tana.

-Pues eso, que el churrero era yo, tenía mi cara, mi tamaño, mi pelo… Hasta llevaba puesta la misma ropa. Imagínate el susto que me di, pegué un brinco para atrás, que casi me caigo.

-¿Y qué pasó?

-Él  me habló como todos los domingos, como si nada pasara  y me dio los churros. Yo no le dije nada de lo que me estaba pasando y cogí los churros disimulando. Entonces decidí entrar en la plaza para comprar unas manzanas y me di cuenta que me pasaba lo mismo con todas las personas que me cruzaba.  El frutero y todas las personas que había dentro del mercado comprando, el carnicero, los hortelanos… todos eran yo. Mi cuerpo estaba multiplicado, tenía cinco personas delante de mí en la cola de la fruta todas con mi cuerpo y con mi ropa. Estaba repetida en cada una de las personas que había en la plaza.

-¡¡Vaya sueño Tana!! -exclamó Coletas-. ¿Pero todas hablaban como tú?

-No eso no, sólo tenían mi forma,  la voz y las cosas que decían eran diferentes.

-¿Y qué hiciste?

-No pude decir nada sólo miraba y disimulaba, no me atrevía a preguntar ni a hablar con nadie. Compré las manzanas y me fui a casa. Por el camino me encontré otra vez conmigo

-Hola -me dije-. ¿Dónde vas tan deprisa que ni siquiera saludas?

-Es que no sé quién eres -respondí.

-¿Estás de broma? Soy Lolita.

– Ahora sí, claro. -“que lío” pensé “como le cuento lo que me está pasando, no va a creerme”.

-Te acompaño a casa -me dije- te veo muy rara. ¿Aún estas enfadada conmigo por lo de ayer?

La mire a mi cara y pensé “¿Enfadada contigo? ¿Enfadada conmigo? ¿Con quién estoy enfadada?” Entonces empezó a darme vueltas la cabeza,  sentí un mareo muy grande y me desperté.  Lo más curioso es que en la  cocina,  encima de la mesa estaban los churros y las manzanas que compre en el sueño.

-¿Te comiste los churros? Pregunto Coletas intrigada

-Si

-¿Y aún sigues enfadada con Lolita?  Volvió a preguntar.

-No, me he perdonado. Se lo tengo que decir. Tengo ganas de abrazarla -dijo Tana levantándose del banco para buscar a su amiga Lolita y darle un abrazo fuerte.

 

 

El ciruelo juguetón

Alberca. Ruta viajaraextremadura.es

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Eran mediados de Agosto. Tana y Coletas paseaban por el camino que llevaba a la huerta. A las dos orillas crecían frutales con una buena cosecha; había peras de San Juan, ciruelas, higos y manzanas.

Cada una llevaba colgada de su brazo una cesta en la que recogían la fruta más madura para hacer mermelada.

-Mira ésta,  le ha picado un pájaro -dijo Tana.

-Esa es buena échala a la cesta, los pájaros no pican cualquier cosa, son expertos en frutas, y ten cuidado con  las que están en el suelo, no las pises, son las mejores Tana -dijo Coletas.

-¿Por qué son las mejores? -preguntó Tana agachándose a recoger una del suelo y limpiándola con un pañuelo antes de colocarla en la cesta.

-El árbol la deja caer cuando están en su punto de maduración perfecto.

-Que malo el árbol Coletas, las echa de casa  cuando son maduras -dijo Tana riendo- pobrecillas, que susto se darán con el porrazo -añadió Tana imaginando la ciruela caer del árbol gritando.

-Jajaja -rió Coletas con la ocurrencia de Tana.

-¿Te imaginas -continuó Tana- al ciruelo diciendo?: “Os comunico que ha llegado la hora de ir desocupando las ramas.  Ya sois lo suficientemente mayorcitas para vivir por vuestra cuenta”.

Hablando de estas cosas y riendo llegaron a un ciruelo muy extraño.

-Coletas, ¿qué le pasa a este árbol? – preguntó Tana dando vueltas a un ciruelo- Aún tiene flores,  algunas de sus ciruelas acaban de nacer, otras están verdes y aquí las hay maduras a punto de caer.

-Jajaja -rió Coletas-. Este es un  ciruelo  juguetón -dijo acercándose a él-.  Es un tipo de árbol muy especial. Se cuenta que estaba muy aburrido de hacer siempre lo mismo en las mismas fechas y decidió hacer las cosas de otra manera diferente. Él no dirige la cosecha como los demás, ahora sólo  interviene cuando se lo piden. Mientras no se lo pidan, se limita a observar lo que pasa en sus ramas. Mantiene todo  listo para que sean las ciruelas las que decidan libremente.  Respeta sus deseos y las deja nacer cuando ellas quieren para que así  conozcan otras estaciones y tengan otras experiencias. Por eso cada una está en  un periodo de crecimiento diferente, el que ellas han elegido. Van por libre.

-¡Qué jaleo! -dijo Tana.

Del árbol salían miles de conversaciones, todas opinaban: “yo sé lo que hay que hacer, seguidme…”, “la razón la tengo yo…”, “te lo dije…-“, “¿y si…?”, “a mí me parece…”, “yo creo que…”, “deberías  tener cuidado con esto…”, “yo pienso que…”, “eso está mal deberías haber…”, “lo sabía…”,  y  miles de frases parecidas.

Tana siguió dando vueltas al ciruelo mirándolo con asombro.

-Esto sí que es curioso -pensaba.

¿Qué miras tanto niña? – le dijo una ciruela verde que colgaba de una rama algo molesta.

-Hola  -dijo. – ¿Cómo estás? ¿Cómo es que aún no has madurado? Va a llegar el frío.

-No ha llovido lo suficiente,  además esa otra ciruela me ha quitado mucho sol,  eso es una injusticia, unas tanto y otras tan poco, así no se puede,  con este calor no hay quien crezca,  necesito agua… -se lamentaba sin parar la ciruela.

Coletas se alejó de ella dejándola con su retahíla de quejas y lamentos. “¿Para qué le habré preguntado?” Se dijo. “Le preguntaré a una madura -continuó  Tana diciéndose a sí misma-, quizás me cuente algo más interesante”.

-Hola,   que bien estás, tienes un color precioso, dan ganas de darte un bocado -le dijo Tana a la siguiente ciruela.

-Gracias -respondió la ciruela sonriendo.

“Esto pinta mejor”, pensó Tana.

-¿Cómo has conseguido madurar si casi todas tus compañeras están verdes aún?

-Al principio a mi me pasaba lo mismo, pero he aprendido algo. Pasé mucho tiempo como ellas quejándome de la lluvia, el aire, la falta de sol, el frío, creí que era eso lo que no me dejaba crecer, me sentía muy desgraciada y malhumorada casi todo el tiempo, culpaba a las demás,  sobre todo a las más maduras,  las veía muy malas, ellas me estaban quitando lo que yo necesitaba. No podía imaginar que todo era cosa mía. Un año, después de muchos quedándome  sin madurar,  entendí que no sabía nada, y le pedí ayuda  al “Gran Tronco”. Le dije  que me mandara una señal para nacer, estuve muy atenta a ella, olvidé todo lo que creía saber, reconocí que no me había servido de nada, vacié  mi mente,  y… milagrosamente  surgí  en el lugar y en el momento correcto, ahora todo está bien. Sólo tuve que pedir ayuda y confiar.

-¿No te dan pena tus compañeras? Algunas caen  jóvenes sin madurar e incluso cuando son sólo flores.

-No, ellas también van a aprender, sólo están experimentando. Cada una madura cuando llega su hora, todas aprenderemos y nuestro árbol  volverá  a dar los mejores frutos cada temporada. Es inevitable.

-¿Cuándo llegará? ¿Va a tardar mucho tiempo? -preguntó Tana.

-Todo el que necesitemos.

Las margaritas.

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-Hola Coletas- dijo Tana cruzando la puerta con un cuaderno de pintura y lápices de colores en las manos -, ¿pintamos?

-Vale- dijo Coletas-, vamos a los bancos de la fuente, ese es un buen sitio para pintar.

La dos niñas se dirigieron a los bancos repartiéndose los colores y al llegar, se pusieron de rodillas en la hierba, apoyando los brazos sobre el banco, y colocaron los lápices y el cuaderno en él.

-Toma una hoja Coletas, voy a pintar estas margaritas -dijo Tana, señalando un grupo de margaritas que crecían en el suelo, frente al banco.

-Yo voy a pintar esas nubes blancas -dijo Coletas mirando al cielo.

Después de un rato pintando muy animadas, Coletas, dijo  orgullosa, mirando su dibujo.

-Ya he terminado.

– Yo aún no -dijo Tana.

– ¿Por qué borras tantas veces? Así nunca vas a terminar –dijo Coletas mirando a Tana borrar.

– Me da pena  esta margarita, Coletas, la  estoy pintando por cuarta vez -dijo ésta.

-A mi me parece que está muy bien, ¿qué le pasa? ¿Preguntó Coletas?

-Le falta algo.

-Pero si está muy bien.

-Sí, pero no es como las demás, ¿ves su tallo? Es mas corto -dijo Tana.

– ¿Y?

-Los pétalos,  son más estrechos que los de las demás.

-Yo la veo muy bien, Tana -dijo Coletas.

-Pero, no es tan bonita -insistía Tana-, a ésta le falta algo.

-El que no sean iguales no quiere decir que le falte algo.  No  existen dos margaritas iguales, ¿quieres que lo comprobemos? – dijo Coletas.

Las dos se agacharon frente a las margaritas, para ver de cerca todos los detalles. Ésta es más grande, ésta más pequeña, ésta tiene el tallo más grueso, ésta otra tiene las hojas de su tallo más arriba o más abajo… Después de un rato largo Tana se convenció de que no había ninguna igual a otra. Fue divertido comprobarlo. Fueron mirando una por una y  todas parecían estar muy contentas con sus pétalos, sus tallos y sus hojas, reían, hablaban y bailaban sin parar como si estuviesen en una gran fiesta.

-¿Ves Tana? Todas las flores que ves son diferentes y todas están bien.

– ¿No les importa ser más feas o bajitas? – Preguntó Tana.

– No – dijo Coletas -.En el mundo de las margaritas, conocen un secreto. ¿Quieres saberlo? -añadió susurrándole al oído.

-Si, Coletas, dímelo pronto -dijo Tana impaciente.

-Saben lo  que son,  y no son lo que parecen.

-¡¡Vaya!! No entiendo nada Coletas, que secreto tan extraño -exclamó Tana decepcionada -. A mi me parece que son flores margaritas.

-Eso parece Tana, pero ya sabes;  no son lo que parecen.

-No son flores ¿y que pueden ser?;  ¿pájaros? -dijo Tana moviendo los brazos como si fueran alas.

-No, tampoco.

-¿Peces amarillos, ratones, insectos, sapos, cucarachas…?-continuó Tana impaciente.

-No Tana, vas muy despistada, lo que son  no se puede ver – respondió Coletas-. A simple vista,  te parecen  flores individuales, por eso tu las comparas, pero no es así, y ellas lo saben.  No les importa la forma que tenga cada flor, porque saben que ellas no son la flor,  ni las raíces, ni las hojas, ni  los tallos…  Son la única vida  disfrazada de planta de margarita.

-¡¡Ellas no son una flor!! -exclamó  Tana- Ahora lo entiendo: Saben lo que son y no son lo que parecen – entonces,  volviendo a mirar  su dibujo-. ¡Está perfecto, que secreto tan bonito!

“Soy la vida disfrazada de Tana”, le dijo a su madre esa noche antes de ir  a dormir.


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